Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 23 de Marzo del 2026
Es fácil entender por qué Vatican News evita en sus ediciones en español, italiano y portugués de referencias claras al abuso; ¿por qué lo harían los medios civiles?
Cuando The Boston Globe, Correctiv y Mediapart rompen con el mito del abuso sexual como pederastia; en el mundo de habla española, se insiste en eso, mientras que medios portugueses e italianos ignoran los hechos.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
La semana anterior pasará a la historia como una de las más intensas para comprender en el futuro la evolución de la crisis de abusos sexuales del clero. Desde los palacios de Roma hasta los campos de uva de California, fue una semana para hablar del abuso y de cómo se habla del abuso.
El lunes 16, el papa León XIV recibió al periodista financiero británico Gareth Gore. Él ganó reconocimiento mundial tras publicar un libro y una serie de artículos y entrevistas sobre el Opus Dei. A diferencia de lo ocurrido anteriormente, incluso con algunos supervivientes de ese mal, el Vaticano facilitó cierta información sobre el encuentro.
Pocas horas después, León XIV sostuvo una audiencia pública con miembros de Tutela Minorum, la entidad encargada de prevenir los abusos sexuales del clero en la Iglesia Católica. Lo que dijo el papa Prevost siguió lo que se esperaba de él. Lamentablemente, fue la manera en que la oficina de comunicaciones del Vaticano manejó la información lo que hace que los observadores se pregunten si la Iglesia Católica ha aprendido algo de los más de 40 años de esta crisis.
El miércoles, Estados Unidos y México se estremecieron cuando The New York Times publicó un texto que trata de los numerosos casos de abuso sexual perpetrados por César (Estrada) Chávez, el activista de derechos humanos y líder sindical mexicano-estadounidense que fue un actor clave en los movimientos sociales en Estados Unidos en los sesenta y setenta.
Las devastadoras revelaciones sobre la magnitud del abuso destrozaron la memoria hasta entonces venerada de Chávez. Más aún cuando utilizó con frecuencia diseños estilizados del águila que devora a una serpiente de la bandera mexicana mezclados con representaciones tradicionales y vanguardistas, para la estética de los sesenta, de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Cuando Chávez y su movimiento lo hicieron, buscaban sacudir en México y Estados Unidos los recuerdos de las veces que el icono religioso ha sido la bandera para movilizar a las comunidades mexicanas en todo el mundo.
Como ha ocurrido con muchos sacerdotes católicos, el uso de Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió en una trampa. El icono que moviliza apoyo, solidaridad y protección mutua desde la epidemia de matlazáhuatl de 1737 y más tarde durante la Independencia de México, devino pretexto para el abuso de Chávez contra quienes trabajaban por el bien común de los latinos en Estados Unidos.

El jueves, medios de comunicación de varios países publicaron relatos de lo que se conoce desde hace varios años sobre el tipo de prácticas que Roma seguía para minimizar al máximo la denuncia, el conocimiento y la discusión de casos de abuso sexual a manos de clérigos. Lamentablemente, existen enormes diferencias en cómo se narró el problema en los distintos idiomas del mundo.
Aunque The Boston Globe siguió sus propios pasos para profundizar en las causas profundas de la crisis de abusos sexuales, en el mundo hispanohablante, los medios detrás de la publicación, lamentablemente, estuvieron dispuestos a apoyar un aspecto de la narrativa del Vaticano sobre la crisis, pues el diario español El País enmarcó el asunto en la lógica sesgada de la pederastia.
Al hacerlo, al menos en el mundo católico hispanohablante, lo que queda es la exclusión de los casos de abuso sexual clerical donde los objetivos del abuso eran adultos en el momento del crimen, como en el caso de las muchas víctimas de Renato Poblete en Chile o Marko Rupnik en Europa, por nombrar sólo a dos conocidos super predadores cuyas víctimas fueron mujeres adultas.
Este texto trata sobre el abuso como realidad, una constante, y sobre cómo las instituciones y los medios usan el lenguaje para describirlo y para posicionarse ante él. Lo que cambia entre el inglés, el francés, el alemán, el español, el italiano y el portugués no es la evidencia, sino cómo y si una organización religiosa o de medios de comunicación dice algo sobre la realidad del abuso.
Lo que surge no es una jerarquía estable. Es un mosaico de muchas posibilidades para abordar una realidad dolorosa y devastadora. En Vatican News, es un pequeño grupo de monseñores quienes deciden cómo e incluso si se publica un texto; en los medios civiles, cuando el asunto realmente importa, casi siempre hay un punto en el que alguien, el dueño o el director general, debe tomar una decisión sobre si el caso se publica o si muere.
Encuentros romanos
El encuentro del papa León XIV con Gareth Gore es particularmente significativo porque su trabajo se centra en las estructuras de poder financiero e interno del Opus Dei. Al reconocer esta reunión, el papa americano señala al mundo de habla inglesa una disposición a dialogar con "los críticos".
También señala al mundo de habla hispana, donde permanece la base del Opus Dei que, a pesar de las muchas acusaciones lanzadas contra Gore por la otrora poderosa prelatura, el papa Prevost no descarta las muchas críticas realizadas por Gore en sus libros, artículos, entradas de blog y redes sociales.
Aunque no hubo un reporte oficial de la reunión y es probable que el papa ya conociera el trabajo de Gore, el que Roma dejara que el mundo supiera del encuentro con el autor hace más importante lo que pudiera decidirse en la inminente reforma de la organización fundada por Josemaría Escrivá de Balaguer en los veinte del siglo XX que, durante las últimas dos décadas, ha esquivado con argumentos débiles las numerosas acusaciones de abuso de sus miembros.
El mérito de Gore es que, gracias al acceso que tuvo a los documentos financieros de la “orden” de Escrivá, fue capaz de ofrecer un relato complejo y coherente de cómo el Opus Dei rentabiliza la devoción y la obediencia religiosas.
Su trabajo ofrece también una plantilla estructural para comprender dinámicas similares de extracción de valor religioso en la Legión de Cristo en México, el argentino Instituto del Verbo Encarnado y otras organizaciones similares a órdenes que han usado votos y juramentos para apuntalar sus estados financieros.
Robert Prevost ha tenido una relación difícil con el Opus Dei. Cuando el papa Francisco lo nombró obispo de Chiclayo, Perú, el ahora León XIV se hizo cargo de una entidad que había estado bajo obispos del Opus Dei o afines a esa organización, como narra el texto enlazado luego de este párrafo, publicado en mayo de 2025.
Además de los problemas que tuvo para cambiar los enfoques clericalistas en Chiclayo, fue testigo de primera fila y potencialmente parte en la amarga disputa del papa Francisco con el ahora arzobispo emérito de Lima, el primer cardenal del Opus Dei, José Luis Cipriani Thorné.
Cuando Francisco ya estaba enfermo, en enero de 2025, Cipriani desafió al pontífice al regresar a su antigua diócesis, para asistir a actos públicos en atuendo clerical, a pesar de las sanciones específicas emitidas por Francisco y aceptadas originalmente por Cipriani, quien, tentado por la oportunidad de volver a Lima y jugar al “amo del universo”, ignoró el “castigo” de Francisco.
Lo que es peor, cuando el pontífice argentino finalmente murió, Cipriani se paseó por las calles de Roma y la basílica de San Pedro, una vez más con atuendo clerical, a pesar de las restricciones que Francisco impuso. Las restricciones eran la forma de "vieja escuela" de castigar simbólicamente el abuso sexual de Cipriani contra un menor mientras era sacerdote del Opus Dei en Perú en el siglo XX.
Sin embargo, en retrospectiva, también se convierten en una moraleja para el actual papa, que necesita decidir ya si insistirá en ese enfoque de “vieja escuela” que, en su mayor parte, no logra cosa alguna.
Burlarse de las víctimas
Se pueden rastrear los efectos de las restricciones sobre el clero depredador desde Marcial Maciel hasta Cipriani, y ver cómo, al final, son un remedo de alguna penitencia real y, peor aún, cuando se pasa del derecho canónico al derecho civil o penal. Más dolorosamente, al menos cuando uno se pone en los zapatos de los sobrevivientes, en estos temas la burla final es contra las víctimas.
En lugar de un castigo real, algún monseñor en Roma utilizó el diario español El País, a principios de 2025, para “filtrar” el expediente con el caso de Cipriani. Al olvidar el efecto de choque, ampliado por la versión que publicó La República en Lima del texto de El País, poco de valor se logró.
Sí, se validó la difícil situación de muchos periodistas peruanos que sufrieron las amenazas de Cipriani de litigios punitivos interminables, al usar contra ellos el muy restrictivo marco legal de medios en Perú. Eso es relevante, debido a la influencia sobredimensionada del Opus Dei en el judicial peruano, tan generalizada como la que ProPublica ha documentado para la Corte Suprema de Estados Unidos y del que Los Ángeles Press publicó una traducción que aparece después de este párrafo.
Según diferentes relatos, Cipriani sirvió como mediador de facto y aval moral de Alberto Fujimori y su enfoque en temas judiciales. Esta relación permitió al Opus Dei colocar a simpatizantes en puestos de alto rango en el Poder Judicial.

Con un modelo similar al de la Federalist Society en Estados Unidos, la Universidad de Piura, dirigida por el Opus Dei, se convirtió en el principal campo de entrenamiento para una élite legal conservadora que ve a la ley como una herramienta para imponer su idea de “orden moral”, que prioriza la protección institucional sobre los derechos humanos, y amplía ese enfoque para proteger a individuos con acusaciones de violaciones graves a los derechos humanos.
En ambos países, la estrategia fue la misma: capturar los mecanismos de control del acceso a la justicia y definir así qué es un crimen y qué no lo es, qué es justo y qué es injusto. En Perú, fue el Ministerio de Justicia y el Palacio Episcopal en Lima; en Estados Unidos, fue la lista de nominaciones judiciales y los donantes de “dinero blando” que financiaron desde la extrema derecha el giro ideológico de la Corte Suprema. En ambos casos, como ocurrió también Nicaragua, la lucha contra el aborto fue el pretexto a modo para involucrar el apoyo de la Iglesia Católica.
Dispararse en el pie
Lamentablemente, como se vio más tarde en la cobertura de Vatican News, la “apertura” del papa Prevost hacia Gore y más al tema de los efectos generalizados de la crisis de abusos sexuales del clero no se traducen fielmente a los fieles católicos de América Latina y el sur de Europa.
Aunque Vatican News, el verdadero medio de la Santa Sede (L'Osservatore Romano es en realidad una entidad jesuita en Roma), estuvo dispuesto a informar del encuentro del papa León con Tutela Minorum, Vatican News parece estar atrapado en la idea de ofrecer un relato contradictorio y segmentado de lo que hace el actual pontífice en materia de abuso sexual del clero.
Mientras que el texto en inglés del encuentro con Tutela Minorum fue lo más claro posible al narrar lo sucedido, pues enfatiza la necesidad de que los obispos prevengan realmente el abuso (texto en inglés), el texto en español de la misma actividad es una reliquia de los noventa, una época en la que la Iglesia Católica aún decía que la crisis sólo ocurría en el mundo de habla inglesa.

En lugar de enfatizar el llamado del papa a proteger, la versión en español usó un mensaje edulcorado que pide a los obispos “escuchar” a las víctimas. La diferencia no es académica, más cuando los autores son tan diferentes como los textos mismos.
Mientras que el texto en lengua inglesa está firmado por Deborah Castellano Lubov, el texto en español es una traducción de uno en italiano, firmada por Benedetta Capelli.
Quien se tome el tiempo de averiguar cómo funciona Vatican News, observará que la versión en lengua francesa del encuentro, más cercana a la inglesa, está firmada por Alexandra Sirgant y, aunque distinta del texto inglés, se aproxima más a ese que a los textos en italiano y español.
El texto en alemán, firmado por Anne Preckel, ofreció otro enfoque más, uno que enfatiza el papel de la cooperación para lograr los objetivos de Tutela.
Incluso si son lógicas algunas diferencias en la forma en que un medio global como Vatican News aborda lo que debería percibirse como una actividad clave para el papa en funciones, las diferencias de tono y actitud que uno encuentra en las versiones más enfáticas y claras en inglés, francés y alemán, y el relato ambiguo y chabacano de las versiones italiana y española son notables.
Ambigüedad selectiva
La divergencia editorial alcanza su punto máximo en la edición portuguesa. Quienquiera que dirija la edición portuguesa de Vatican News optó por el silencio absoluto. No es que no tengan recursos para difundir las actividades del papa, ya que relatan las visitas rutinarias de León XIV a parroquias romanas. Sin embargo, parece que hay un embargo a las noticias sobre abuso sexual en portugués, incluso las que genera el papa en funciones.
Es cierto que el mundo de habla portuguesa es mucho más pequeño que el de habla inglesa o española, pero similar en tamaño al mundo de habla francesa, y mucho más grande que el de habla alemana o italiana. Es como si Vatican News jugara ahora, en la tercera década del siglo XXI con las reglas de los noventa en Roma, cuando los monseñores allí solían decirnos a los hispanohablantes que el abuso era un problema en el mundo de habla inglesa, pero no algo por lo que debiéramos preocuparnos en Ciudad de México o Buenos Aires.
El sábado, hubo otra oportunidad de ver cómo opera esta ambigüedad selectiva en Roma. Ese día, Tutela mantuvo una reunión final con el papa León XIV tras una semana de trabajo revisando sus Directrices.
Aunque la división lingüística no fue tan clara como en la actividad del lunes, y las historias no estaban firmadas por los reporteros que trabajan para Vatican News, algunos silencios y diferencias resultaron notorios.
El texto en inglés de la reunión destaca el “surgimiento de nuevas formas de abuso” al tiempo que subraya la afirmación de las Directrices, Criterios o Guías. La versión en español deja de lado el énfasis en las Directrices mientras hace un llamado a mejorar la participación de las víctimas.
Es como si la versión en inglés existiera para proporcionar una suerte de escudo de “rendición de cuentas”, una forma de apaciguar la demanda de transparencia y responsabilidad que existe en el mundo de habla inglesa. Apuesta por marcadores lingüísticos de corte “forense” como “prevención”, “cooperación” y “denuncia”. Es un documento de cumplimiento diseñado para sobrevivir al escrutinio de The Boston Globe y medios similares.
A las 7 PM en la Ciudad de México del sábado 21 de marzo, las ediciones en alemán y francés permanecen en silencio. Es imposible determinar si algún relato localizado de la segunda reunión del papa con Tutela Minorum en la semana que recién concluyó llegará a materializarse en esos idiomas.
Lo que ya está claro, sin embargo, es que el mundo de habla española recibió la dosis habitual de lenguaje edulcorado centrado en nociones “pastorales” sobre la voluntad de escuchar, la siempre presente noción de cercanía (que nunca se materializa realmente en Buenos Aires, Bogotá o la Ciudad de México) y la promesa que se remonta al papado de Benedicto XVI de que las cosas, “ahora sí” “van a cambiar”.

Una vez más, Vatican News en español castiga su propio relato de esta actividad pontificia al enmarcar la reunión con Tutela como parte de una especie de viaje espiritual de “conversión” en lugar de un modelo de justicia institucional sujeto a métricas, plazos y consecuencias.
En esta ocasión, el mundo de habla portuguesa recibió lo que parece ser una traducción del texto en español. Ambos siguen la misma estructura narrativa y están anclados en los mismos marcadores emocionales.
Ambos idiomas son muy similares, por lo que es imposible establecer qué fue primero, ya que no hay fechas y mucho menos marcas de tiempo en las publicaciones de Vatican News, pero lo que está claro es que ambas están a kilómetros de distancia del texto en inglés.
Tal como ocurrió con la reunión del lunes, no hubo nota en italiano. Esto asegura que la Curia Romana y la prensa local italiana no tengan un texto oficial que debatir o disectar. Mantiene el “frente interno” en calma, evitando cualquier guerra de facciones interna sobre los detalles de las palabras del papa.
En última instancia, Vatican News parece haber desarrollado su propia fórmula de la Coca-Cola: verbos de acción y un barniz de la jerga del diseño de políticas públicas para los angloparlantes que pudieran exigirlo; verbos y sustantivos emocionales para los hablantes de español y portugués que esperan queden adormecidos por los gestos del pontífice, mientras mantienen a los italoparlantes en la oscuridad.
Capturados por la jerarquía católica
Lamentablemente, a pesar de su independencia en muchos temas, los medios civiles, a menudo muy dispuestos a criticar lo que hace Roma, siguen en lo sustantivo lo que hace Vatican News en sus diversas ediciones. En ese sentido, el reciente lanzamiento de una serie de artículos en al menos cuatro idiomas y cinco países ofrece la extraña oportunidad de observar cómo los medios abordan el abuso sexual a manos de clérigos.
Tal oportunidad apareció el jueves cuando el alemán Correctiv, el colombiano CasaMacondo, el español El País, el francés Mediapart y el estadunidense The Boston Globe pusieron a prueba los límites de la comprensión de los medios sobre su papel al usar un fondo común de documentos centrados principalmente en el papado de Benedicto XVI sobre cómo la Iglesia Católica ha lidiado con el abuso.

Aunque hay algunos detalles nuevos inevitables aquí y allá, nada de lo que hay allí es nuevo. Confirma lo que ya sabíamos: la Iglesia Católica ha hecho todo para minimizar el reconocimiento mismo de su papel en la crisis de abusos sexuales.
El análisis colectivo de los documentos provenientes del papado de Ratzinger no es en absoluto uniforme. Hay una clara división que evoca la que se observa en la cobertura de Vatican News. De un lado, el polo “maduro” con Correctiv, Mediapart y The Boston Globe, que desafían la comprensión casuística y aislada de cada caso, mientras que El País y CasaMacondo luchan con sus demonios al tratar la cobertura de los muchos casos que tocan al mundo de habla hispana.
Así como fue posible encontrar en Vatican News una especie de “cortina de acero lingüística”, algo similar surge en las decisiones tomadas, por un lado, por los editores en Berlín, Boston y París, las decisiones tomadas en Bogotá y Madrid, y el silencio ensordecedor proveniente de Brasilia, Lisboa y Roma.
Lo que surge de las narrativas de los medios de habla hispana y del silencio de los medios italianos y portugueses es la otra cara de la tragedia que es el abuso sexual a manos de clérigos, ya que los medios, según sus propias preferencias y decisiones, reflejan los silos lingüísticos y administrativos del Vaticano.
Berlín-Boston-París, el eje forense
La forma en que los llamados Dossiers del Abuso fueron publicados por Correctiv, Mediapart y The Boston Globe es un testimonio de la capacidad de los medios para ofrecer una comprensión fundamentada y proactiva de la crisis. Ese fue el tipo de autopsia que, lamentablemente, el mundo hispanohablante no tuvo, y en el que los mundos de habla italiana y portuguesa sólo pueden soñar.
Correctiv, Mediapart y The Boston Globe fueron más allá de reiterar lo obvio (la Iglesia Católica oculta información y encubre a depredadores). Fueron tras las huellas dactilares burocráticas. Parecen estar decididos a proporcionar un mapa preciso de cómo se ha ocultado la información y cómo se ha producido el encubrimiento de depredadores notables y no tan notables.
Mediapart trató los documentos como evidencia de “crimen organizado en el Vaticano”. Para una visión francesa de esa conducta, la llamada Omertá, se pueden revisar los textos de Camille Rio en Los Ángeles Press. El primero, antes de este párrafo, sobre el fallido informe sobre abuso sexual en las Misiones Extranjeras de París, una organización similar a una orden, y sobre el escándalo en el colegio católico de Bétharram, en el sur de Francia, después de este párrafo.
Mediapart descartó términos como “pédocriminalité” (una palabra en francés que une pedofilia o pederastia y criminalidad) para centrarse en "La mécanique", la maquinaria institucional que hace posible el ocultamiento, el encubrimiento y la impunidad.
Lo hacen a partir de evidencia cuantitativa del uso o no de protocolos en Roma para abordar casos de abuso lo que les permite hablar de “crimen organizado” y probar que durante más de un siglo ha habido un equipo de monseñores dispuestos a clasificar, archivar y evaporar pruebas de violencia para proteger a la Iglesia Católica, incluso si para ello deben destruir a los fieles católicos.
Al hacerlo, Mediapart rompe el cerco en el que el medio español El País decidió quedarse. A diferencia del medio francés, El País siguió la narrativa típica del abuso centrada en la “pederastia”; al hacerlo, el diario madrileño cae en la trampa que Correctiv, Mediapart y The Boston Globe evitan conscientemente.
Correctiv, por ejemplo, al difundir su trabajo en Instagram, no se centra en Kindermissbrauch (abuso infantil). Habla de Missbrauch, es decir, de abuso, sin caer en la trampa de la edad de la víctima (ver abajo).
Al romper con la trampa de la pederastia, los medios franceses y alemanes honran a las víctimas de depredadores notables que, por la razón que fuera, decidieron atacar a mujeres o varones adultos, como Poblete y Rupnik.
Mediapart y Correctiv incluyen, con razón, a adultos, algunos de ellos monjas, vinculando el "manual de operaciones" del Vaticano a un "système de dissimulation" (sistema de ocultamiento) o a un "bürokratischen System", un sistema burocrático. Al hacerlo, desplazan el enfoque de la edad de la víctima al abuso de poder y a lo que se esconde tras los mecanismos que crean el poder mismo del clero sobre los fieles en la Iglesia Católica.
La cobertura de The Boston Globe demuestra cómo los medios pueden ser testigos institucionales de este tipo de tragedias. Luego de haber abierto las compuertas la crisis en 2002, la participación del Globe en los Dossiers del Abuso de marzo de 2026 es la validación de su tarea de más de tres décadas en el tema.
El Globe ofrece el vínculo entre los encubrimientos locales de la era de Bernard Law en Boston y el “manual de operaciones” global revelado durante la semana pasada. Informan sobre nuevas víctimas; pero, lo que es más significativo, prueban que el “modelo de Boston” de trasladar sacerdotes era una directiva gestionada y catalogada mediante números de protocolo en Roma.
El pantano español
Mientras el eje Boston-Berlín-París se dedica a realizar una autopsia forense y burocrática, los medios de comunicación en lengua española se han retirado en gran medida a una “preocupación pastoral” que sirve a los intereses del Vaticano mejor que cualquier comunicado de prensa.
Al distanciarse, quizás incluso evitar conscientemente los marcos seguidos en Berlín, Boston y París, y optar por la lente anticuada de la “pederastia”, medios como El País en Madrid y CasaMacondo en Bogotá conceden efectivamente amnistías seculares a la institución.
La estrecha narrativa de los crímenes seguida en Madrid y Bogotá, centrada en la edad de la víctima, borra la naturaleza sistemática del problema del abuso.
Cuando El País se centra en la edad de la víctima, descarta la importancia de la toma de decisiones administrativas realizadas en Roma y en las curias locales. Y no es que El País pueda alegar que no es consciente de la magnitud del abuso de Marko Rupnik o Renato Poblete contra mujeres adultas que rompe la narrativa fácil del niño menor de edad abusado por el depredador solitario tipo Maciel.
Y si con El País es posible entender por qué se centran en casos de pederastia, quizás para ahorrarse viajes a la Audiencia Nacional por posibles demandas judiciales, es realmente difícil entender el enfoque editorial de CasaMacondo.
La figura principal detrás de CasaMacondo, Juan Pablo Barrientos, es uno de los dos valientes periodistas colombianos que publicaron hace unos años: El archivo secreto.
El otro autor es Miguel Ángel Estupiñán, quien sostiene su propia narrativa en Hacia el umbral. Los Ángeles Press lo entrevistó en 2025. En la conversación profundiza en los detalles de lo que es un proyecto de investigación a largo plazo de referencia, cuyo potencial queda asfixiado por una narrativa de “pederastia” sacada de los noventa.
Es un espejo secular de la propia segmentación del Vaticano. Mientras existen los datos para mapear la “mecánica” sistémica de la impunidad, como hizo el eje Berlín-Boston-París, hubo alguna decisión editorial detrás de la idea de no ir por un análisis forense sino por la narración mucho más simple, quizás perezosa, de una serie de relatos breves de escándalos sexuales individuales.
No es sólo un desperdicio de datos; es un espejo secular de la propia segmentación del Vaticano. Es posible entender por qué el Vaticano castre sus propios textos sobre lo que León XIV pide a los obispos indispuestos a oír lo que dice. Lo que es imposible de entender es por qué un medio se castra a sí mismo.
Al centrarse en el “pederasta”, CasaMacondo perpetúa la narrativa de los depredadores solitarios que HBO decidió seguir en Maciel: El lobo de Dios, e incluso al hacerlo, CasaMacondo convierte a Ratzinger-Benedicto XVI en otro perpetrador solitario más.
Si no fuera tan doloroso para muchos seres humanos que se convirtieron en víctimas cuando adultos, sería similar a la rutina de los Keystone Kops, donde los medios de habla española están tan distraídos por el “abominable depredador solitario” que no ven el contenedor con pruebas que documentan una operación organizada de un siglo de duración, que daña a niños y niñas, a mujeres y varones.
Esa es la razón por la que Los Ángeles Press publica textos dedicados no sólo a quienes sufrieron estas experiencias como menores de edad, sino también quienes las sufrieron como adultos, como lo prueba el texto vinculado después de este párrafo, sobre un exitoso político de Estados Unidos que se convirtió en víctima de abuso de su obispo griego ortodoxo en la Ciudad de México. Es imposible construir de manera racional o sensata una "jerarquía del abuso" en el contexto de un sistema diseñado para el encubrimiento total.
La geografía del silencio: El sector sur
El fracaso alcanza su punto máximo en el ensordecedor silencio de Brasilia, Lisboa y Roma. Es un contraste sorprendente: mientras Mediapart ha utilizado la lengua francesa para realizar una autopsia "mecánica" del sistema, y El País y CasaMacondo optaron por la narrativa de la “pederastia”, descartan a las víctimas adultas, les hacen mendigar o al menos a competir por la atención, en los mundos de habla italiana y portuguesa los medios optaron por un “silencio pastoral”.
Esto no es una limitación lingüística, sino una decisión editorial que se alinea con la jerarquía. Para los periódicos de referencia en Portugal y Brasil, los Dossiers del Abuso son un tema “curioso” para la sección de cables internacionales, un problema de “alguien más”, en lugar de un problema que afecta a sus hogares.
El fracaso alcanza su punto máximo en el ensordecedor silencio de Roma, Lisboa y Brasilia. A pesar de tener la tercera población católica más grande del mundo, los medios en portugués, liderados por Público en Lisboa y Folha de Sao Paulo, ignoraron las revelaciones. Informan sobre el tema del abuso sexual en contextos religiosos como lo harían con la guerra en el Estrecho de Ormuz.

En Lisboa, Público y el resto de los medios nacionales actúan como si el informe de la Comisión Independiente de 2023 fuera el “fin del asunto”, una curiosidad extranjera más que una pandemia que les afecta, mientras ignoran los datos que vinculan la maquinaria del Vaticano directamente con las curias de Lisboa, Fátima u Oporto. ¿Fueron invitados a unir fuerzas con The Boston Globe y Correctiv?
¿Qué pasa con Folha u O'Globo? Por una fracción de su obsesiva cobertura de la Verde-Amarela en el próximo Mundial de Fútbol de Canadá-México-Estados Unidos, podrían haber informado de lo que sucede, en materia de abusos, en Río o Sao Paulo. Al igual que Público en Portugal, ¿pasaron sin ver?
¿Y qué hay de los muchos vaticanistas en Italia? Ellos, que pueden decirle al mundo cuáles fueron los menús de cada una de las sesiones de cualquier cónclave de los últimos 60 años, ¿no tuvieron interés en descubrir los abusos sexuales del clero en las diócesis italianas? Es inevitable plantear, aunque sea de manera retórica, la pregunta: ¿a quién protegen con su silencio?
Al negarse a unirse a la empresa conjunta forense, los medios en Italia, Portugal y Brasil han permitido al Vaticano apuntalar la “cortina de acero” lingüística que Vatican News sostiene.
La “cortina de acero” lingüística es, en ese sentido, un proceso colaborativo tal vez puesto en marcha por Roma, pero sostenido y reproducido por los medios de comunicación en el Sur Europeo y Global, donde los fieles católicos sólo ven la vieja historia del abominable depredador solitario que ataca a niños inocentes.
Sobre el abuso de César Chávez
A pesar de la guerra en curso en el Estrecho de Ormuz y sus efectos devastadores en los mercados, los últimos días estuvieron dominados por las repercusiones de las nuevas acusaciones contra César Chávez.
Los Ángeles Press, al ser un medio mayoritariamente en español en California, ha seguido de cerca el tema. Por desgarrador que sea ver a Chávez convertido en una versión laica de Marcial Maciel o Naasón Joaquín García, la triste realidad es que no se trata de revelaciones. Que Chávez era promiscuo ya se sabía, ya que los detalles de su muy activa vida sexual surgieron incluso durante su vida.
Como otros depredadores, Chávez parecía creer que el bien que objetivamente hacía por las comunidades latinas, migrantes y de trabajadores agrícolas de alguna manera justificaba el abuso que estaba dispuesto a perpetrar.
Al igual que otros depredadores de comunidades marginadas, estaba muy dispuesto a replicar el abuso contra el que luchaba en los viñedos de California y en las fábricas desde Texas hasta Arizona, al atacar a mujeres, incluidas niñas, que de alguna manera estaban dispuestas a protegerlo, a guardar silencio, como hizo Dolores Huerta durante varias décadas.

Las recientes revelaciones sobre la conducta de César Estrada Chávez representan un cambio drástico en la narrativa histórica del movimiento sindical y de derechos civiles en Estados Unidos. No tiene sentido minimizar el alcance del abuso. Su propia familia y la Fundación que lleva su nombre aceptan que ocurrió.
Es muy difícil atestiguar la caída de un héroe de las comunidades latinas en California y otros lugares de Estados Unidos. Construyó coaliciones, interpeló a los Kennedy en Washington, D.C., tanto como a Jerry Brown en Sacramento. Aun así, pretender que es una conspiración para desprestigiar a los mexicanos, a los mexicoamericanos o a los latinos en Estados Unidos carece de sentido.
Más allá de los actos individuales de violencia, el panorama que emerge sugiere que Chávez utilizó el control sexual y prácticas sectarias para mantener la autoridad sobre el Sindicato de Trabajadores Agrícolas, la United Farm Workers. Su comportamiento es similar al del sacerdote francés Abbé Pierre, por citar un ejemplo. Es difícil admitirlo, pero los héroes y los filántropos pueden ser depredadores sexuales. Eso nos ha enseñado a todos la crisis de abuso sexual.
La historiadora Miriam Pawel señala que, si bien el adulterio de Chávez era un “secreto a voces”, la escala y la naturaleza de las nuevas acusaciones de abuso sexual, que involucran a las hijas de organizadores sindicales veteranos, algunas de ellas de doce años, hace que sea difícil evaluar en este momento su legado.
Como ocurre en las iglesias Católica y de la Luz del Mundo en el sur de California, Chávez impuso una “cultura del silencio” en la que los activistas desestimaron numerosas señales de alerta, incluido el abuso verbal y las purgas en la UFW.
Es difícil imaginar cuáles serán los efectos finales de esto, pero al menos sus familiares y su fundación están dispuestos a reconocer los hechos. Compárese eso con el silencio sobre los archivos de Epstein.
Post Data
La abundancia de noticias de la semana pasada hizo imposible seguir otros acontecimientos, incluidos algunos en Asunción, Paraguay. Además, a última hora del viernes, un obispo belga, Johan Jozef Bonny, de la diócesis de Amberes, lanzó lo que algunos plantearon como un desafío a Roma: su decisión de identificar posibles candidatos al sacerdocio entre hombres casados y ordenarlos en 2028.
No necesita ir muy lejos para buscarlos. Amberes cuenta con un grupo de 60 diáconos casados o permanentes desde los noventa, cuando el ahora emérito Paul Van den Berghe era el obispo allí. Cuando él asumió originalmente el cargo en 1980, no había diáconos casados o permanentes allí.
Existe la posibilidad de que su predecesor, una figura importante del ala reformista de la Iglesia Católica europea, el cardenal Godfried Danneels, haya trabajado durante un tiempo para crear un pequeño cuerpo de diáconos casados o permanentes.
El ya fallecido Danneels es aún el blanco de todo tipo de acusaciones por parte de las alas conservadoras de la Iglesia Católica, por lo que a nadie debería sorprenderle si el anuncio de Bonny del viernes 20 reaviva la habitual dinámica de la guerra de facciones de 60 años en el catolicismo.

El problema principal ahora, tras el anuncio de Bonny, es qué va a decir Roma. Cuando el papa Francisco insinuó una medida similar para la Iglesia en América Latina, centrada en la llamada región amazónica, una vasta zona que abarca partes de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela, el cardenal Robert Sarah traicionó a Benedicto XVI y a Francisco.
Lo hizo al publicar un libro con un manuscrito originalmente escrito por Joseph Ratzinger, pero publicado como si fuera un nuevo texto del papa emérito como respuesta contra Francisco. Al final, Sarah y sus aliados usaron el texto de Ratzinger para atacar a Francisco y matar, por medio de un pánico moral, la propuesta papal.
En última instancia, la propuesta murió, pero el amargor de la conducta de guerrillero de Sarah permanece, más aún cuando sigue siendo un favorito de las facciones trumpistas y adyacentes a MAGA del catolicismo estadounidense y de la extrema derecha francesa.
El texto enlazado antes de este párrafo, sobre un caso de abuso sexual en una diócesis brasileña de la región amazónica, ofrece más detalles del impacto del comportamiento guerrillero de Sarah en la sección "Varón no probado".
La próxima semana esta serie continuará tratando de abordar los muchos acontecimientos en la crisis global de abusos sexuales.

* * *
Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.
Nota de producción: El texto del resumen, como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.