Memorias de palabra y territorio: diálogo con Arturo Rodríguez García
El periodista Arturo Rodríguez García y el autor Jaime Martínez Veloz. Foto: especial.

Jaime Martínez Veloz

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Reencontrarse con un periodista como Arturo Rodríguez García es recordar que pensar el país sigue siendo urgente.

Por Jaime Martínez Veloz

Las ciudades también tienen memoria, y Saltillo guarda entre sus calles muchas de las conversaciones que han ayudado a pensar el país. Hoy, en uno de esos encuentros que parecen sembrados por la historia misma, me encontré con Arturo Rodríguez García, periodista riguroso, comunicador inquieto, y amigo entrañable desde nuestros días compartidos en la lucha por una Coahuila más justa, más clara, más nuestra.

Director del periódico El Coahuilense, Arturo es de esos profesionales que entienden que el periodismo no es sólo contar lo que ocurre, sino descifrar lo que permanece oculto entre las capas del discurso oficial. Su visión sobre los procesos políticos, sociales y económicos del Estado y sus regiones tiene la virtud de conjugar análisis y pedagogía, provocando reflexión en quien lo escucha y lectura crítica en quien lo lee.

La conversación fue más que un intercambio de ideas: fue una reconciliación con el oficio de pensar. En tiempos donde la inmediatez y la estridencia parecen dominar el espacio público, Arturo insiste en mirar con profundidad, con contexto, con ese tono sereno que no elude la denuncia, pero sí la banalidad.

Recordé, mientras hablábamos, aquel joven estudiante que empezó a destacar en Saltillo por su agudeza y su inquietud ética. Hoy, verlo al frente de un medio que se ha convertido en referente de periodismo comprometido, me confirma que hay trayectorias que no se improvisan, que se construyen con tenacidad y vocación pública.

Agradezco profundamente su hospitalidad, su generosidad, y sobre todo, su persistencia en seguir dando voz a lo que muchas veces se pretende silenciar. En esta tierra que nos duele y nos impulsa, conversar con alguien como Arturo es también una forma de resistir.

Seguiremos en diálogo, porque hay causas que nos siguen convocando. Y porque sabemos que la palabra puede ser también territorio, brújula y refugio.

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