Ignacio García Martes, 01 de Abril del 2025, 11:53
Foro Público
Donald Trump añora convertirse en una figura histórica tanto para Estados Unidos como para el mundo. Su eslogan de campaña “Make America Great Again” hace énfasis en la importancia de retomar la supuesta hegemonía perdida y reestablecerse como la principal potencia económica, militar, política, tecnológica y científica del planeta.
El inquilino de la Casa Blanca ha intentado imponerse a sus aliados comerciales con amenazas de aranceles, pese a que violen los propios acuerdos internacionales que Estados Unidos firmó con México, Canadá y la Unión Europea, pero lo que le importa al republicano es reforzar la imagen de un “hombre duro” capaz de defender los intereses de la Unión Americana, aunque paradójicamente los afecte más.
Los delirios de grandeza de Trump no son nuevos. Desde que incursionó en la política en 2015 comenzó a señalar que era la única persona que podría impulsar a Estados Unidos, después de perder su liderazgo mundial durante los gobiernos tanto de Barack Obama como de George W. Bush.
El empresario busca convertirse en un presidente que deje huella en el país como en su momento lo fueron personajes consagrados en la historia de Estados Unidos como George Washintgon, Abraham Lincoln, así como Franklin Delano Roosevelt, Dwight Eisenhower y hasta el mitificado John F. Kenedy—encumbrado por su pronta muerte--, pero que está lejos de conseguir el apoyo popular que alcanzaron esos ex jefes de Estado.
En un país ampliamente dividido en dos bloques políticos, Trump azuza a sus seguidores diariamente con declaraciones que provocan inestabilidad en los mercados internacionales, así como reacciones encontradas entre sus principales socios comerciales.
El mandatario norteamericano está lejos de respetar la historia de democracia que tanto ha pregonado Estados Unidos. El 6 de enero de 2021 seguidores de Trump ingresaron a las instalaciones del Capitolio para intentar evitar que se reconociera el triunfo electoral de Joe Biden en las elecciones de 2020, lo que evidenció que su nulo respeto a las instituciones públicas que fueron construidas para tratar de consolidar reglas formales en la organización social.
Aunque Trump rechazó haber estado detrás de la irrupción en el Capitolio, en su regreso a la Casa Blanca los indultó de cualquier acusación penal en su contra. Una clara muestra del apoyo que tiene el republicano para quienes lo idolatran y están dispuestos a violar las leyes.
Pese a que la victoria electoral de Trump el año pasado fue avasalladora sobre la demócrata Kamala Harris, ahora intenta violar la Constitución para buscar un tercer mandato como presidente de Estados Unidos.
El guiño a una nueva reelección presidencial ha provocado reacciones diversas. Hay quienes aplauden esta decisión para mantener este gobierno disruptivo en la escena internacional, mientras que otros han cuestionado su afán dictatorial de perpetuarse en el poder como suceden en las dictaduras.
En esta segunda administración Trump no tiene colaboradores que lo traten de frenar en sus declaraciones y ambiciones, ya que ahora busca la anexión de Groenlandia como parte de Estados Unidos. Desde hace más de cien años este país no había contado con un mandatario con intenciones anexionistas como las que ha mostrado el empresario, quien incluso no descartó el uso de la fuerza para integrar a este territorio a la Unión Americana.
También en un principio, Trump dejó entrever que Canadá podría sumarse como un estado más de la Unión Americana, lo que generó un fuerte rechazo de la sociedad canadiense que respondió que no podría ocurrir esta situación y fragmentó las relaciones estratégicas con un aliado estratégico e histórico.
La grandeza a la que Trump intenta referir está lejos de provocar un crecimiento continuo en la inflación, una disputa comercial con sus aliados y posicionar a sus adversarios como rivales más poderosos, como sucedió con China que firmó una alianza comercial estratégica con Corea del Sur y Japón en contra de los aranceles de Estados Unidos.
A pesar de que la ignorancia fue un fuerte aliado en la campaña de Trump, cuando los ciudadanos estadounidenses observen que los precios de los productos que consumen siguen incrementando y que los espacios laborales no se han creado, entonces la simpatía y popularidad de Trump descenderá, dado que el factor económico es el principal componente que puede provocar cambios en las intenciones del electorado.
Su intento reformista de aislar a Estados Unidos sobre la escena internacional puede ser el principio del fin de la verdadera hegemonía de ese país en el mundo, ya que otras naciones pretenden ocupar esos vacíos de poder, como China, que ha acelerado su crecimiento económico en los últimos años.
Trump pretende cambiar los hábitos de consumo de los estadounidenses para dejar de depender del mercado internacional, no obstante, esto no lo logrará de la noche a la mañana, y menos sin los incentivos económicos y fiscales necesarios para ello, por lo cual se visualiza como una apuesta al fracaso.
Mientras que Lincoln es recordado—con sus matices—como el líder de la revolución civil contra la esclavitud, Washintgon por priorizar la construcción de las instituciones estadounidenses, Roosevelt por superar la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, Eisenhower por la conectividad de las vías carreteras del país y priorizar al sistema de Educación y Salud, en el caso de Trump está lejos de ser promotor de la paz, como él mismo aseguró, de lograr la cohesión social—su discurso depende del populismo—y de fortalecer a las instituciones, ya que eliminó a la USAID, que servía para financiar distintos proyectos sociales, educativos, científicos y de derechos humanos en el mundo.
Así, la imagen de Trump puede incluso estar en un futuro por debajo de la percepción que se ha construido sobre Richard Nixon—obligado a renunciar tras el escándalo Watergate--, George W. Bush—que fomentó las guerras innecesarias en Afganistán e Irak--. e incluso estar cerca de los esclavistas y racistas, Andrew Johnson—esclavista que segregó a los afroamericanos—y James Buchanan—impulsor del esclavismo como un derecho humano de la élite blanca--.
Al menos Trump logró lo impensable, que aliados históricos como China, Corea del Sur y Japón se unan contra un fin común, que un socio fundamental como Canadá se incline con la Unión Europea y que la comunidad de ese continente anuncie un rearmamento como no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial.
Todo lo anterior sin considerar que Trump ha sido acusado de diferentes delitos, y que ha aprovechado su poder político y económico para lograr su segunda candidatura presidencial, después de que los demócratas fueron incapaces de frenar el discurso polarizador que promovió el empresario diariamente desde las redes sociales.
Nota aparte: La comunidad internacional está dispuesta a responder al “bully” de Trump y piensa responder con la misma fuerza arancelaria que el norteamericano quiere imponer, sin embargo, el único país que hasta el momento no ha contestado a las amenazas del republicano, es México, que trata de esperar que no se consumen las declaraciones del inquilino de la Casa Blanca.