Canto a la mujer estéril, un grito de trascendencia
Dulce María Loynaz, Premio Miguel de Cervantes en 1992.

Alberto Farfán

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Desde la voz poética de Loynaz, la mujer es resignificada como origen simbólico y fuerza vital más allá de su capacidad biológica para concebir.

Por Alberto Farfán

La poetisa cubana Dulce María Loynaz (1902-1997), Premio Miguel de Cervantes de Literatura 1992, entre otros galardones, nos entrega en uno de sus textosmás emblemáticos un poema que se nutre y fluye consolidándose, en última instancia, en un grito desgarrador de vida y muerte, en literal con-fusión.

En Canto a la mujer estéril (1937) la voz poética oscilará entre la mujer que nace para tener hijos y la mujer que es incapaz de gestarlos. Pero asumiendo no sin dolor su esterilidad, sin llegar al llanto o a la desesperación. Pues hay “otro modo de ser humano y libre”, como diría Rosario Castellanos. Veamos algunos fragmentos. Escribe Loynaz:

Nada vendrá de ti: Ni nada vino

de la Montaña, y la Montaña es bella (,,,)

Tú dejarás

que el fango siga fango y que la estrella

siga estrella...

Y reinarás

en tu Reino. Y serás

la Unidad

perfecta que no necesita

reproducirse, como no

se reproduce el cielo,

ni el viento,

ni el mar...

Ella, tal y como es, es perfecta, como el cielo, el viento y el mar. No necesita reproducirse porque en su autoaceptación se pone de relieve su autoafirmación de mujer, que es vida en sí misma. Y como unidad no es medio de nadie o para nadie; es fin, en primera y última instancias.

No obstante, resuena su voz diciendo:

A veces una sombra, un sueño agita

la ternura que se quedó

estancada –sin cauce... – en el subsuelo

de tu alma...

¡Y es un polvo de soles cernido por la masa

de nervios y de sangre!... ¡Una alborada

íntima y fugitiva!... ¡Un fuego

de adentro que ilumina y sella

tu carne inaccesible!... Madre que no podrías

aun serlo de una rosa (...)

Sombra, en donde vida y muerte se conjugan, eclipsando a la primera. Pero sólo por unos instantes, ya que resurge briosa la voz poética increpando:

¡Púdrale Dios la lengua al que la mueva

contra ti; clave tieso a una pared

el brazo que se atreva

a señalarte, la mano oscura de cueva

que eche una gota más de vinagre en tu sed!...

Los que quieren que sirvas para lo

que sirven las demás mujeres,

no saben que tú eres

Eva...

En efecto, ella es la mujer originaria que en un principio no existió como instrumento para perpetuar la especie:

¡Eva sin maldición,

Eva blanca y dormida

En un jardín de flores, en un bosque de olor!...

¡No saben que tú guardas la llave de una vida!

¡No saben que tú eres la madre estremecida

de un hijo que te llama desde el Sol!...

Canto a la mujer estéril, más que un canto, es un grito por la reivindicación de la “madre imposible” en la sociedad y, fundamentalmente, del derecho de ésta a ser libre.

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