Alfredo Griz Cruz Jueves, 27 de Noviembre del 2025, 10:37
Entre auditorías, programas sociales inflados y obras sin terminar, el caso Tlaxcala exhibe la corrupción mexicana en su forma más desnuda.
Despacho 14El violento oficio de escribir
Por Alfredo Griz
En México, la corrupción suele esconderse entre montañas de presupuesto y capas de burocracia que hacen casi imposible rastrear la ruta del dinero. Pero Tlaxcala es una excepción geográfica con implicaciones políticas devastadoras: un estado tan pequeño que cualquier sombra proyectada sobre su administración se vuelve imposible de disimular. Tlaxcala es el laboratorio donde se observan, en escala pura, los vicios nacionales. Una réplica a menor tamaño del caos federal.
Desde 2020 y hasta 2025, Tlaxcala acumula un expediente que no crece: se desborda. Las auditorías —federales, estatales, internas, externas— no describen anomalías aisladas, sino un ecosistema completo donde las irregularidades se repiten como si fueran parte de la estructura genética del gobierno.
Aquí, lo que a nivel nacional se diluye entre dependencias, fideicomisos y programas, en Tlaxcala se observa como una radiografía limpia: obra que no existe, dinero que no aparece, padrones imposibles y contratos firmados como quien firma un papel en blanco.
Tlaxcala es, hoy, ese lugar donde el sistema deja de tener pretextos. Donde la lupa deja de ser un instrumento técnico y se convierte en un arma.
De 2020 a 2025: el expediente que no cierra
La Auditoría Superior de la Federación abrió en 2020 una línea de tiempo que debería haber generado correcciones, responsables y sanciones. En cambio, generó algo más incómodo: un archivo que crece todos los años sin que se cierre un solo capítulo.
Los números no son opiniones. Son una lista de fallas estructurales:
2020:
- 49.2 millones excedidos en pagos del Congreso y la SEPE.
- 136.1 millones en adquisiciones irregulares en Salud.
- 270.3 millones ejercidos sin validar en la misma dependencia.
- 981 mil pesos de diferencias en obra pública.
Aunque esta última cantidad parece “menor”, abre la puerta al patrón que dominará los siguientes años: la multiplicación de inconsistencias pequeñas que, sumadas, superan presupuestos completos.
2021:
- Más de 80 millones de pesos observados por fallas en obras, compras, servicios y controles internos que simplemente no existen o se ejecutaron en papel.
2022–2025:
Aunque no siempre se publican con el mismo detalle, el comportamiento se mantiene idéntico:
- Obras con avances del 30 al 50% reportadas como terminadas.
- Proveedores que reciben contratos sin tener capacidad técnica, física o financiera.
- Dependencias que gastan más de lo autorizado y después no pueden explicar el origen ni el destino.
FAM Y FAISMUN: Los programas donde la arqueología del desorden es más visible
Si alguna vez el gobierno quiso ocultar algo, eligió un muy mal lugar para hacerlo: el Fondo de Aportaciones Múltiples (FAM) y el Fondo de Infraestructura Social Municipal (FAISMUN).
Son programas diseñados para infraestructura escolar, apoyo alimentario y combate a la pobreza. En Tlaxcala, se convirtieron en el espejo más cruel del sistema, pero también el más evidente de la corrupción.
De 2023 a 2024, el FAM tiene una lista imposible de justificar:
- 35.2 millones en probable daño patrimonial.
- 1.9 millones pagados por trabajos o servicios que no ocurrieron.
- Escuelas reportadas como rehabilitadas al 100%, con avances reales de 30 a 50%.
- Contratos sin documentación, sin evidencia, sin bitácoras, sin pruebas.
- 1,085 beneficiarios de programas sin un solo respaldo que confirme que existen o recibieron algo.
- 2.141 millones en apoyos alimentarios observados por inconsistencias que apuntan a una conclusión obvia: el alimento no llegó a quien debía llegar.
La pregunta no es si se desviaron recursos. La pregunta es a cuántas personas se les robó dos veces: en la pobreza y en el programa que supuestamente los iba a ayudar a salir de la pobreza.
El patrón nacional reproducido en miniatura
A nivel nacional, la Auditoría Superior de la Federación mantiene investigaciones abiertas contra más de 2,000 funcionarios por peculado, desvío de recursos, abuso de autoridad y daño patrimonial.
Tlaxcala no solo reproduce el patrón. Lo hace más evidente. Aquí no hay megaproyectos, ni rutas de miles de kilómetros, ni contratos de miles de millones. Aquí hay caminos rurales, escuelas pequeñas, comedores comunitarios, techos, aulas, clínicas básicas. Y, aun así, se repite la misma ecuación:
- Proveedores observados en múltiples ejercicios.
- Transferencias sin comprobación.
- Contratos sin documentación.
- Padrones falsos, inflados o incomprobables.
- Obra pública deficiente que se deteriora antes de que se inaugure.
- Desvíos municipales disfrazados de “ajustes administrativos”.
El pequeño tamaño de Tlaxcala no es una ventaja administrativa. Es la razón por la que todo lo que falla queda expuesto. Y mientras la ASF señala irregularidades estatales de alto impacto, el Órgano de Fiscalización Superior de Tlaxcala parece mirar en dirección contraria. En lugar de confrontar las fallas del gobierno estatal, se concentra en los municipios.
Entre los casos más destacados se encuentran Chiautempan, Zacatelco, Xicohtzinco, Papalotla, Panotla, Teolocholco. Observaciones que van desde 2 millones hasta más de 40 millones.
Sí, ciertamente los servidores públicos de los municipios cometen irregularidades. Pero la lupa nunca está en la mesa donde debería estar: las decisiones de alto nivel, la administración central, el manejo estatal del presupuesto federalizado.
El resultado es una imagen distorsionada donde parece que los problemas son locales, comunitarios, pequeños.
Pero no lo son. Las fallas grandes están arriba. Donde nadie quiere mirar.Tlaxcala no es un estado pequeño con fallas pequeñas. Es un estado pequeño con fallas gigantes. Su tamaño no la protege; por el contrario, la expone. Y quienes incurren en estas corrupciones no tienen dónde esconderse: terminan obligados a exiliarse. Porque el dinero que no llegó se nota; la obra que no existe se ve; el programa que no funcionó se siente; y el padrón que no cuadra se demuestra en minutos.
Además, Tlaxcala revela lo que el resto del país prefiere ignorar: que la corrupción no es un accidente administrativo, sino una estructura que se replica en todos los niveles —federal, estatal y municipal— con la misma naturalidad con la que se repiten los ciclos presupuestales. La diferencia es que, en Tlaxcala, el sistema se quedó sin sombra. Y lo que queda a la luz es brutal.