Ed Martin está a cargo de la instrumentalización y juega un papel clave en la agenda autoritaria de Trump. Busca transformar la ley en una herramienta para intimidar y castigar a quienes desafían al régimen, mientras refuerza su conexión con Rusia y la propaganda autoritaria internacional.
Por Timothy Snyder
Ed Martin es un actor clave en el intento de cambio de régimen hacia el autoritarismo promovido por Trump. Su papel específico es transformar la ley en una herramienta para intimidar a los estadounidenses. Tras un periodo como fiscal federal interino en Washington D.C., marcado por un uso sin precedentes de su cargo como arma política, Martin continuará ahora su labor para Trump como el “zar de la instrumentalización” oficial.
Se trata de una nueva posición dentro del Departamento de Justicia, creada por la administración Trump, con el fin de castigar a personas que no han cometido ningún delito. Martin fue incorporado originalmente al “grupo de trabajo sobre la instrumentalización” aparentemente ex officio mientras era fiscal federal; ahora continuará como su presidente. Según sus propias declaraciones, su función será señalar públicamente a ciudadanos estadounidenses que no han sido declarados culpables de nada, ni siquiera imputados. Asegura que “no habrá límite en los objetivos”.
El pasado autoritario de Martin y su lealtad a Trump son hechos de dominio público. Ayudó a construir una realidad paralela en torno a la “gran mentira” y el intento de golpe de Estado de Trump, presentando a los responsables del asalto del 6 de enero como héroes que merecen apoyo financiero y perdones. Como fiscal interino, se describió a sí mismo como el abogado del presidente Trump y utilizó su cargo para enviar cartas intimidatorias a personas que de alguna forma disgustaban al mandatario. Amenazó a periodistas, universidades y científicos.
Martin, para usar el término histórico, está desempeñando un papel ostentoso en el intento en curso de lo que los nazis llamaron una Gleichschaltung de las instituciones: la eliminación de la distinción entre la ley y el líder, y el intento de forzar a todos los actores de la vida pública a alinearse con las declaraciones más recientes del líder. La referencia no es casual. Martin pertenece a la extrema derecha y es defensor de la teoría del “gran reemplazo”, la falsa idea de que existe una conspiración para sustituir a los estadounidenses blancos con inmigrantes. Mantuvo una relación de apoyo con un conocido nazi estadounidense.
Los zares, conviene recordarlo, eran autócratas rusos. El título de “zar de la instrumentalización” nos recuerda que mucho de lo que está ocurriendo en Estados Unidos bajo Trump ya ocurrió antes en la tierra de los zares. En la Federación Rusa actual, la ley se utiliza como arma. Las causas judiciales responden a los caprichos de Putin y su régimen, y se aplican en función de los intereses políticos (y económicos) de quienes ostentan el poder. Los medios rusos están repletos de acusaciones emitidas por funcionarios contra personas, señalándolas como criminales o transgresores, incluso antes de que sean juzgadas o sometidas a algún proceso judicial.
Es fundamental entender que el autoritarismo al estilo ruso es una posibilidad real en el mundo actual, una posibilidad que Martin no solo promueve, sino que encarna. Rusia no es una comparación para Martin; es una parte central de su carrera. No posee ninguna cualificación real para ocupar un cargo en el Departamento de Justicia. Su función tiene que ver, más bien, con convertir la ley en algo que nunca debió ser: un mecanismo para proteger a los poderosos y castigar a los inocentes que los desafían. Su audición para este papel fue como propagandista del régimen ruso.
El título de “zar de la instrumentalización” es apropiado porque los logros más notorios de Martin hasta ahora han sido, de hecho, al servicio de Rusia. Ha realizado más trabajo visible para la televisión estatal rusa que para cualquier otra institución. En otras palabras, Martin ya ha formado parte de un sistema legal instrumentalizado, y su carrera en Estados Unidos como “zar de la instrumentalización” es un paso natural tras su trayectoria como defensor de los regímenes autoritarios ruso y estadounidense.
Entre 2016 y 2024, Martin fue una figura destacada en RT y Sputnik, los medios de propaganda del Estado ruso. El propio Putin ha sido claro al respecto: una de las misiones centrales de RT y Sputnik es debilitar la posición y el poder de Estados Unidos. Cualquiera que aparezca en esos medios, como lo hizo Martin en más de cien ocasiones, sabe perfectamente lo que está haciendo. Durante ocho años, en prácticamente todos los temas del día, Martin se dedicó a difundir propaganda engañosa sobre Estados Unidos y a defender tanto a Putin como a Trump. Su trabajo mediático en Rusia superó con creces cualquier aparición que haya tenido en medios estadounidenses.
Julia Davis, quien realiza la importante labor de contextualizar la televisión de propaganda rusa para una audiencia global, ha documentado las apariciones de Ed Martin. Con su permiso, comparto su trabajo en el siguiente párrafo. Se incluyen ejemplos, con enlaces a videos de sus intervenciones, que muestran cómo Martin difunde falsedades al servicio de los autoritarismos ruso y estadounidense. Si deseas evaluar más de sus apariciones, más allá de las que se citan a continuación, aquí (nuevamente gracias a Julia Davis) hay una recopilación más extensa de su presencia en la televisión de propaganda rusa.
Según Martin, en la televisión de propaganda rusa, Trump como presidente de Estados Unidos puede hacer “lo que quiera”. Martin propone que vivamos en la realidad alternativa que ofrece la propaganda rusa, ya que —según él— los medios estadounidenses no son confiables. Afirma que las elecciones en Estados Unidos están manipuladas y que los implicados en el asalto al Capitolio del 6 de enero son presos políticos. (Cabe señalar que Martin, en esas mismas apariciones, anticipaba su propio rol en la solicitud de indultos para estas personas y en la recaudación de fondos para ellos).
Martin negó que Rusia interfiriera en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016, a pesar de que existen pruebas claras y continuas, incluyendo informes no refutados de que en 2024 ciudadanos rusos hicieron falsas amenazas de bomba en distritos electorales mayoritariamente demócratas. Martin también tiene una visión clara del papel que, en su opinión, debe desempeñar Estados Unidos en el mundo: servir a Putin y sus guerras. Repitiendo las afirmaciones del Kremlin en ese momento, Martin aseguró que los servicios de inteligencia estadounidenses estaban equivocados sobre la inminente invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, cuando en realidad acertaron por completo. Según él, la OTAN es innecesaria. Estados Unidos debería ser aliado de Rusia.
Hubo un tiempo, no muy lejano, en que haber prestado servicios prolongados a redes de propaganda extranjeras hostiles descalificaba automáticamente a una persona para ocupar cargos en el gobierno federal. Ahora, como se jacta el director de RT, parece ser una credencial. Como Trump busca lealtad personal hacia él, más que hacia Estados Unidos, la disposición a servir a países extranjeros —al menos a dictaduras corruptas— se convierte en un filtro útil. Repetir consignas de la propaganda rusa difícilmente podría ofender a Trump; él mismo lo hace con frecuencia. Participar en el sistema propagandístico de Putin puede entenderse, naturalmente, como la preparación ideal para colaborar en el intento de Trump de transformar el régimen estadounidense. Sabemos que Trump elige a sus colaboradores tratando sus apariciones televisivas como audiciones. ¿Por qué no considerar también las apariciones en la televisión rusa? Tal vez mejor aún.
No sorprende, entonces, que Martin haya dicho que su principal tarea como zar de la instrumentalización será castigar a quienes investigaron las conexiones —muy reales— de Trump con Rusia. Este país ha pagado un alto precio por no reconocer la intervención rusa en las elecciones de 2016 por lo que fue: un hecho de gran impacto, posiblemente decisivo en ese momento, y una señal clara de la era venidera de cooperación oligárquica a través de herramientas digitales para instaurar regímenes de derecha. Esa era ya está aquí.
Hay, sin duda, algo inquietante en la sumisión de Trump hacia Rusia: nombra como funcionarios a figuras destacadas de los medios rusos (como Tulsi Gabbard, quien increíblemente fue designada directora de inteligencia nacional), exime a Rusia de aranceles cuando otras naciones fueron sancionadas, se niega a presionar a Putin para detener una guerra cuando esa es la política evidente, y envía como enviado especial a Moscú a alguien que simplemente repite las afirmaciones del Kremlin y utiliza traducciones rusas.
Demasiados han cedido ante el temor de que Trump tache de “engaño” cualquier intento de señalar los elementos rusos en nuestra realidad actual. Por ejemplo, que nuestro zar de la instrumentalización se haya formado en ese rol al servicio de Rusia. Con nuestra instrumentalización de la ley y nuestros “zares”, tenemos un problema con Rusia.
Trabajar con instituciones rusas no perjudicará a Martin entre los seguidores de Trump, quienes han sido entrenados para no ver a Rusia como un país con intereses propios, sino como parte de un "engaño", una conspiración contra Trump. Esta es la triste conveniencia del lema “America First”: en realidad significa “Solo América”. No importa cuán mal estén las cosas, siempre seremos los primeros, ya que en nuestras mentes no existen otros países.
Si otros países carecen de sentido, entonces los simpatizantes de MAGA pueden estar tranquilos: no hay complicidad de oligarcas internacionales, ni una red de fascistas globales, ni planes de países como Rusia para destruir Estados Unidos desde adentro. Si los demás países no importan, entonces nunca parece necesario preguntar: ¿por qué la propaganda rusa y la retórica trumpista coinciden tan frecuentemente, al punto de que formarse en una equivale a estar preparado para repetir la otra?
Pero, por supuesto, hay republicanos que aún tienen un sentido claro del interés nacional de Estados Unidos y del imperio de la ley. Para ellos, los vínculos de Martin con Rusia deberían ser motivo de preocupación.
La conexión con Rusia es quizá más importante para los opositores a Trump. Hablar de los lazos de Martin con Rusia no es una forma de desviar la responsabilidad hacia otro país por nuestros propios errores. Al contrario, es una forma de asumirla.
Mientras veamos a Trump y sus leales como figuras puramente estadounidenses, nuestro excepcionalismo nacional nos lleva a normalizar sus actos. Nos preguntamos, una y otra vez, si esto es “realmente” un intento de acabar con la democracia. Pero si tomamos en serio las conexiones de alguien como Martin con un poder autoritario extranjero, envuelto en una guerra genocida, obtenemos una visión más clara de hacia dónde podrían ir las cosas.
Rusia es un país real y, para nosotros, una posibilidad real. Cuando reconocemos que el intento de hacer de Estados Unidos un país autoritario forma parte de una tendencia global decadente —con patrones generales que podemos identificar—, es entonces cuando podemos ver con mayor claridad dónde estamos… y ponernos a trabajar.
Fuente: substack.com