
Rodolfo Soriano-Núñez Domingo, 24 de Diciembre del 2023
Aunque admiten que nada cambió, la homofobia de algunos obispos apareció en reacciones al documento sobre bendiciones.
Religión y vida pública: La homofobia fue más manifiesta en países de África como Malawi, pero estuvo presente de Uruguay a Estados Unidos y de Brasil a España.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
El lunes de la semana pasada, distintos medios de comunicación dábamos cuenta de los detalles de la publicación de Fiducia Supplicans, una declaración publicada por el cardenal Víctor Manuel Fernández, con el aval del papa Francisco. El título significa literalmente "la confianza de los fieles" en latín y está disponible aquí en español.
La declaración sistematizaba respuestas en torno a las bendiciones de las parejas de personas del mismo sexo y, de manera más general, de personas que -según las normas de la Iglesia Católica- están en “relaciones irregulares”, que incluye a parejas heterosexuales que no estén casadas según esas reglas.
Aunque Fernández no anunció algún cambio a la doctrina de la Iglesia Católica, el que se discutiera abiertamente en Roma el asunto y que de esa discusión resultara la declaración ha servido para dejar en claro varias cosas.
En primer lugar, que incluso sin introducir cambios doctrinales, el tema de las relaciones entre personas del mismo sexo es uno de los que siguen marcando las fronteras de la discusión teológica y política del catolicismo. Es una suerte de catalizador de algunas de las peores reacciones del clero católico que le da primacía al pecado sexual por encima de cualquier otra forma.
Es en esa lógica que, además de los reproches al papa Francisco que revelan los contornos de la homofobia de un sector importante del clero católico, la discusión permite comprobar también cómo lo religioso sirve como un vehículo para legitimar leyes que, en nombre de principios religiosos llegan a criminalizar la preferencia sexual.
Pecados de la pelvis
A su vez, también permite observar cómo, dentro de la Iglesia Católica, los “pecados de la pelvis” siguen siendo un tema que moviliza reacciones fuera de toda proporción, como cuando se insinúa que la declaración del cardenal Fernández es una herejía, aunque no cambie cosa alguna de la teología, el dogma o la doctrina del catolicismo.
Eso abre la puerta a que estos "pecados de la pelvis" sean uno de determinantes del compotamiento político del catolicismo y otras tradiciones cristianas, que hacen posible que algunos partidos hagan de la preferencia sexual un tema en torno al cual definen su identidad y sus propuestas..
El otro sentido de lo político de la discusión es el de la manera en que esta reacción deja ver el alcance del catolicismo más conservador, radical e identitario, que puede o no asumir un carácter racista, pero que toma a los “pecados de la pelvis” como el tema clave, determinante de la conducta pública de los jerarcas de la Iglesia Católica.
En esta serie Religión y vida pública, se ha documentado la manera en que, al actuar de esa manera, el catolicismo se convierte en presa fácil de líderes políticos oportunistas. Estos líderes políticos, como en el caso de Trump en Estados Unidos, saben del simplismo con el que proceden en lo público los jerarcas católicos y quienes, sin ser jerarcas de esa iglesia hacen política diciéndose católicos. A ellos les ofrecen lo que buscan: leyes que criminalizan la homosexualidad o leyes que criminalizan el aborto.
El caso más obvio en América Latina es el de Nicaragua, donde la semana que recién concluyó, poco después de que se supo de la publicación de Fiducia Supplicans, se filtró desde Nicaragua información acerca del arresto del obispo Isidro del Carmen Mora Ortega y un pequeño grupo de seminaristas de la diócesis de Siuna, ubicada en la costa del Caribe nicaragüense.
También se ha documentado, como se hizo en el texto que aparece enlazado después de este párrafo, la manera en que en África el cristianismo más recalcitrante, católico o de otras denominaciones también obsesionadas con los "pecados de la pelvis", promueve leyes que criminalizan incluso con penas de muerte a quienes expresan su preferencia por las relaciones homosexuales, incluso cuando llegan a hacerlo en privado, como en el caso de Uganda.
Como ocurrió en Nicaragua con el tema del aborto en las primeras dos décadas de este siglo, en distintos países de África, líderes políticos con agendas populistas, que desdeñan cualquier consideración por los derechos humanos de quienes se oponen a sus agendas en materia política o económica, se hacen del apoyo de bloques electorales integrados por católicos y miembros de otras iglesias cristianas que definen a los "pecados de la pelvis" como cruciales para el futuro de sus países o de la civilización.
Como ocurría en Nicaragua en el clímax de la relación entre Miguel Obando y Bravo, el antiguo arzobispo y cardenal de Managua y Daniel Ortega, cuando Ortega hizo de la condena del aborto la inusual bandera política del sandinismo, en países como Uganda se han impulsado reformas amparadas en teologías políticas que además de rechazar la posibilidad de dar una bendición, así fuera informal a una pareja de personas, persiguen a las personas que—por la razón que sea—tienen un comportamiento sexual que no es del agrado de las jerarquías del catolicismo y otras iglesias cristianas.
Lo que resulta de ello es una estela de violaciones de los derechos humanos que, lejos de proteger algún bien público o jurídico, sirven para movilizar a quienes creen que si se prohíben las prácticas homosexuales se resuelven los problemas de sus países.
Además de las violaciones de los derechos humanos que, por ejemplo, en Uganda vienen ocurriendo durante los últimos quince años, como se puede ver en este documento de 2009 de Amnistía Internacional o Amnesty International, al menos, para el catolicismo está también el problema de cómo se perciben estas actitudes profundamente intolerantes hacia las personas que no son heterosexuales en América Latina.
Este año, el Centro Wilson, una institución académica de Estados Unidos, ha denunciado los efectos que la legislación que criminaliza la homosexualidad tiene en Uganda no sólo en términos del respeto a los derechos humanos, sino también en lo que hace a la saluda pública en ese país, como se puede ver aquí, además de que es una legislación que está lejos de tener apoyo unánime en ese país, como explica este texto de Human Rights Watch.
¿Pecar para que otros no pequen?
Lo que es peor, en términos teológicos, cometen un pecado para, según ellos, prevenir que se cometan otros pecados. Y quien definió la criminalización de la preferencia homosexual como un pecado no soy yo ni algún teólogo radical. Fue el propio papa Francisco cuando, luego de su viaje a Sudán del Sur, en la conferencia de prensa en el viaje de regreso a Roma del 5 de febrero de 2023, lamentó las legislaciones que le apuestan a criminalizar la práctica de la homosexualidad.
En el vídeo que aparece a continuación se puede escuchar al papa Francisco pronunciar, en italiano, una clara condena de las leyes que criminalizan la homosexualidad calificando esas leyes de "pecado".
La transcripción de ese pasaje de la conferencia es esta:
«Y hace poco dije algo, no lo recuerdo muy bien, en la entrevista de Associated Press. La criminalización de la homosexualidad es una cuestión que no debe dejarse pasar. Se calcula que, más o menos, cincuenta países, de una manera u otra, llevan a cabo esta criminalización. Algunos dicen más, digamos al menos cincuenta. Y algunos de estos -creo que serán diez- tienen también la pena de muerte. De forma abierta o encubierta, pero pena de muerte. Esto no está bien. Las personas con tendencias homosexuales son hijos de Dios, Dios las ama, Dios las acompaña. Es cierto que algunos se encuentran en este estado debido a diversas situaciones no deseadas, pero condenar a una persona así es un pecado…»
Reacciones airadas
Quizás por su disposición a condenar ese tipo de actitudes abiertamente homofóbicas, la publicación de Fiducia Supplicans enfrentó reacciones encontradas y airadas. Es cierto que hubo sacerdotes, obispos y cardenales que rápidamente entendieron el alcance de lo dicho por el documento y no cayeron en la trampa de condenarlo.
Debe hacerse notar que la declaración no obliga a ningún sacerdote u obispo a bendecir a parejas de personas homosexuales, como sí existe la obligación de -por ejemplo- bautizar a quien lo solicite. El documento publicado tampoco establece un ritual para las bendiciones que, si lo desean, pueden realizar los sacerdotes u obispos.
Más bien le apuesta a evitar que se dé forma a algún ritual que eventualmente pudiera llevar a confundir este tipo de bendiciones con la celebración del sacramento del matrimonio. Los obispos que reaccionaron a Fiducia Supplicans parecían, más bien, reaccionar a otros problemas o realidades.
Al mismo tiempo, ocurrió una vigorosa reacción de obispos de Malawi, una nación de África Subsahariana, que aprovecharon la declaración para dejar en claro tanto su abierta homofobia como, al menos en el caso de uno de ellos, su disposición a calificar al papa Francisco y al cardenal Fernández de herejes.
No es casual que las reacciones más virulentas vengan de África y, de manera más concreta, de Malawi, una nación en el oriente de África, en la que el catolicismo representa menos del 20 por ciento del total de sus poco menos de 20 millones de habitantes, en la que existen 8 diócesis, dos de las cuales, Blantyre y Lilongwe, son arquidiócesis.
El dato de poco menos del 20 por ciento de la población como católica debe tomarse con pinzas, porque aunque la información disponible en Wikipedia y otras fuentes la ubica ahí, otras fuentes hablan de hasta un 36 por ciento, según esta pestaña en el micrositio para ese país de GCatholic, un proyecto de la conferencia de obispos católicos de Canadá, pero esa misma fuente tiene en otra pestaña del micrositio para ese país un dato similar al de Wikipedia, con menos del 20 por ciento del total de la población como católica.
El mensaje de los obispos de Malawi, una reacción a botepronto para condenar y negar cualquier posibilidad de que se realice alguna bendición, fue difundido en las primeras horas del martes 19. El pionero fue Edmond Nyoka, un sacerdote de aquel país, como se puede ver en el mensaje que aparece inmediatamente después de este párrafo, cuyo mensaje fue rápidamente amplificado en esa red social por la derecha católica global.
El mensaje fue reafirmado de manera más radical aún por una homilía, es decir, el sermón durante la misa, pronunciada por el obispo Martin Anwel Mtumbuka de Karonga, Malawi, en los días inmediatamente posteriores a la publicación del texto de Fernández y que fue publicado en YouTube el sábado 23 de diciembre y que se puede escuchar en YouTube, en inglés, aquí y del que se presenta aquí la porción más relevante inmediatamente después de este párrafo.
En el video se puede escuchar, en inglés, al obispo Mtumbuka decir:
«No vamos a aceptar que nuestros jóvenes sean confundidos por nuestros compañeros pastores que, como Judas, traicionan a Jesús y al Depósito de la Fe, que Jesús dejó a los apóstoles.
«Habremos de combatir las herejías sin importar de la boca de quien vengan las herejías. Es muy triste que luego de 2000 años de convertir personas del paganismo al cristianismo, ahora algunos de nuestros hermanos pastores traten de convertir a cristianos de nuevo al paganismo.
«Si aceptamos que la homosexualidad es compatible con la palabra de Dios, ¿qué nos impide a nosotros aquí en África, bautizar a un polígamo con tres o cinco o diez o doce esposas? No aceptemos la desviación del Evangelio sólo porque esas desviaciones sean ahora comunes en las sociedades ricas y populares».
La comparación que hace el obispo Mtumbuka es extralógica, absurda incluso, porque en la lógica de la teología del catolicismo el bautismo es un sacramento, con reglas muy precisas respecto de quién puede o pedir el bautismo para sí o para otra persona, sólo en el caso de los menores que sean hijos de quienes lo solicitan y en ninguna parte del texto de Fernández se compara a la bendición propuesta para las parejas en “situación irregular” con los sacramentos.
El sincretismo
El sermón es una elaborada diatriba contra el “sincretismo” que, según Mtumbuka, estaría detrás de la decisión de Fernández de permitir que, quien lo desee, busque a algún sacerdote que esté dispuesto a bendecir lo que en la jerga del derecho canónico se llaman “relaciones irregulares” que incluyen, además de las personas del mismo sexo, a las relaciones entre adultos que convivan o cohabiten sin estar casadas.
Para comprender el uso de ese concepto de “sincretismo” es necesario recordar que, en África, como en América Latina, una de las acusaciones frecuentemente lanzadas contra las variedades de los catolicismos locales en ambas regiones es que son fruto de evangelizaciones defectuosas por sincrética. Se les reprocha el que se hayan conservado elementos de las prácticas religiosas que existían antes en esas regiones y se integraron con otros elementos del catolicismo.
Lo que hace el obispo Mtumbuka es reciclar, pero en sentido opuesto ese mismo argumento para implicar que tanto Víctor Manuel Fernández como el papa Francisco, los dos responsables de lo que dice Fiducia Supplicans, la declaración sobre las bendiciones de parejas en situaciones irregulares, son herejes.
Debe destacarse que Human Watch Rights, entre otras organizaciones promotoras de los derechos humanos a escala global, han señalado en repetidas ocasiones a Malawi por las malas prácticas de sus cuerpos de policía y otras autoridades que, en más de una ocasión, han abusado de personas no heterosexuales, como se puede ver en el vídeo que aparece a continuación, cuyo audio se encuentra en inglés.
Es claro, en este sentido, que más allá de que la actitud de este obispo constituye un reto al papa Francisco, también hay una dimensión de la política local de Malawi y otros países de África que no conviene perder de vista.
Es una realidad que afecta el funcionamiento de distintos estados africanos que, en la búsqueda de la esquiva idea de “desarrollo” le apuestan a imponer—entre otras cosas—leyes que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo, como se dio cuenta en esta serie al inicio de este año, luego de que Uganda aprobara leyes de ese tipo.
Triple engaño
El argumento que se sigue es que esas leyes fueron una de las razones por las que los países de Europa lograron los índices de desarrollo de que ahora disfrutan. Es un doble o triple engaño que, en primer término, engaña respecto de las causas del desarrollo de Europa, que está inevitablemente ligado al colonialismo.
Es un engaño, porque no hay evidencia de que efectivamente esas leyes hayan servido para que Gran Bretaña, Francia, Alemania, Portugal o Bélgica, los cuatro países clave en la historia colonial de África hayan logrado las ventajas que todavía ahora tienen respecto de las naciones africanas.
También son un engaño porque no hay evidencia de que, a futuro, esas leyes pudieran tener un impacto de tal magnitud que se justifique el que el Estado, para forzar el cumplimiento de este tipo de leyes desarrollo los mecanismos de vigilancia de su población necesarios para aplicarlas.
Ello sin perder de vista que en los países en los que esas leyes estuvieron vigentes en algún momento, fueron suprimidas o derogadas en las décadas de los setenta y ochenta por la manera en que se usaban para violar de manera sistemática derechos humanos básicos.
En todo caso, Malawi como otras naciones de África tienen muchos pendientes en materia de respeto a los derechos humanos de sus habitantes. Que los obispos de esa nación del oriente de África se hayan tropezado para decirle al papa que ellos no van a bendecir a quien les pida esa bendición, lejos de sorprender simplemente confirma que hay un quiebre profundo en el seno del catolicismo a escala global, cuyas consecuencias son difíciles de prever.
Además de los obispos de Malawi hubo una reacción similar de los obispos de Zambia, otra nación del África Subsahariana, así como una menos agresiva, mucho más alineada con el espíritu de la declaración, de los obispos de Nigeria.
Fuera de Malawi no hubo una reacción tan airada de una conferencia nacional de obispos, aunque sí las hubo de obispos individuales.
También en América Latina
De manera sorpresiva una de las más amargas fue del arzobispo y cardenal de Montevideo, Uruguay, Daniel Sturla, quien deploró la declaración en una entrevista con el diario El País de Uruguay.
Lejos de alinearse con el papa Francisco, quien le nombró titular de su actual sede en 2014 y lo elevó a cardenal en 2015, Sturla dijo:
«Creo que no era un tema para que surgiera ahora en Navidad. Me llamó poderosamente la atención, porque es un tema polémico y está dividiendo aguas adentro de la Iglesia. Es claro que un sacerdote bendice a todas las personas.
«Yo he estado ahora en la cárcel y he bendecido a todos los que están allí. Si vienen personas a pedirme la bendición, siempre la doy. Me acuerdo de cuando se estaba discutiendo la ley trans, que estábamos en una procesión en la parroquia San Ignacio y vinieron unas personas trans a pedirme la bendición y les di la bendición. Otra cosa es bendecir a una pareja homosexual…»
Sorprende más que Sturla diga eso cuando echa por delante su experiencia en la pastoral carcelaria. ¿Será consciente de lo que ocurre en las cárceles de toda América Latina en términos de los lazos que se traban entre los reclusos dentro de ese tipo de instituciones?
En Brasil, Adair José Guimarães, obispo de Formosa, llegó al extremo de prohibir que se impartan las bendiciones, diciendo que de permitir que se impartan esas bendiciones ocurriría “incomprensión y escándalo”, como se puede ver en el minuto 2:24 del vídeo que aparece a continuación, cuyo audio se encuentra en portugués. Si el vídeo no está disponible en la zona en la que usted lea esta nota, por favor, siga este enlace para verlo directamente en YouTube.
Otro obispo que hizo público su rechazo a la declaración del cardenal Fernández del 18 de diciembre, fue el español Jesús Sanz Montes. Él es titular de la arquidiócesis de Oviedo, a la que llegó gracias a empuje que le dio a su carrera el antiguo arzobispo de Madrid, Antonio Rouco Varela, que también le ayudó a ser obispo en Huesca y Jaca, de 2003 a 2010, cuando su mentor, uno de los más cercanos a Benedicto XVI presumía poder poner y quitar obispos a su antojo en España y quien todavía lo impulsó para ser el actual arzobispo de Oviedo.
Aunque no calificó al papa Francisco o a Fernández de herejes, como el obispo de Malawi, Sanz dejó ver qué tan incómodo es el estilo del papa argentino para quienes se ven a sí mismos como herederos de las actitudes y estilos de Benedicto XVI y, sobre todo, en el caso de Sanz, de Rouco Varela quien hizo de la oposición al matrimonio de personas homosexuales, el aborto y, de manera más general, a cualquier cambio una de las claves de su carrera pública.
En 2008, por ejemplo, calificaba el matrimonio de personas homosexuales como “rebeldía a Dios” en declaraciones publicadas por El Mundo de España. Ese año malinterpretó la primera derrota que sufrió una propuesta para legalizar el matrimonio civil de personas del mismo sexo en California y propuso que España también llevara el asunto a un mecanismo similar, como da cuenta esta nota de El País de España.
En 2015, incluso se manifestó en contra de los cambios que Francisco introdujo ese año que relajan algunas de las reglas respecto de la posibilidad que las personas divorciadas tienen para comulgar. Rouco firmó ese año una carta con otros obispos y cardenales, en la que reprochaba al papa Francisco esos cambios, como lo refiere esta nota de ABC de España.
En ese sentido, Sanz no hace otra cosa que canalizar los enfoques y actitudes de su mentor.
En México no hubo un rechazo manifiesto al asunto, pero la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) publicó un vídeo que sólo está disponible en Facebook en esta dirección.
En el mensaje, el secretario general de la CEM y obispo de Cuernavaca, Ramón Castro, hace todo para insistir en que no ha ocurrido cambio doctrinal alguno. El texto está disponible en su cuenta de la red social antes conocida como Twitter, que aparece inmediatamente después de este párrafo.
En Estados Unidos las reacciones siguieron un patrón similar con una actitud más bien mesurada de la conferencia de obispos, aunque algunas declaraciones del ala más reaccionaria del episcopado que en esta ocasión estuvo representada por el arzobispo emérito de Filadelfia y antiguo arzobispo de Denver, Charles Chaput, responsable ahí, entre otras cosas, de haber llevado al Sodalicio de Vida Cristiana, el equivalente peruano a la Legión de Cristo mexicana, a esa diócesis en la primera década de este siglo.
La opinión de Chaput fue publicada por First Things, un portal electrónico favorito de la extrema derecha del catolicismo que ganó fama, entre otras cosas, por pronunciarse en contra de la suspensión del culto en los templos de la Iglesia Católica durante la pandemia. Chaput acusa al papa Francisco de "causar desorden" (making a mess).
De manera poco usual, otro de los líderes de la extrema derecha católica en Estados Unidos, el antiguo obispo auxiliar de Los Ángeles, California y actual obispo de Winona-Rochester, Minnesota, Robert Barron, publicó un mensaje en el que se alineaba con la posición sostenida por el cardenal Fernández en Fiducia Supplicans.
El texto de Barron que aparece con la imagen que él mismo usó en su cuenta en la red social antes conocida como Twitter aquí reconoce que la declaración no introduce cambio alguno en la doctrina de la Iglesia.
Eso es algo tan obvio que resulta difícil creer que tantos obispos se hayan apresurado a hacer aclaraciones en ese sentido.
Mucho más cuando se considera que la declaración deja abierta la puerta para que, quienes no deseen impartir la bendición, por la razón que sea, no crean que hay alguna obligación de hacerlo.