Roque Dalton: Un poeta doblemente muerto
Roque Dalton, poeta ejecutado por el ERP de El Salvador en 1975.

Alberto Farfán

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El legado de Roque Dalton sigue generando debate entre su valor literario y su compromiso político revolucionario en El Salvador.

Por Alberto Farfán

Un vórtice de claroscuros es el que gira en torno a la vida y obra del poeta, escritor, militante y guerrillero comunista salvadoreño Roque Dalton, que desembocara en un destino patético, en donde la oscuridad de su poesía germinara en luz eclipsada, en donde su luminosidad revolucionaria terminó en nítidas sombras inexorables.

Admirado por el extraordinario Julio Cortázar por su vena literaria, Roque Dalton (1935-1975), como pocos poetas, se entregó en su totalidad a la praxis marxistaleninista, participando activamente tanto dentro como fuera de su país, con encarcelamientos, sentencias de muerte y exilios a cuestas. Cuyo afán vio postrar a su poesía ante la ortodoxia ideológica: el ostensible detrimento en la elevación estético-literaria de sus textos se tradujo en versos panfletarios.

Sin embargo, no sólo esta ortodoxia dio fin a su obra poética, pues también culminó con su vida. Miembro del Ejército Revolucionario del Pueblo, una facción ultraizquierdista de éste le daría muerte. Pero no como su comandante bajo la metralla del enemigo, sino como el inevitable chivo expiatorio frente a la incapacidad organizativa de ese núcleo radicalizado.

De los diversos poemarios de Roque Dalton: La ventana en el rostro, El turno del ofendido, Los pequeños infiernos, El amor me cae más mal que la primavera, Poemas clandestinos, Un libro levemente odioso y Taberna y otros lugares, este último y la novela de corte biográfico Pobrecito poeta que era yo, se constituyen en la parte más rescatable de su producción literaria.

Y no obstante que Taberna y otros lugares fue calificado por la crítica como su mejor libro, desgraciadamente sólo unos cuantos poemas se configuran como tales. Y para ser más exactos, precisemos que dichos textos corresponden al segmento titulado El País II. Del cual extraemos el siguiente fragmento.

En “Matthew” se lee:

Digamos la afirmación que el otro ha puesto en duda.

Esperemos del otro

lo que no esperamos que él espere de nosotros.

El amor llega a ser un diamante

por la posibilidad que tuvo de ser ceniza.

Tú, que me haces como tú misma.

Queriéndome herir, me comunicas

y mi traición es tu nueva riqueza.

Tú, que eres yo mismo.

Ésta es la mejor pieza de Dalton, en virtud de la intervención de la multivocidad semántica —intrínseca a la genuina literatura— para alcanzar la cristalización del ámbito estético. Y si de este modo sublima ciertas leyes del materialismo dialéctico relativas al ser humano en el terreno amoroso, el equilibrio es irrefutable.

Véase, por oposición, lo que escribió en “Tercer poema de amor” de su libro Poemas clandestinos para confirmar lo expuesto:

A quienes te digan que nuestro amor es extraordinario

porque ha nacido de circunstancias extraordinarias

diles que precisamente luchamos

para que un amor como el nuestro

(amor entre compañeros de combate)

llegue a ser en El Salvador

el amor más común y corriente,

casi el único.

Si en el primer poema se nos dibuja un amor nada ordinario, en este último únicamente se afirma su existencia, pues es evidente que aquí la visión ortodoxa de la ideología del autor se impuso de manera lamentable, entregándonos un trozo de voz panfletaria en forma y fondo grotescos.

Por una mala praxis marxistaleninista el socialismo en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas éste ya no existe en ella, por el cual luchara y muriera Roque Dalton, como pocos. Y si sacrificó su vena poética en aras de ello para dejarnos parrafadas deleznables, él, doblemente, ha dejado de existir.

Roque Dalton. Foto: Periódico Bandera Roja El Salvador

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