Hazael Sayavedra Miércoles, 13 de Mayo del 2026, 00:00
La muerte de El Payín desata cuestionamientos sobre el alcance real de la CIA en territorio mexicano y su impacto político.
Por Hazael Sayavedra
La explosión que acabó con la vida de Francisco Beltrán, conocido como El Payín, el 28 de marzo de 2026, cerca del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), fue mucho más que un ataque selectivo contra un operador del Cártel de Sinaloa. El Payín era un operador de nivel medio ligado a la facción de Los Mayos (la estructura de Ismael “El Mayo” Zambada). Trabajaba bajo las órdenes de Héctor Manuel Avendaño Ojeda, alias “El Meño”, uno de los hombres de mayor confianza del Mayo, fungiendo como generador de violencia y operador logístico, tanto en Sinaloa como en el Valle de México.
Según un reportaje exclusivo de CNN, un artefacto explosivo fue colocado intencionalmente dentro de la camioneta Tacoma en la que viajaba El Payín, junto a su chofer, Humberto Rangel Muñoz. La detonación ocurrió en Tecámac, Estado de México, mientras circulaban por la carretera México-Pachuca. Fuentes anónimas detallaron que se trató de un asesinato dirigido, facilitado por oficiales de la unidad élite Ground Branch de la CIA, como parte de una campaña ampliada y, hasta ahora, poco conocida contra operadores de nivel medio de los cárteles.
Ground Branch es la rama paramilitar terrestre del Special Activities Center (SAC) de la CIA. Está integrada principalmente por exmiembros de unidades de élite, como Delta Force, Navy SEALs y Green Berets. Sus operadores están entrenados para acciones encubiertas, sabotajes y operaciones de alto riesgo en entornos hostiles, manteniendo siempre la máxima denegabilidad. Esta misma unidad ha participado en algunas de las operaciones más delicadas del mundo, desde la caza de altos mandos de Al Qaeda en Afganistán y Pakistán, hasta misiones encubiertas en Irak y Siria.
Lo más relevante de esta historia no es únicamente la operación cinética, sino la filtración deliberada de sus detalles a un medio internacional de gran prestigio. Al hacer pública esta información, se activaron de inmediato varias técnicas clásicas de PSYOPS (operaciones psicológicas).
Entre las tácticas empleadas destacan la creación de incertidumbre y paranoia, dejando deliberadamente ambigua la autoría del ataque para que los operadores de nivel medio comiencen a desconfiar de su propio círculo cercano. También se utiliza el efecto demostrativo: al mostrar que ni siquiera saliendo de un aeropuerto controlado por el Ejército se está a salvo, se degrada la moral y la voluntad de resistencia.
Otra técnica clave es sembrar discordia y desconfianza organizacional, generando fracturas internas que paralizan la operación diaria del cártel. Por último, destaca el uso de propaganda blanca, a través de un medio creíble como CNN, que otorga legitimidad y mayor alcance al mensaje. Estas técnicas coinciden con las descritas en manuales oficiales, como el FM 3-05.301 Psychological Operations Tactics, Techniques, and Procedures del Ejército de Estados Unidos, y con el manual histórico de la CIA Psychological Operations in Guerrilla Warfare.
El gobierno mexicano reaccionó de inmediato. El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, rechazó categóricamente cualquier versión que normalice operaciones letales, encubiertas o unilaterales de agencias extranjeras en territorio nacional. Afirmó que la cooperación con Estados Unidos existe, pero "siempre respetando la soberanía mexicana".
Sin embargo, lo que hay detrás de esta estrategia va más allá de debilitar al narco en México. El verdadero objetivo parece ser también erosionar la credibilidad y la autoridad del propio gobierno mexicano. Cada filtración pública demuestra que Washington está actuando de forma unilateral dentro de nuestro territorio, exponiendo la incapacidad —o la falta de voluntad— del Estado mexicano para controlar lo que ocurre dentro de sus fronteras.
Los cárteles ya no se enfrentan solamente al Estado mexicano. Se enfrentan a la agencia de inteligencia más poderosa y con mayor experiencia operativa del mundo: una institución que combina precisión quirúrgica con una guerra psicológica de alto nivel. Cada golpe que se filtra debilita, día con día, la narrativa oficial del gobierno mexicano de que “en México no hay una guerra que esté siendo librada por alguien que no son ellos”.
Cuantos más de estos golpes salgan a la luz pública, a través de esta campaña de propaganda blanca, más insostenible se volverá esa versión. La información se ha convertido en el arma más letal del arsenal estadounidense en esta nueva fase del conflicto. No solo eliminan objetivos, sino que convierten cada eliminación en un mensaje público que genera miedo, parálisis operativa y desconfianza interna, tanto en los cárteles como en las instituciones del Estado mexicano.
Lo que estamos presenciando no es solamente una campaña de inteligencia contra el narco. Es una guerra híbrida, donde la línea entre lo cinético y lo psicológico se ha borrado por completo. Y, hasta ahora, parece estar cumpliendo exactamente el objetivo que sus autores diseñaron.