A la espera del informe católico de 2026 sobre abuso sexual del clero
A la espera del informe católico de 2026 sobre abuso sexual del clero

Rodolfo Soriano-Núñez

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¿Por qué Venite ad Me desestima el papel del abuso en la capacidad de la Iglesia Católica para crecer y sostenerse?

Esto resulta aún más claro pues la evidencia de los efectos negativos del abuso en la confianza hacia la Iglesia Católica es fácil de encontrar en todo el mundo.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

El jueves 22 de octubre, días antes de la presentación del informe de 2026 de Tutela Minorum, la entidad creada por el papa Francisco para abordar la crisis de abuso sexual del clero en la Iglesia católica, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF), donde se ubica Tutela dentro de la estructura vaticana, publicó un extenso documento que trata sobre la “transmisión de la fe en un cambio de época”.

Según la práctica del Vaticano, el título del documento Venite ad Me proviene del original en latín y hace referencia a un pasaje del Evangelio de Mateo (11:28) donde Jesús ofrece su abrazo como una oportunidad para descansar y recuperar energías, un llamado a "ir a él". La Iglesia Católica usa este pasaje para presentarse como un puente que conduce a Cristo, en especial al promover el trabajo misionero y catequético.

Curiosamente, a pesar de la abrumadora evidencia sobre los efectos negativos que la crisis de abuso sexual ha tenido en ese proceso, Venite ad Me no se refiere de manera clara al abuso sexual del clero ni a cómo las misiones, la catequesis y otras actividades relacionadas con la transmisión de la fe son espacios donde el abuso ocurre con frecuencia, queda impune y, debido a ello, deja una huella indeleble de confianza rota en la experiencia compartida de muchas comunidades.

Basta con mirar la crisis en curso en Bolivia, donde la misión jesuita en Cochabamba se convirtió en el escenario de abusos sexuales a gran escala, ya que miembros de la Compañía de Jesús con un historial conocido de abusos en España y otros países europeos eran enviados a Bolivia, todavía a principios de este siglo, donde pudieron abusar durante décadas de algunos de los miembros más vulnerables de las comunidades rurales.

Basta prestar atención a lo que las redes bolivianas de sobrevivientes publican en redes sociales, para percibir la magnitud del daño causado a personas, muchas de ellas cuando eran menores de edad, así como los efectos sociales más amplios que el abuso tiene en la capacidad de construir capital social, confianza, el “cemento” que mantiene a las sociedades resilientes, capaces de movilizar recursos y enfrentar desafíos.

Para ser claros, Venite ad Me no rechaza la dura realidad que enfrenta la práctica religiosa en el siglo XXI. Cuando se le compara con otros documentos emitidos en diferentes momentos por dependencias del Vaticano, por los papas mismos o por las conferencias episcopales continentales, como el llamado documento de Santo Domingo de 1992, Venite ad Me plantea preguntas sobre el futuro de la Iglesia Católica, en lugar de regurgitar la supuesta superioridad de la teología católica, como era común hacerlo durante la segunda mitad del pontificado de Juan Pablo II.

Incluso si evita un enfoque cuantitativo sobre el tema, tal vez debido a lo dispares que son las bases de datos de Europa y América del Norte en comparación con las de América Latina, África y Asia, el documento parece ser consciente de que la Iglesia Católica, como otras iglesias cristianas, anda con la “reserva del tanque”.

Esta disminución ha sido minuciosamente documentada en Estados Unidos y Canadá por sus complejísimas General Social Survey y sondeos regulares, como en el caso de los del Pew Research Center en Estados Unidos o el Angus Reid Institute en Canadá.

El patrón es más severo en amplias zonas de Europa, donde la práctica religiosa es ya algo cercano a una anomalía, según lo documenta la Encuesta Social Europea o los datos para la región en la Encuesta Mundial de Valores. En Europa, la práctica religiosa es hoy en día algo tan raro que vuelve a ser noticia, como demostró el texto enlazado arriba en 2025, con datos del Reino Unido y Francia.

Incluso América Latina sigue la tendencia de templos vacíos. Como se documentó en entregas previas de esta serie, enlazadas antes y después de este párrafo, el cambio no es a una conversión masiva al protestantismo u otras religiones, sino una transición hacia un número creciente de personas que se dicen ajenos a una afiliación religiosa, aunque no necesariamente ateos.

Secularización, de nuevo

Las cifras son lo tan sombrías como para desafiar el trabajo académico del fallecido sacerdote católico y sociólogo Andrew Greeley sobre las excepciones a la “teoría de la secularización”, el paradigma dominante para entender el papel de la religión en la vida pública, pero también el supuesto de políticas de gobiernos en América Latina, que justificaban en esa teoría sus prejuicios anticatólicos.

Si bien las predicciones marxistas de secularización de fines del siglo XIX nunca se materializaron, amplias porciones de sociedades antes católicas y/o cristianas en Occidente y América Latina (el “Extremo Occidente”, como el diplomático francés Alain Rouquié llamó a la región a fines del siglo XX), son ahora, al menos, religiosamente no afiliadas, y la práctica religiosa es una mezcla caótica de tradiciones, donde la afiliación no puede interpretarse de la manera en que se hacía desde finales del siglo XVII hasta principios del XX.

Donde los escritos de Greeley son tan relevantes como lo eran en los noventa, es cuando describe la actitud despectiva de muchos obispos que, ya entonces, no reconocían lo que sucedía y apostaban, como otros líderes de iglesias cristianas, a la vaga idea de que “sólo las congregaciones conservadoras crecen”.

Si bien no hay una “prueba definitiva” que vincule el abuso con la incapacidad de la Iglesia Católica para sostenerse, incluso la evaluación más optimista de los efectos de la crisis de abuso debería reconocer que el abuso y los encubrimientos dañan gravemente la capacidad de cualquier organización religiosa para promover la confianza en su habilidad para educar y nutrir la práctica religiosa.

Venite ad Me incluye referencias a la palabra abuso. Más si uno lee lenguas romances. En las versiones en español, francés, italiano y portugués, abuso aparece en los párrafos 16 y 56. Sin embargo, en las traducciones al alemán y al inglés, la única referencia explícita ocurre en el párrafo 16, que trata sobre el uso indebido del poder político y religioso. El párrafo dice:

  • 16. No es de extrañar, pues, que una predicación así, mientras conquista fácilmente el corazón de la gente sencilla, que la siente tan cercana y familiar, desconcierte y, en cierta medida, inquiete a quienes ostentan el poder político y religioso del momento. Es como una luz capaz de poner de manifiesto todo posible uso y abuso de ese poder: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mt 20,25-26); «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables!» (Lc 11,46).
Segundo de derecha a izquierda, el entonces arzobispo Fernández sostiene un folleto durante el consistorio en el que él y otros 20 prelados fueron creados cardenales por el papa Francisco en 2023. Ver la nota final para el crédito de la fotografía.

¿Traductor traidor?

La discrepancia clave ocurre en el párrafo 56. Mientras que las versiones en español, francés, italiano y portugués citan explícitamente el “abuso” junto al individualismo y otros males modernos, la versión en inglés habla de “dominación” (domination), mientras que la traducción al alemán opta por “Übergriffigkeit”, más cercano a la intromisión o violación de límites que a “Missbrauch”, la forma más común de hablar de abuso en alemán, la utilizada en el párrafo 16.

La versión al español del párrafo 56 dice:

  • 56. La tendencia de esta cultura inédita parece consistir en la exaltación de la “soberanía del yo”, que pretende sentirse autónomo y libre para gestionar todos los aspectos de su propia existencia, sometiendo a sus propias necesidades a los demás seres humanos y a la misma realidad que le rodea. Se trata de la difusión de un individualismo cada vez más acentuado, que genera separación, división, envidia, celos, abuso de poder, narcisismo y egolatría.

Nada así ocurre en español, francés, italiano, o portugués. Dados los equipos de traducción del Vaticano, con personal capacitado y hablantes nativos, esta elección plantea preguntas: ¿por qué suavizar u omitir el término específico “abuse” en inglés o “Missbrauch” en alemán? Esto es notable dado que el alemán y el inglés son idiomas clave para los debates teológicos (alemán) y sociológicos (inglés) contemporáneos sobre los intentos de la Iglesia Católica de reformarse a sí misma.

Curiosamente, lo que hace Venite ad Me es lo opuesto a lo que los medios del Vaticano han hecho con la crisis de abuso sexual. Como probó el texto enlazado después de este párrafo, las comunicaciones del Vaticano en inglés suelen ser más agudas, con un matiz de enfoques basados en evidencia, lo opuesto a lo que suele suceder en las lenguas romances, más preocupadas por otros asuntos.

En esta ocasión, las versiones en las lenguas germánicas son las afectadas por decisiones editoriales reñidas con la necesidad de abordar el problema clave: el abuso sexual destroza la confianza en las instituciones y las prácticas religiosas.

A diferencia de algunas declaraciones que se encuentran hoy en día de obispos en Estados Unidos y Francia, entre otros países, que elogian una reciente ola en el bautismo de adultos, algunos de ellos con cierta notoriedad pública, Venite ad Me advierte contra apostar por tales conversiones.

El riesgo de apostar por las conversiones

La sostenibilidad del modelo ha sido cuestionada por los frecuentes enfrentamientos entre algunos de los conversos de alto perfil que desafían la autoridad del papa reinante. Uno notable fue el intento del vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, de “educar” al papa Francisco sobre la noción de Ordo Amoris para apoyar las inhumanas políticas migratorias de Donald Trump, como relató el texto enlazado a continuación en 2025.

Como señala Claire Giangravé en Religion News Service (texto en inglés), el “documento del Vaticano refleja la cautela de los obispos de la zona de París, quienes convocaron a una asamblea eclesial de un año en mayo para abordar el auge de los bautismos”.

Ella cita al obispo de Nanterre, sufragánea de París, Matthieu Rougé, y presidente del comité de los obispos para la educación católica, quien ve la afluencia de conversos como “limitada y frágil, y no debería dar lugar a ningún orgullo o triunfalismo”.

Rougé parece ser consciente de cómo, a pesar de los aumentos a corto plazo en el número de bautismos de adultos, sus cifras no pueden compensar décadas de pérdidas sostenidas y, tal vez lo más notable, una década de escándalos que dañan tanto a nuevos movimientos afectados por abusos y prácticas sectarias, ahora bajo intervención del Vaticano, como la Comunidad de Emmanuel (ver el texto arriba), así como a las, al menos después de la Segunda Guerra Mundial, fueron dos de las organizaciones de caridad católicas globales más exitosas nacidas en Francia en la segunda mitad del siglo XX: Emaús y L’Arche (El Arca).

A pesar de sus muchos logros en la búsqueda de soluciones de vivienda en Francia y Europa, Emaús fue, al menos parcialmente, una compleja fachada para el abuso a gran escala perpetrado por su fundador, el Abbé Pierre (ver el texto arriba). Tan grande que en las últimas semanas nuevos y estremecedores detalles de su alcance han destrozado lo que quedaba de la confianza en esa ONG.

La otra, L’Arche tenía un enfoque diferente, centrada en el trabajo con personas con discapacidades. Al igual que Emaús, tenía un alcance global y ecuménico, con miembros de otras iglesias cristianas y no creyentes dispuestos a participar en sus actividades.

Al igual que Emaús, su fundador, el laico canadiense de habla francesa Jean Vanier, también fue expuesto como un depredador por víctimas que sufrieron sus ataques desde los sesenta y hasta la primera década de este siglo, lo que forzado un reconocimiento para muchos de los involucrados, uno que inevitablemente confirma que esas historias paralelas de abuso en entornos religiosos socavan la confianza en la práctica religiosa.

Esto es más relevante porque Venite ad Me enfatiza cómo una de las características del proceso de “transmisión de la fe en un cambio de época” que el viejo modelo, basado en el hogar, sostenido por las mujeres y por prácticas aprendidas de la forma en que uno aprende la lengua materna, se ha roto.

Si la “transmisión de la fe” depende cada vez más de la participación voluntaria, ello requerirá de entornos institucionales mejorados, más fiables y dignos de confianza. Por ello, una consideración más cuidadosa de los mecanismos que sustentan la confianza parece estar ausente en el documento del Dicasterio.

Historias del Sur

Esto es más relevante dado que el prefecto del Dicasterio, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, ha tenido su cuota de horribles experiencias con las consecuencias del abuso. Como titular de la arquidiócesis argentina de La Plata, tuvo que lidiar con las secuelas del suicidio de Eduardo Lorenzo, un sacerdote a quien defendió públicamente, apoyó y, según fuentes argentinas, protegió a pesar de los llamados de los fieles para destituirlo del ministerio.

Fernández retrasó un traslado aprobado para Lorenzo, acaso para evitar una confrontación con los padres de un colegio católico en la parroquia en la que Lorenzo sería el cura. A pesar de eso, Fernández mantuvo a Lorenzo activo como sacerdote, con poca o ninguna restricción. Uno debe preguntarse si la principal preocupación de Fernández era mantener la confianza de otros sacerdotes en La Plata y cómo medía la potencial pérdida de confianza entre los fieles de La Plata.

El apoyo de Fernández a Lorenzo no se limitó a una declaración aislada de uno de sus subordinados en la curia de La Plata. Estuvo dispuesto a concelebrar la misa con Lorenzo el 24 de marzo de 2019, a pesar del hecho de que, para ese momento, cinco víctimas ya habían señalado a Lorenzo como su agresor.

La misa fue concelebrada menos de nueve meses antes de que Lorenzo decidiera quitarse la vida, el 16 de diciembre de 2019. El suicidio ocurrió después de que un amigo de Lorenzo le informara sobre su inminente arresto por parte de la policía, como relató la sección “Pesadillas argentinas” en el texto enlazado después de este párrafo en 2025.

Lorenzo fue a la Cáritas diocesana y se suicidó con una pistola. La ironía de un sacerdote con un supuesto compromiso por los niños en situación de calle que se suicida, el pecado para el que no hay perdón, en Cáritas, la institución insignia de la preocupación de la Iglesia Católica por los marginados, es difícil de ignorar.

Incluso después del suicidio de Lorenzo, Fernández parecía estar mucho más preocupado por lo que sucedió con el sacerdote fallecido que por el bienestar de las víctimas. Difícilmente sorprende el hecho de que cuando el papa Francisco llamó a su antiguo asesor teológico en Buenos Aires para convertirse en el titular del DDF, las víctimas de abuso en La Plata pusieran el grito en el cielo, pidiéndole al papa Bergoglio que cancelara la promoción de Fernández.

Víctor Manuel Fernández saluda a otros cardenales en Roma luego del consistorio en el que él y otros 20 prelados fueron elevados al Colegio de Cardenales por el papa Francisco. 30 de septiembre de 2023. Ver la nota final para el crédito de la imagen.

Desde luego, los efectos del abuso de Lorenzo a varones menores de edad en situación de calle y su posterior suicidio son difíciles de medir, pero sería ingenuo asumir que no hay consecuencias en términos de confianza y en la capacidad misma de la arquidiócesis de La Plata para sostener su propio crecimiento.

Más cuando se tiene en cuenta que el de Lorenzo no es el único caso en La Plata, una diócesis con un inventario de pendientes, y que ha sido el escenario de la dimisión temprana e inexplicable del sucesor de Fernández allí, Gabriel Antonio Mestre, ahora de 58 años, quien fue arzobispo ahí por menos de un año, de julio de 2023 a mayo de 2024.

Para ser claros, el problema no es Fernández. En comparación con otros prelados católicos, Tucho (como le gusta ser llamado por sus amigos) apoyó los tímidos esfuerzos del papa Francisco para atemperar la homofobia tan común en la Iglesia Católica. Defendió la noción de bendecir informalmente las uniones de “parejas irregulares”, lo que lo puso en la mira de sitios web en inglés como LifeSiteNews, con acusaciones de herejía por obispos africanos promovidos a sus cargos por el cardenal guineano Robert Sarah.

A pesar de la actitud de Fernández en ese tema, su propio apoyo a Lorenzo y a otros sacerdotes argentinos con acusaciones creíbles de abuso sexual del clero no es algo fuera de lo común en América Latina, sino todo lo contrario.

Fallos colombianos

El papel de la confianza es más relevante, pues hay sectores de la Iglesia Católica aún dispuestos a rechazar la transparencia y rendición de cuentas. El viernes pasado, la Corte Constitucional colombiana desestimó una serie de recursos presentados por varias diócesis y órdenes católicas indispuestas a acatar un fallo previo que las obligaba a proporcionar información sobre los destinos pastorales de obispos, presbíteros, diáconos y otro personal religioso.

La entrevista con Miguel Ángel Estupiñán, enlazada después de este párrafo, ofrece los detalles del fallo original, que apenas fue ratificado el viernes 23 de octubre. No está claro si el fallo más reciente será suficiente para obligar a las diócesis y órdenes católicas en Colombia a entregar toda la información solicitada originalmente por Estupiñán y Juan Pablo Barrientos.

El hecho de que Abelardo de la Espriella, el recién instalado presidente del país, sea un estrecho aliado de las alas más conservadoras de la Iglesia católica nos obliga a preguntarnos si intentará cumplir el deseo de los obispos católicos de evitar entregar la información que la Corte Constitucional consideró necesaria.

Hay que tener en cuenta que Ilva Hoyos Castañeda, la recién nombrada ministra de Educación de De la Espriella, es la encarnación misma de la compleja relación entre la Iglesia Católica y las élites políticas colombianas.

Durante los últimos 20 años más o menos, ella ha sido asesora de varios obispos y tanto de la Conferencia Episcopal de Colombia como del Consejo Episcopal Latinoamericano, el llamado CELAM. Como tal, también fue integrante de Cepromelat, el organismo corresponsal en América Latina de Tutela Minorum, como narró previamente el texto enlazado después de este párrafo.

Exalumna de la universidad insignia del Opus Dei en España, la de Navarra, no es claro el alcance de su relación con la organización similar a una orden fundada por Josemaría Escrivá de Balaguer, pero es a todas luces una figura clave en los círculos católicos y conservadores de Colombia y América Latina en general.

En ese sentido, será necesario esperar y ver cuál es la reacción de De la Espriella ante el fallo más reciente, y cómo la ministra Hoyos usará su influencia para ayudar a los obispos colombianos a evitar un mínimo de rendición de cuentas y transparencia respecto al nombramiento de sus obispos, sacerdotes y diáconos.

Para ser claros, una vez que un sacerdote es consagrado como obispo es relativamente fácil rastrear su carrera, pero como se demostró recientemente con el titular de la archidiócesis de Rabat, el cardenal español Cristóbal López Romero, ver el texto enlazado después de este párrafo, sus muchos años como sacerdote en España, Paraguay, Bolivia y Marruecos son casi imposibles de descifrar. Hay alguna información en el registro público, pero ni las diócesis católicas de Paraguay y Bolivia ni los Salesianos de Don Bosco, la orden a la que ha estado afiliado durante los últimos 50 años aproximadamente, destacan por su transparencia.

Por cierto, tras la publicación de ese artículo, López Romero anunció que dejaría el cargo de arzobispo de Rabat, sin ofrecer detalles de por qué lo haría el año que viene, cuando alcance la edad canónica de jubilación, 75 años.

Ni la curia de su sede actual ni el Vaticano han explicado por qué lo haría o si se debe interpretar su decisión como un reconocimiento implícito de que realmente acosó al menos a dos empleadas en Rabat o si los rumores sobre casos anteriores de comportamiento similar durante sus años en América del Sur se han confirmado o no. ¿Es posible confiar en una institución que actúa así?

Lagunas jurídicas chilenas

Casi al mismo tiempo que surgían las noticias de Bogotá, informes inquietantes desde Santiago de Chile llegaban a los servicios de noticias. Ese día, la portada de El Mercurio, la voz de los sectores más radicales de las élites conservadoras en Chile, tenía como uno de sus textos de primera plana información sobre cómo se habían reducido las condenas de depredadores sexuales gracias a una laguna jurídica y por medio de canales administrativos.

El presidente José Antonio Kast Rist, nieto de un miembro del partido nazi alemán, permitió pasivamente la reducción de condenas (56 de 57 en el último año) a pesar del hecho de que se había declarado en contra de cualquier cambio en la ley penal chilena sobre abuso sexual.

El asunto es mucho más complejo, ya que es hermano de un antiguo subordinado del superdepredador chileno Fernando Karadima. Cuando estalló el escándalo, Hans Kast Rist estuvo dispuesto a dar un paso al frente y reconocer que los abusos habían ocurrido en la parroquia del Sagrado Corazón en Santiago de Chile y que difícilmente se trataba de la fábula del “abominable depredador solitario”.

Mientras víctimas como James Hamilton, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz Chellew llevaron las acusaciones a la esfera pública, Hans Kast fue uno de los pocos sacerdotes activos dentro del círculo inmediato de Karadima que se presentó ante las autoridades eclesiásticas y los tribunales civiles para corroborar los relatos de manipulación, control psicológico y abuso sexual.

Testificó haber presenciado comportamientos inapropiados en 2005, cuando las acusaciones de abuso contra Karadima ya existían en Chile desde hacía al menos diez años, y ratificó formalmente sus declaraciones ante los tribunales durante la investigación de 2010.

En su testimonio ante el Décimo Juzgado de Garantía de Santiago, Kast abogó por desmantelar el círculo íntimo de influencia de Karadima, al argumentar que el entorno permitía una protección sistémica y el silencio alrededor de la parroquia.

Sería diez años más tarde, en 2020, cuando el hermano del presidente dejó el sacerdocio tras 25 años de servicio. El papa Francisco lo dispensó del sacerdocio junto a Sergio Cobo, otro sacerdote vinculado al caso Karadima.

Es imposible especular sobre las razones del presidente Kast para permitir pasivamente una reducción de condenas de 56 de 57 depredadores sexuales a través de canales administrativos no judiciales. Lo que está claro es que su actitud pasiva ante el asunto resultó el proverbial tiro por la culata y, tras una revuelta legislativa, se vio obligado a cambiar de rumbo el viernes 23, aunque no está claro qué sucederá con los 56 casos mencionados.

Cardenales católicos intercambian saludos durante el consistorio de 2023 en que tanto el papa León XIV, entonces Robert Prevost, como Víctor Manuel Fernández fueron integrados por el papa Francisco al Colegio de Cardenales. Ver la nota al final para el crédito de la imagen.

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Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.

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Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.

Nota sobre las imágenes: Todas las fotografías provienen del álbum «Consistory for the creation of 21 new Cardinals», administrado por Mazur para Catholic Church in England and Wales, disponible aquí en Flickr.