Guadalupe Lizárraga Jueves, 13 de Marzo del 2025, 00:00
Jacobo Tagle detalla las torturas a Sheinbaum, y le pide su libertad: "llevo 15 años preso injustamente por un supuesto secuestro que jamás cometí".
Por Guadalupe Lizárraga
Jacobo Tagle Dobin, desde el Cefereso de Tapachula, Chiapas, envía una carta pública a la presidente Claudia Sheinbaum, pidiendo su libertad tras la muerte de Isabel Miranda Torres, quien lo señaló como culpable del secuestro de su hijo, Hugo Alberto Wallace Miranda en 2005, y lo torturó en 2010 para que aceptara la culpabilidad.
En la misiva, Jacobo relata la fabricación del caso Wallace, dando detalles de la detención arbitraria, las torturas que sufrió tanto en su detención como en los diferentes penales —incluyendo una violación sexual en Veracruz—, y cómo le expropiaron la casa a su madre como medida de presión para obligarlo a declararse culpable.
Jacobo Tagle fue uno de los primeros acusados que Isabel Miranda exhibió como secuestrador de su hijo en espectaculares publicitarios en la Ciudad de México. Esta imagen ha sido reiteradamente usada no solo por los medios locales, sino también por la empresa internacional Netflix. Esta exposición, violatoria de su presunción de inocencia, llevó a Tagle a esconderse de la persecución.
Sin embargo, el 3 de diciembre de 2010, Jacobo —denunciado por su propia expareja sentimental en aras de obtener una recompensa— fue detenido por agentes ministeriales del Estado de México, quienes operaban bajo las órdenes de Isabel Miranda.
En 15 años, Jacobo ha sufrido seis traslados ilegales, ya que no hubo ninguna orden judicial de por medio. En la carta, especifica que cuenta con dos protocolos de Estambul positivos en tortura y que lo han mantenido lejos de su familia para causarle más sufrimiento. Lleva cinco años sin ver a su madre, quien está enferma y no puede trasladarse a la prisión donde se encuentra su hijo.
"Todo este asunto fue creado por la señora Wallace. y desde el primer tomo del expediente, hasta la mayoría de ellos, carecen de formalidades de ley, todo el proceso está viciado, y a todos los que estamos presos nos han torturado cruel y despiadadamente, y algunos -como en mi caso- nos violaron por órdenes de la señora Wallace", narra Jacobo.
Respecto a las torturas, las describe cómo fueron. Una de las más brutales ocurrió en el Cefereso #5 de Villa Aldama, Veracruz: “Fui torturado durante 18 meses, dos o tres veces por semana, con gas lacrimógeno que me echaban en la cara, boca, ano, testículos y todo el cuerpo, mientras me daban toques con pistolas Taser…”.
En otra ocasión, continúa Jacobo, un grupo de civiles encapuchados lo torturaron en el cubículo de C.O.C.:
“Me torturaron ahogándome la cabeza dentro de unas cubetas con agua y me decían que solo me dejarían de molestar si me declaraba culpable ante el juez de mi proceso. A finales de 2012, fui brutalmente torturado y violado: me introdujeron un tolete en el ano lleno de gas pimienta y me rasuraron con un rastrillo viejo que, según ellos, era de un sidoso. Sin embargo, mi fe en Hashem, Dios, Jehová, me mantuvo en pie, aunque quedé con muchos daños psicológicos, médicos y trastornos”.




Jacobo, de manera reiterada, pide en la misiva a Sheinbaum que lo libere: “Soy inocente, no soy una mala persona. Ya le destrozaron la vida a mi mamá y a mis hermanos, al grado que la señora Wallace se encargó de quitarles su casa. Por favor, presidenta, como yehudí se lo digo: soy inocente. Conozca a mi madre y a mis hermanos; son una buena familia apegada al cien por ciento a la religión judía”.
Refiere que en la prisión todavía llega la influencia de la señora Wallace. Durante las visitas familiares, a su esposa solo le permiten dos horas, mientras que al resto de los internos generalmente les dan cinco. Incluso, dice que su esposa es molestada, exigiéndole que se desnude, además del maltrato verbal. También especifica que lo tienen viviendo en un módulo para sentenciados, cuando él todavía se encuentra en prisión preventiva.
“Somos inocentes, y todas las pruebas fueron fabricadas y sembradas en nuestra contra. Ya hay dos libros que hablan de todo esto: El falso caso Wallace y La lucha por la verdad, escritos por Guadalupe Lizárraga. Le pido su ayuda para hacerme justicia…”.

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