Tanto Sheinbaum como Ebrard evitaron una vez más cualquier crítica a los aranceles de Donald Trump que son los que obligan a la firma del acuerdo.
Sheinbaum anunció, de igual modo, sin dar detalles un acuerdo para fijar en 27 pesos el precio del litro de diésel.
Los Ángeles Press
En poco más de media hora se resolvió este miércoles 29 de abril la actividad matutina de la Presidencia de la República. La velocidad que desplegó la Presidencia en el desarrollo de la actividad fue quizás para evitar que otros temas nublaran la percepción del acuerdo que Claudia Sheinbaum firmó esta mañana en Palacio Nacional.
Como otros países que en la actualidad sufren los efectos de los aranceles de Donald Trump, México debió ofrecer algún alivio a los principales agentes de los mercados más afectados por esos impuestos.
En concreto, se firmó un acuerdo que en teoría servirá para volver a alentar la producción de hierro y acero en fundiciones y siderúrgicas mexicanas. No hubo, por cierto, crítica alguna, ni implícita o mucho menos explícita al gobierno de Trump.
Lejos de ello, en el marco de la firma del acuerdo, Marcelo Ebrard, secretario de Economía, volvió a mostrarse confiado en que se logre el acuerdo que vivirá en las próximas semanas sus momentos más difíciles, no sólo porque la negociación es, por sí misma, extremadamente compleja, sino por las complejidades adicionales que ha generado el gobierno de Estados Unidos.

Esas complejidades siempre se minimizan, maquillan e incluso se niegan de este lado del Río Bravo, donde es casi impensable encontrar en el discurso oficial de Sheinbaum o de alguno de sus más cercanos colaboradores, una crítica puntual, concreta a los efectos devastadores de los aranceles de Donald Trump.
Lo que en México se sabe en términos de críticas a Trump casi siempre nos llega vía Ottawa, Toronto o Montreal, cuando se sabe lo que llegan a decir los funcionarios clave de los gobiernos federal o de alguna de las provincias de Canadá más afectadas por los aranceles de Trump, como en el caso de Ontario que es donde están las acereras de aquel país y que han debido cerrar turnos completos o redefinir sus estrategias de funcionamiento dados los efectos de los aranceles contra distintas industrias de aquel país.
La disposición del gobierno de México a aceptar todo lo que hace Trump tendrá una prueba más difícil de superar en los próximos meses, pues Estados Unidos entrará de lleno en el vértigo de su elección intermedia de noviembre.
Dado que todos los modelos de análisis hablan de una inminente derrota del Partido Republicano, la expectativa es que Trump y sus aliados en el Partido Republicano endurecerán todavía más el tono antimexicano de muchas de sus intervenciones públicas.
En sentido opuesto, hoy en Palacio Nacional, ni Sheinbaum ni Ebrard adelantaron alguna crítica sustantiva de la manera en que los aranceles afectan a la industria en México y, lugar de ello, lo que se pactó fue un mecanismo para ofrecer alguna preferencia a los productores mexicanos, de modo que se reduzcan las importaciones de productos terminados de hierro, acero, aluminio y otros metales clave para la construcción de vivienda, edificios, obras de infraestructura, entre otros.
Sheinbaum señaló, en ese sentido, que continuarán los permisos de importación de acero, pues existen productos que no fabrica la industria local, pero enfatizó su interés en que lograr que “lo que se produce en México, se consuma también en México”, a fin de reducir el monto de las importaciones.

Qué tan posible será lograr ese objetivo es difícil de estimar. El Tratado de Libre Comercio, lo que existía antes de que Andrés Manuel López Obrador, Trump y Justin Trudeau firmaran el actual Tratado México-Estados Unidos-Canadá, había permitido una muy alta especialización que, no en balde se ha visto afectada por las decisiones de Trump en Estados Unidos y los ajustes que tanto Canadá como México se han obligado a hacer.
La diferencia, en todo caso, es que mientras Canadá, sea con Trudeau o ahora con Mark Carney ha sido muy clara al señalar los efectos devastadores que las decisiones de Trump han tenido en su economía y los gobiernos de las provincias canadienses no dudan en promover activamente el boicot a las importaciones de Estados Unidos, en México se ha optado por no decir cosa alguna, pretender que todo va bien, aunque episodios como la muerte de los dos operativos de la Agencia Central de Inteligencia en Chihuahua, entre otros, dejen ver qué tan difícil es en realidad la relación.
En todo caso, si uno se atiene a lo que dijeron a nombre del gobierno de México Sheinbaum, Ebrard, el secretario de Economía y verdadero responsable de la negociación con Washington, así como Raquel Buenrostro, la secretaria Anticorrupción de Sheinbaum, no hay problema alguno.
El hecho mismo que Buenrostro haya tenido un papel protagónico en la firma de este acuerdo parecería indicar que hay algún interés de presentar el acuerdo en la lógica de las políticas de combate a la corrupción del actual gobierno. La secretaría a cargo de Buenrostro vigilará el cumplimiento, mientras que la Secretaría de Economía de Ebrard impulsará la estrategia junto con Petróleos Mexicanos, la Comisión Federal de Electricidad, el Infonavit y otras entidades públicas que se coordinarán con las cámaras empresariales.
La industria siderúrgica se comprometió a garantizar calidad, precios competitivos y suministro oportuno, mientras que el gobierno se dijo dispuesto a usar su “poder de compra” para impedir “prácticas comerciales desleales”.
Aunque no está disponible aún el texto del acuerdo, un resumen oficial de la presidencia se puede consultar aquí.
El único otro tema que la actividad abordó fue el anuncio de que se había logrado un acuerdo para mantener en 27 y no 28 pesos como se había dicho la semana pasada el litro de diésel, pero incluso en ese asunto Sheinbaum evitó entrar en detalles como también lo hizo Ebrard al hablar de la negociación comercial con Estados Unidos a la que se refirió brevemente, pero sin ahondar o distraer de la promoción del acuerdo “para el fomento de la industria siderúrgica mexicana”.
Incluso un tema directamente relacionado con esa industria, el del futuro de la quebrada Altos Hornos de México, sólo se abordó de manera tangencial. Sheinbaum se limitó a insistir en que se debe dar preferencia a quienes estaban empleados con esa empresa.

Fue la primera vez en casi una semana en que no se abordó la muerte de dos operativos de la Agencia Central de Inteligencia y no se hostigó desde la tribuna de Palacio Nacional al gobierno de Chihuahua, que también perdió a dos efectivos en esos hechos que no han sido del todo aclarados ni por el gobierno de México ni el de Estados Unidos.
Los hechos ocurrieron el sábado 19 de abril y ahora se sabe que había por lo menos otros dos extranjeros que participaban en el operativo. Ayer por la tarde, la Fiscalía General de la República anunció que abrió dos investigaciones por esos hechos, aunque la FGR no atrajo como tal la investigación por la muerte de los operativos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos que sigue a cargo de la Fiscalía del Estado de Chihuahua.
Fue notable que este miércoles, al mismo tiempo que Sheinbaum presentaba su acuerdo con las acereras mexicanas, el exgobernador de Chihuahua y actual senador de Morena por ese estado, Javier Corral, se pronunciará en sus redes sociales por la desaparición de poderes en la entidad, lo que contradice la idea que Sheinbaum misma adelantó ayer de que se debía “despolitizar” la discusión del asunto.
