El amor de Aidée y el tucansito
La jaula del tucansito de Aideé.

Livia Díaz

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Un tucansito con una pata deformada que fue separado de su cuidado a pesar de una orden judicial en Veracruz.

Por Livia Díaz

Xalapa, Veracuz.- El tucán, en varias culturas, es venerado. En su pico tiene los colores del arcoíris y se le considera una conexión con el otro mundo, en el que el espíritu está presente, aunque no pueda verse, y son las almas las que yacen detrás de su presencia.

A esta ciudad llegó, llena de amor como cada día, la señora Aidée García Barradas, en su tránsito hacia Villahermosa, y dio una declaración a varios medios en una rápida rueda de prensa para hablar de su amor por un tucán de pata corta, de nombre Sebastián, que se exhibe —sin su autorización consciente— en Naturalia.

Resulta ser, amado lector, que este animalito llegó a la vida de Aidée hace dos años, cuando era un chiquillo. ¡Qué alegría! Pero también, qué tristeza: se lo quitaron con una suerte de engaños en Profepa y lo mantienen lejos de su hogar, a pesar de tener un amparo concedido a su favor.

De ello nos proporcionó documentos y videos que dan cuenta de años de convivencia con el emplumado, con el que ha vivido desde que fue encontrado en un rancho en Chiapas. El bebé tucán estaba allí en desventaja, sin poder salir al mundo como se esperaría, debido a una deformidad en la pata izquierda.

El hermoso Sebastián encontró así a su cuidadora, compañera, amiga, cómplice y mecenas, y en el puerto se convirtió en "El Tucán más famoso de la Playa de Chachalacas", en El Sabanal, un hábitat llamado por el mundo turístico “el paraíso desconocido de Veracruz”, en donde los visitantes disfrutan de las dunas de arena que se extienden por más de 500 kilómetros. En su parador no faltó pariente, amigo o admirador que grabara videos de sus gracias y los compartiera.

Con el tiempo, le ofrecieron un cautiverio. Para obtener permiso —mejor dicho, no le dieron ninguno— al final se lo apropiaron, y “por no tener jaula” fue el argumento. Sebastián ahora vive encerrado en Naturalia, en una jaula y en un clima frío. Ha sido retratado sin agua, y en una ciudad extraña. Para su dueña, en soledad. Para verlo, tiene que pagar 60 pesos. Y resignada, lo hace tanto como puede, como cualquier otro visitante.

Del pago y de lo que son los derechos —si es de un gobierno u otro, municipal o federal—, ni hablamos. A la descorazonada dueña de esta ave le sobran razones y argumentos para sostener que ha podido tenerlo sano, feliz, amado, y quiere seguir haciéndolo. Hay muchas imágenes en internet, solo es cuestión de buscarlas.

Pasa el tiempo y las demandas. Ha tenido que añadir otra, pues no se cumple la orden del juez. Ayer, cuando acudió a la conciencia ciudadana, pidió apoyo para que entre todos se apele por la liberación del animalito, encerrado en una suerte de minizoológico, y así poder seguir a su cargo.

Su amado amigo, según dijo ayer en el centro de la capital veracruzana, tuvo siempre los cuidados, el hogar, el alimento y lo necesario para estar sano. Lo que ya no podría ser de seguir en ese lugar, solo. Teme que, como a otros animales, lo rinda el desamor, la soledad, la tristeza.

El tucansito de Aideé.El tucansito de Aideé

Explicó que cuando tienes una relación con otro ser de este mundo —en este caso, del reino animal— se da una convivencia y una dependencia que linda con la comprensión. Pero que, por toda respuesta, cuando ha esgrimido este argumento, la funcionaria de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, a quien identificó como la "bióloga Mariana", le respondió que "los animales no tienen sentimientos".

Usted juzgue y atienda al llamado, si es que así le parece, de abogar por la salud no solo de Sebastián, sino de todos los animales cautivos en ese parque, donde no se cuenta con las condiciones —para empezar— de empatía, sororidad y legalidad, por lo visto. O, al menos, es lo que la gente ve.

La entrevistada pidió al pueblo: “Pidan mucho por él”. Asegura que ha sido responsable, que en su hogar anda libre, que dentro de casa no tiene jaula porque le gusta que ande suelto, y que no quiere que finalmente muera o se enferme.

Por los dueños de los demás animales no habló, aunque presume que sufren quizá lo mismo. Pero también quizá tengan miedo, pues estar señalando al frente deja dedos señalando atrás. Especialmente en estos casos en que, por hacer el bien, haces mal; cuando se atraviesa una ley por encima del derecho superior del individuo, que puede volverse en tu contra sin un claro fundamento legal.

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