Juan Ricardo Montoya Benítez Viernes, 23 de Junio del 2023, 08:00
Las prostitutas también eran amenazadas por Los Cotorros como parte de su control.
(Parte 1)
Por Juan Ricardo Montoya
La madrugada del 26 de marzo de 2009, Rosendo Hernández, alias La Cotorra, se despertó sobresaltado y se paró de la cama porque escuchó un ruido extraño en las afueras de la casa. Se asomó a una ventana, y salió de la habitación. Les gritó a los otros que estaban dentro de la vivienda que estaban rodeados por la policía. Nayeli, su pareja sentimental le preguntó qué pasaba pero no respondió.
La Cotorra se metió a otro cuarto, y a gritos, con tono de desesperación, llamó por teléfono a sus jefes -al parecer, al Mascafierros- y les pidió que le enviaran refuerzos. Nunca llegaron.
Mientras esto ocurría, Nayeli se asomó a la ventana y vio que la casa estaba rodeada por agentes armados de la Procuraduría General de la República (PGR). Entonces se encerró en un baño donde, instantes después se ocultó también La Hondureña, la otra mujer que estaba con Nayeli. Poco después comenzó un intercambio de balas entre La Cotorra y los federales, los cuales lanzaron gas lacrimógeno.
Tosiendo por los efectos del gas, y asustadas, las dos mujeres salieron del baño enmedio de la balacera; abrieron la puerta de la casa y salieron corriendo hacía donde estaban los agentes, quienes les hicieron la señal de que se tiraran al piso y se arrastraran hacía donde estaban ellos, mientras contestaban los disparos de La Cotorra, a quien luego de varios minutos lo abatieron.
Los demás criminales con los apodos El Dani, El Raza y El Gordo, tras rendirse, a gritos fueron sacados del lugar. Aunque no opusieron resistencia y pese a que en su declaración aseguraron que tuvieron "un trato cordial" por parte de los agentes, en las fotos que les tomaron para las fichas qué les elaboraron al ser ingresados a un penal federal, se muestran muy golpeados, con los ojos morados y los párpados hinchados.
Era la peligrosa banda de Los Cotorros, la cual tenía la "franquicia" de Los Zetas de Hidalgo -liderados en aquel entonces por El Mascafierros- para secuestrar, pedir rescate y asesinar a personas en esa región utilizando en algunos casos como "carnada" a sexoservidoras para perpetrar los levantones (secuestros).
El operativo policíaco de la extinta PGR se realizó en el rancho Don Goteay, en las afueras de la cabecera municipal de Huichapan, casi en los límites de Hidalgo con Querétaro.
De acuerdo con los expedientes del caso, cuyo contenido permaneció inédito hasta el día de hoy, el jefe de la banda Rosendo Hernández, conocido también con los alias de Rubén Ramos García, La Cotorra o El Diablo, fue el único que opuso resistencia y comenzó a disparar con un arma de alto poder a los federales para evitar ser capturado. Los agentes se vieron obligados a abatir a Rosendo cuyo rostro quedó totalmente desfigurado por las balas. Antes de morir, La Cotorra logró asesinar a uno de los agentes.
Los otros cinco integrantes de la banda, dos de ellas mujeres, se entregaron a los policías federales. Fueron identificados como Germán Cruz Pagola, El Raza, de 34 años; Daniel Viveros García, El Dani, de 41; Nayelli Ortiz Galindo de 27, y Usiel Vargas González, de 31, conocido también como El Gordo o El Oso. Éste último originario de Veracruz.

También fue aprehendida una joven de 20 años, Gabriela Estefanía García Escobar, originaria de Honduras y que era conocida también como "Alejandra Pérez Suárez", nombre qué según ella misma explicó al agente del Ministerio Público que la interrogó que utilizaba ese nombre cuando acudía a los bares de Ixmiquilpan, Hidalgo, donde trabajaba como prostituta.
Fue en uno de esos centros de vicio donde conoció a La Cotorra y a El Gordo quien presuntamente la "contrató" para que "anduviera" con él. Pese a ello, en el boletín de la PGR donde se informó la captura de la banda, se le nombró como Alejandra Pérez Suárez.
Durante el cateo en el rancho Don Goteay, la policía además encontró ocho armas de fuego (cuatro largas y cuatro cortas), varios vehículos, así como identificaciones falsas de la PGR. También, en el patio había una fosa clandestina. Lo que no se dio a conocer a la opinión pública (tal vez para no alertar a los cómplices de Los Cotorros) fue el hallazgo de varios cuadernos escolares y fajos de hojas de papel mecanografiadas con las nóminas de los sobornos que La Cotorra pagaba a policías federales, estatales y municipales de Pachuca, Huichapan y otros municipios.
En esos listados, aparecían divididos en apartados, según la corporación, los nombres de los policías corruptos, junto a las claves con las que se comunicaban con ellos por radio o teléfonos Nextel, y las cuales sirvieron como evidencias para que la PGR obtuviera de un juez federal diversas órdenes de aprehensión qué se ejecutaron meses después.
Las dos mujeres capturadas, Nayelli Adriana Ortiz Galindo y Gabriela Estefanía García, en ningún momento reconocieron ser partícipes en los actos delictivos de Los Cotorros, a pesar de que fueron encontradas en el interior del rancho Don Goteay por los federales. Aunque los otros miembros de la banda reconocieron a Nayeli como "pareja" de Rubén Ramos García y a Gabriela como "novia" de El Gordo; la primer mujer aseguró que mediante amenazas, había sido obligada a vivir con La Cotorra, mientras que Gabriela argumentó qué unos días antes había sido contratada para tener relaciones sexuales con El Gordo, lo que no fue suficiente para que evitarán fueran enjuiciadas y condenadas a pasar once años de cárcel.
La vida de Gabriela
En su declaración ante el agente del Ministerio Público, Gabriela Estefanía dijo que tras haber vivido de forma ilegal por un lapso de cinco años en Anaheim , California, en marzo de 2008 decidió viajar a México en avión junto con Neftalí su niño menor de edad, tras pelearse con su madre y con el padre de su hijo con el que vivía en los Estados Unidos.
Allí conoció a una persona originaria de Ixmiquilpan, Hidalgo, quien le ofreció hospedaje en la casa de unos familiares que vivían en la localidad de El Fitzhi. Por ello, según Gabriela, en cuanto llegó junto con su hijo al Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México, se trasladó en taxi a la Central de Autobuses del Norte y allí tomó un autobús con rumbo a Ixmiquilpan, donde vivió en la casa de sus amistades por tres semanas.
Al poco tiempo comenzó a trabajar como sexoservidora en el bar La Movida (hoy Jet Set) de Ixmiquilpan, donde rentó un departamento cercano al antro junto con otra compañera de trabajo de nombre Fernanda, quien además le cuidaba al niño. Relató que un año después, exactamente la noche del 23 de marzo de 2009 (dos días antes del operativo en que fue abatido La Cotorra), llegaron al bar "bien vestidos" Rosendo o Rubén Ramos, Germán Cruz, Daniel Viveros y Usiel Vargas, El Gordo.
Me ofrecieron pagarme 3 mil pesos a cambio de ser la pareja de Usiel por tres días, se me hizo atractiva la oferta: Nayeli.
"Se me hizo atractiva la oferta, por lo que me llevaron en una camioneta Yucón gris a mi casa por ropa y luego de una hora de camino llegamos al municipio de Huichapan", narra Gabriela. La vivienda era muy rústica, de piedra y de un solo piso, en la cual desde la puerta se podía ver la cocina, la sala y cuatro recámaras.
Los individuos la dejaron allí y se marcharon. Le dijeron que iban a regresar en un rato.En un rincón del fondo de la sala "estaba un señor atado de pies y manos, vendado de los ojos. La verdad lo vi muy mal físicamente ya que se quejaba mucho, por lo que me acerqué y le pregunté que si quería algo y me pidió un vaso con agua, el cual se lo di".
El secuestrado también le pidió de comer por lo que cocinó un huevo con el que le hizo dos tacos con tortillas que había en la cocina. Gabriela le pidió al hombre que no les dijera nada a Rubén y a los otros individuos que le habia dado de comer "porque me iba a meter en un problema" y abrió la ventanas de la casa para que el lugar se ventilara y echó aromatizante.
Quince minutos después Rubén y sus compinches regresaron a la casa y se llevaron al hombre desconocido sin que Gabriela supiera a qué lugar ni para qué. Al momento en que, a punta de golpes, patadas e insultos sacaron al secuestrado, escuchó que El Gordo dijo a los otros individuos: "Qué no se dé cuenta la pinche puta".
Gabriela aseguró que esa noche la pasó con El Gordo mientras Rubén estuvo con Nayeli en otra de las cuatro recamaras qué había en la casa. El Raza y El Dani durmieron en las otras dos.
Nayeli dijo: "Gabriela ya estaba en la casa cuando yo llegué el lunes 23 de marzo".
En este punto surge una de las tantas contradicciones en que Gabriela incurrió al momento de brindar su declaración ante el Ministerio Público. El supuesto hecho de que dio de comer al secuestrado a quien le pidió que no la delatara con La Cotorra y que abrió las ventanas de la casa para ventilarla cuando supuestamente Nayeli se encontraba en la vivienda, toda vez que no mencionó que la mujer se había ido con los otros cuatro miembros de la banda.
En una ampliación de su declaración fechada el 22 de abril, Gabriela Estefanía relató haber presenciado el secuestro de un "pollero" (forma en que en México llaman al tráfico de migrantes que aspiran cruzar a Estados Unidos) cuando ejercía la prostitución en el municipio de Actopan. Se desconoce qué fue lo que motivó a La Hondureña hacer la declaración en ese sentido, pero ese relato lejos de ayudarla la perjudicó.
La mujer aseguró que a inicios de 2009, conoció a un individuo al que apodaban El Vacas, recomendado por su madre Lidia Patricia García Escobar y "que se dedicaba a pasar gente a los Estados Unidos".
Ella tenía la intención de regresar a los Estados Unidos y por ello le llamó por teléfono a El Vacas y le preguntó cuánto le iba a cobrar. El traficante de migrantes le respondió que 2 mil 500 dólares. Para acordar la forma del pago y la fecha en que iniciaría el viaje para cruzarla a Estados Unidos, se citaron en la Central Camionera de Actopan al día siguiente. Allí la pasó a recoger El Vacas y se fueron a comer a un restaurante.
Durante la comida, según Gabriela Estefanía, El Vacas la invitó a que se fueran a tomar bebidas alcohólicas a un bar, para lo cual fueron en busca de otra sexoservidora, de nombre Deyanira, "a quien conocí hace tres meses en el bar El Paraíso, donde ambas trabajábamos de ficheras". Al llegar, en una camioneta pick up color roja de modelo atrasado a la casa de Deyanira, El Vacas la invitó a que los acompañará al bar, y la mujer aceptó.
"Por lo que de su casa nos fuimos al hotel Jardín, que se encuentra en el centro de Actopan, para que me diera un baño y de allí nos fuimos al bar La Mansión, porque así lo sugirió Deyanira, llegando a ese lugar en la noche".
El Vacas pidió al mesero una cubeta de cervezas y una botella. "Pasadas aproximadamente dos horas se presentaron en el bar varios sujetos, vestidos de color negro y gorras del mismo color, quienes portaban armas largas, dirigiéndose hacia donde estábamos El Vacas, Deyanira y yo", describió Gabriela.
"Levántate, hijo de tu puta madre", le gritaron a El Vacas tras apuntarle con las armas, al que sacaron del bar y lo metieron en un vehículo. "De la misma forma a mi me sacaron también del bar, subiéndome a una camioneta Van donde me mantuvieron agachada por tres horas".
Mientras el vehículo circulaba con rumbo desconocido, los individuos golpearon e insultaron a Gabriela Estefanía a quien después, de un aventón, la echaron del vehículo, dejándola abandonada sobre "la carretera que va a Querétaro" según relató.
Esa vía comunica a la ciudad de Pachuca con Querétaro y cruza precisamente el municipio de Huichapan, centro de operación de Los Cotorros. Ella entonces sacó su teléfono celular y le llamó a un taxista amigo suyo, llamado Nico, quien fue por ella hasta ese lugar. Luego le llamó a Deyanira, quien le dijo que tras el "levantón" de ella y de El Vacas, permaneció un rato más en el bar, tras lo cual llamó al conductor de un taxi para que la llevara a casa.
Aunque al ser interrogada negó haber tenido algún tipo de participación en el "levantamiento" de El Vacas, hay muchos puntos oscuros en el relato de La Hondureña, como el por qué los sujetos se la llevaron a ella y no a Deyanira; cómo sabían dónde se encontraba el "pollero" y el que la hubieran supuestamente liberado.
Hasta el momento, han pasado 14 años desde la desaparición de El Vacas. Desde ese día se desconoce su paradero y quiénes eran los individuos que lo "levantaron", pero se sospecha que fue la banda de Los Cotorros.

Nayeli, la novia de La Cotorra
Nayeli Adriana Ortiz Galindo, alias Diana, originaria de la Ciudad de México, fue la otra mujer capturada en el rancho Don Goteay, de Huichapan. Aunque en todo momento negó su paticipacion en las actividades delictivas de la banda, fue pareja sentimental de La Cotorra.
Relató que en agosto de 2004 su pareja sentimental, Virgilio Martínez Cruz se fue a trabajar a Estados Unidos; antes de irse le dijo que si no regresaba en el lapso de un año "que cada quien hiciera su vida" lo que al final ocurrió. Para mantener a su pequeña hija Pamela, en ese entonces de dos años, Nayeli trabajó en una tienda de ropa del centro de la Ciudad de México donde le pagaban un sueldo de 700 pesos a la semana, con un horario de 7 de la mañana a 9 de la noche, lo cual era un salario insuficiente.
Por ello, su hermano Daniel Ortiz que trabajaba como mesero en bares, le comentó que las "ficheras" -mujeres que cobran por bailar con los clientes, algunas de las cuales además se prostituyen- ganaban muy bien "sin necesidad de desnudarse, aunque había algunas que sí lo hacían".
En enero de 2006, le dijo a su hermano que necesitaba ganar bien y tener tiempo para cuidar a su hija, por lo que entró a trabajar como "fichera" en el bar Muchachitas, ubicado en el estado de Guerrero. Allí empezó a ganar tres mil pesos por los tres días a los que asistía al bar a bailar y beber con los clientes. En ese lugar trabajó como fichera medio año.
Una de sus compañeras le comentó que se ganaba más en los bares de Hidalgo, lugar que además estaba más cerca del Estado de México, por lo que Nayeli, en agosto de 2007, comenzó a trabajar en el table dance El Rickys, ubicado en Ixmiquilpan, Hidalgo, propiedad de un hombre identificado como Polo Arumir.
Un año después, en agosto de 2007, comenzó a frecuentar ese bar Rosendo Hernández, La Cotorra, junto con otros individuos, que le pedían a Nayeli que los acompañara en su mesa para consumir bebidas alcohólicas. Con el tiempo, se hizo amiga de Rosendo quien le contó que era originario de Veracruz y trabajaba como agente de la Procuraduría General de la República; estaba casado y tenía dos hijas.
En ningún momento le dijo a Nayeli su verdadero nombre, ya que se identificó como Rubén Ramos García. Luego comenzó a sostener llamadas telefónicas e intercambiar mensajes con Rosendo e incluso a salir con él. Después tras decirle que la amaba y que ya no quería fuera a trabajar al bar, Rosendo le ofreció pagarle tres mil pesos para estar con él en un hotel los tres días a la semana que acudía a trabajar a Ixmiquilpan.
Luego la convenció de vivir con él en Ixmiquilpan, por lo que Nayeli sacó a su hija de la escuela en la que tomaba clases en el Estado de México y se cambió a la casa que rentaba La Cotorra en el barrio de El Fitzhi, del municipio de Ixmiquilpan.
Fue en ese momento cuando Rosendo le dijo que no era un agente federal. "Ahora que ya estás aquí debes saber a qué me dedico", relató Nayeli. "Soy un Zeta y me dedico a levantar gente que anda mal, gente que hace dinero con negocios sucios como polleros o que venden cosas robadas", le dijo Rosendo, quien le pidió a la mujer que no se preocupara.

"Me dijo también que él me había utilizado para que ante los ojos de la gente él apareciera como una persona normal, como un padre de familia". Luego, le advirtió, "si dices algo, voy a matar a tu hija, te voy a matar a ti y a toda tu familia".
Por ello Nayeli decidió escapar de la casa y regresarse junto con su hija al Estado de México, consciente del peligro qué corrían. A sus familiares les comentó que las cosas "no habían funcionado" con Rosendo y que por eso se había regresado. Entonces,La Cotorra le llamó por teléfono y bajo la amenaza de matar a toda su familia, le ordenó qué regresará con él, "ya que yo sabía mucho y que tenía que estar con él hasta que él se aburriera de mí".
Así, Nayeli, cada semana se regresaba a Ixmiquilpan, donde pasaba tres días con Rosendo quien la recogía en la Central de Autobuses y la llevaba a otra casa, ubicada en Huichapan.
"Él siempre me recordaba que hasta que se aburriera de mí las cosas iban a seguir así, por lo que la relación a partir de ese momento comenzó a cambiar tanto que ya sentía mucho miedo, inclusive al estar con él me daba mucho asco y no tenía alternativa, porque siempre estuve amenazada". De jueves a domingo, Nayeli se quedaba encerrada en la casa, y preparaba la comida que Rosendo compraba. Además de las intimidaciones, Rosendo le redujo el pago semanal por acompañarlo de 3 mil a 2 mil pesos.
Aunque al inicio de la declaración ante el Ministerio Público Nayeli dijo que no sabía el nombre verdadero de Rosendo y que lo conocía por el de Rubén García, líneas más adelante de su relato se contradijo y comentó que una vez encontró un recibo de Coppel a nombre de Rosendo, a quien le dijo que ya conocía su identidad a lo que le contestó que ése sólo era un "prestanombre".
Durante los días que permanecía con Rosendo, Nayeli dijo que constantemente se ausentaba para ir a "juntas" sin saber con quiénes o para qué. A veces, relató, que la sacaba en auto para que la acompañara a Ixmiquilpan donde Rosendo se entrevistaba con agentes de la PGR y policías municipales, a quienes entregaba fajos de billetes de 200 pesos.
Nayeli en su extensa declaración dijo que La Cotorra a veces la llevaba al local de un restaurante abandonado, ubicado sobre la carretera que une a la localidad de Don Goteay a la cabecera de Huichapan. "La fachada era anaranjada, con zaguán negro a un lado; tenía ventanas y unas puertas pequeñas". Rosendo se bajaba del auto y se metía al lugar, donde siempre se encontraban los otros miembros de la banda. "En una ocasión lo escuché decir que estaban consiguiendo gas, ladrillos y cemento".
En otra ocasión, Rosendo le dijo a Nayeli que iba a ir a cocinar un borrego y se salió de la casa donde vivían. Cuando horas después regreso, Nayeli aseguró que Rosendo "olía muy feo". "Le pregunté porque olía así y él me dijo que habían quemado a una persona, y yo le pregunté por qué. Dijo porque se había muerto alguien".
A mediados de marzo, cuando la recogió de la Central Camionera de Ixmiquilpan para llevarla a Huichapan, Rosendo le dijo que la iba a llevar a la casa donde estaban sus compañeros, porque había recibido la orden de sus jefes de permanecer en ese lugar, que después se enteró era una casa que estaba en el Rancho Don Goteay.
Allí notó los pies de una persona que se encontraba debajo de un sillón. Ella le preguntó que estaban haciendo con él, a lo que Rosendo le contestó "no te preocupes, él mañana se va". Obviamente se trataba de un secuestrado al qué llamaban "El señor de las canteras".
Pero el secuestrado permaneció allí por tres días más, hasta que según Rosendo le dijo a Nayeli que ya lo habían liberado, que "sus jefes de Pachuca ya habían ido a recoger el dinero".
Dijo saber que La Cotorra se reunía en la ciudad de Pachuca con otros integrantes de Los Zetas, en particular a un lugar al que llamaban El Paste -posiblemente un local donde se venden empanadas- así como una plaza comercial, sin saber cuál.
En su declaración ante el Ministerio Público, Nayeli identificó a los otros cuatro detenidos.
De Gabriela Estefanía, Nayeli dijo que según le había dicho Rosendo, la apodaban como La Hondureña, que era prostituta y "qué anduvo con varios de ellos, pero que era la actual pareja de El Oso y que era la encargada de hacer la limpieza y la comida, hecho que Gabriela negó.
Al final, las autoridades determinaron que ambas mujeres eran parte de la banda y pasaron 11 años presas en el penal de Santiaguito, en Almoloya de Juárez, en el Estado de México.
Gabriela, al ser liberada, fue detenida en 2020 por agentes del Instituto Nacional de Migración y deportada a Honduras. Del destino de Nayeli nada se sabe.