La Guelaguetza: una fiesta del pueblo secuestrada por el poder

Miguel Montesinos León

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La Guelaguetza, hoy es un evento inaccesible para los propios pueblos que le dan origen.

Por Miguel Montesinos León

El gobierno del estado de Oaxaca, encabezado por Salomón Jara Cruz, en las actividades de la Guelaguetza oaxaqueña, nuevamente demostró que no es una fiesta popular ni para el pueblo de Oaxaca.

Es una celebración donde el pueblo no tiene los recursos económicos para presenciar un evento de esa naturaleza, debido a los altos costos de los boletos, además de la discriminación, convirtiéndose en una fiesta para el grupo gobernante y para extranjeros.

En el pasado reciente y en épocas anteriores, la fiesta más grande y emblemática del pueblo oaxaqueño ha servido para que el gobernante en turno esté al centro del escenario y reciba los manjares que cada región produce y ofrece tanto a propios como a extraños.

Lo lamentable es que Salomón Jara, quien se jacta de ser indígena y hablar una de las lenguas maternas, ha utilizado la fiesta más significativa de Oaxaca para rodearse de personajes extranjeros, como ocurrió con la visita de la embajadora de Francia en México, Delphine Borione; de Uruguay, Santiago Wins Arnábal; de Dinamarca, Kim Højlund Christensen; y del consejero político de la embajada de Italia en México, Emanuele D’Andrassi, en la primera edición de la Guelaguetza oaxaqueña bajo su mandato.

Salomón Jara con el gobernador de Michoacán Alfredo Ramírez Bedolla.

Este lunes 28 de julio, en la edición denominada “La Octava del Lunes del Cerro”, nuevamente los invitados de honor fueron los embajadores de Kuwait en México, Salah Suleiman Al-Haddad, y del Reino de los Países Bajos, Wilfred Theo Mohr. Mientras tanto, el pueblo anfitrión, proveniente de comunidades lejanas de Oaxaca, jamás podrá presenciar los sones y jarabes musicales de su propia tierra. Existen comunidades que deben viajar varias horas desde su lugar de origen hasta la capital oaxaqueña, y aun así, muchos jamás podrán asistir a esta celebración.

Salomón Jara Cruz fue más allá que aquellos criticados del PRIAN, a quienes el régimen obradorista señala un día sí y otro también. Los exmandatarios oaxaqueños solían usar las fiestas del "Lunes del Cerro" para rodearse, en los palcos principales, de sus familiares y del grupo político en turno. Siempre ha sido una fiesta de élite financiada con recursos del pueblo. Ahora, Salomón Jara no solo se rodea de políticos nacionales, sino también de personalidades extranjeras.

La actual secretaria de Turismo, Saymi Pineda Velasco, en una edición anterior de la Guelaguetza, tuvo la “brillante” idea de disneylizar la festividad. En esta edición presentaron, por primera vez, una ceremonia religiosa de la comunidad de San Antonio de la Cal —denominada cuna de la tlayuda— llamada “El Cambio de la Alcancía de San Antonio de Padua”. Esto contradice la idea de una fiesta de orígenes indígenas, mezclando el esplendor de las culturas originarias con una celebración de origen católico y pagano.

Tampoco se ha tomado en cuenta que en ediciones anteriores se ha presentado la mayordomía, una actividad religiosa católica que nada tiene que ver con lo que supuestamente se pretende mostrar al mundo como la fiesta étnica más grande de Latinoamérica.

El “besamanos” más criticado por figuras de la cultura proviene de los círculos más elitistas de la clase política oaxaqueña y nacional, demostrando cómo, desde la invasión extranjera, el pueblo ha estado sumiso y siempre bajo el yugo de los caciques de cada comunidad y región. Esto no solo sucede en Oaxaca, sino en todo el país, donde existen caciques disfrazados de indígenas, políticos y religiosos, que utilizan la sumisión del pueblo para sus fines más perversos y personales, siempre sacando ventaja de la condición económica de cada comunidad.

El régimen obradorista, que tanto critica a la clase política del PRIAN, repite los mismos vicios. Solo cambiaron de nombre, siglas y partido. López Obrador trajo a las filas de Morena a políticos indeseables de todos los colores. Como ejemplo, en Oaxaca está Alejandro Ismael Murat Hinojosa (PRI); en Chihuahua, Javier Corral (PAN); en Sonora, Alfonso Durazo (PRI), Miguel Ángel Yunes e hijo (PAN), el senador Raúl Paz Alonzo (PAN), Gerardo Ulloa Pérez (PRI)... y la lista es larguísima.

No existe en Oaxaca una verdadera y auténtica etnia reconocida oficialmente. Todo es parte de una estrategia de mercadotecnia, siempre mezclada con la religión católica y el poder político. Los Mixes se autodenominan “los nunca conquistados”, pero si eso fuera cierto, en la región Mixe no existirían templos católicos ni se venerarían imágenes religiosas.

Oaxaca es un estado donde en cada barrio, colonia, rancho y cabecera municipal hay capillas y templos católicos. Las festividades patronales y la Guelaguetza son celebraciones paganas, y la máxima fiesta de Oaxaca sigue siendo una vitrina para que el gobernante en turno, como en la época de la invasión extranjera, se presente como el “cacique mayor”.