Rodolfo Soriano-Núñez Martes, 29 de Octubre del 2024, 23:03
La violencia ha avasallado a Guerrero durante la última década y un huracán devastador azotó Acapulco, la mayor metrópoli, puerto y destino turístico en 2023.
Guerrero es uno de los estados más pobres y violentos de México, con más de mil víctimas de homicidio por año en los últimos 16 años.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
El fin de semana, los obispos católicos de las cuatro diócesis del estado de Guerrero publicaron un llamado colectivo que pide a las autoridades civiles y militares restablecer el Estado de derecho.
Su llamado se produce una semana después de la ejecución de Marcelo Pérez, un sacerdote en el estado de Chiapas, de la que da cuenta el texto vinculado después de este párrafo. Guerrero ha tenido en los últimos diez años su propia cuota de asesinatos de sacerdotes.
En 2013, Óscar Prudenciano, sacerdote de Iguala, fue víctima de un intento de asesinato, sólo salvó la vida porque otra banda criminal se enfrentó a quienes lo atacaban y, en medio de los ataques mutuos con armas de fuego, logró escapar.
Al año siguiente, tres sacerdotes de tres diócesis diferentes fueron víctimas de homicidio. John Ssenyondo, sacerdote nacido en Uganda, Ascención Acuña Osorio y Gregorio López, murieron en incidentes separados en 2014.
Todos ellos fueron víctimas de violencia en circunstancias que siguen siendo desconocidas casi diez años después de sus asesinatos sin ninguna expectativa de justicia o siquiera una explicación sobre lo que les sucedió.
El caso de Ssenyondo conmocionó a México y a su natal Uganda porque su cadáver apareció en noviembre de 2014, seis meses después de su “desaparición”, en una fosa colectiva anónima en una zona rural cerca de Ocotitlán, Guerrero.
Esos crímenes no son los únicos que siguen sin resolverse en Guerrero. Ese mismo año, un grupo de al menos cuarenta y tres estudiantes de una escuela normal de Ayotzinapa “desapareció” tras un enfrentamiento con la policía local y líderes de bandas de narcotraficantes en pugna, quienes supuestamente pensaron que los estudiantes eran miembros de una banda rival.
En 2014, Guerrero tenía la tasa de homicidios más alta de los treinta y dos estados de México, con 47.9 homicidios por cada cien mil habitantes. En 2022, el año más reciente disponible, la tasa reportada fue de poco más de 38.4 homicidios por cada 100 mil habitantes (vea la tasa de cada estado desde 1990 hasta 2022 aquí).
A modo de comparación, Guerrero tiene una población de aproximadamente 3.5 millones de habitantes, similar a Utah o Connecticut en Estados Unidos. Sin embargo, Utah registra 2.5 homicidios por cada 100 mil habitantes, mientras que Connecticut se sitúa en 4.2, como se puede ver en este sitio del gobierno de Estados Unidos, en inglés.
A pesar de tres investigaciones oficiales, una de ellas con la ayuda de la Organización de los Estados Americanos, la explicación oficial de lo ocurrido a los estudiantes de la escuela normal sigue siendo la de una especie de estado metafísico de “desaparecidos”.
Andrés Manuel López Obrador se postuló a la presidencia de México en 2018 con la promesa de resolver ese y muchos otros casos, pero, a pesar de su abrumadora popularidad, no estaba dispuesto a proporcionar una medida de justicia a los familiares de los estudiantes.
La presidente Claudia Sheinbaum ha hecho promesas similares en repetidas ocasiones, pero hasta el momento no hay indicios de si se iniciará una nueva investigación en el futuro cercano o qué harán ella y su gobierno en ese y muchos otros casos de personas que oficialmente se consideran “desaparecidas” y muchos más cuyos familiares no han podido obtener un reconocimiento formal similar de las autoridades mexicanas.
Las diócesis católicas que emiten el comunicado son la Arquidiócesis de Acapulco, y las diócesis de Chilpancingo (capital del estado), Tlapa y Ciudad Altamirano (ver mapa abajo).

El párrafo principal del comunicado, el segundo, disponible en el recuadro que aparece un poco después, destaca la situación apremiante que se vive en Guerrero. La describe como desgarradora porque ven a demasiadas…
…personas llorando a sus esposos, padres, hijos, nietos, hermanos, amigos, sus bienes robados y sus pueblos abandonados. Hemos soñado la paz día con día, sin embargo, las luchas de poder en torno a intereses parciales se hacen cada vez más fuertes porque cuentan con la complicidad, tolerancia o indiferencia de muchos que deberían promover y asegurar la justicia, la legalidad y la seguridad.
Al final de ese párrafo, los obispos de Guerrero critican una de las “explicaciones” más frecuentes de las administraciones del gobierno federal de López Obrador y Sheinbaum, quienes suelen culpar al gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (2006-12) como la causa de la violencia en México.
Dicen: “Culpar a otros de esta situación no resuelve este vergonzoso drama”.
El documento de los obispos de Guerrero.
A renglón seguido continuación, citan el más reciente documento emitido por el papa Francisco, una encíclica disponible aquí, donde habla de “vivir en una sociedad sin corazón” (cf. Dilexit nos, 22.45).
El séptimo párrafo de la declaración llama al pueblo de Guerrero a cerrar…
…filas y sumemos esfuerzos con grupos e instituciones, dentro y fuera de la Iglesia, para consolar a los familiares de las víctimas, exigir a las autoridades la protección de la integridad física y de las fuentes de trabajo y promover la justicia y la fraternidad.
El llamado de los obispos es pertinente si se toma en cuenta que, en los últimos 16 años, Guerrero ha tenido más mil homicidios cada año y en 2012 el estado tuvo dos mil 646, el máximo histórico hasta ahora, como lo prueba la gráfica que sigue a este párrafo, elaborada por TReseach International de México a partir de la información oficial del gobierno de México.

Los obispos católicos del estado de Guerrero cierran su declaración con el siguiente párrafo:
Pedimos a las autoridades civiles y militares que ejerzan su autoridad y garanticen la seguridad, el libre tránsito y el trabajo exento de cuotas y extorsiones, para que las familias puedan vivir dignamente. La sociedad guerrerense está deseosa de experimentar su sensibilidad y solidaridad con el pueblo ante la situación de violencia. Esperamos que tomen acciones concretas e inmediatas para garantizar el bienestar de todos, así como para esclarecer tantos crímenes y hacer justicia, restaurando el Estado de Derecho.
Los obispos mexicanos y de otros países han hecho recientemente declaraciones similares sobre la magnitud de la violencia en México. Dos de los llamados más recientes provienen de Chiapas, de julio y agosto de este año.
La primera declaración, de julio, proviene del ahora antiguo obispo de Tapachula la ciudad más al sur de México próxima a la frontera con Guatemala y actual arzobispo de León, Guanajuato, Jaime Calderón Calderón, fue el tema del texto enlazado arriba de este párrafo.
La segunda fue emitida por el cardenal guatemalteco Álvaro Ramazzini Imeri, obispo de Huehuetenango. Él se pronunció de manera similar a como lo hacen ahora los obispos de Guerrero en una conferencia de prensa en Panamá capital. Como los obispos de Guerrero, él llamó a las autoridades mexicanas a cumplir con su deber. Ese texto está disponible después de este párrafo.
Los firmantes son el arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, y los obispos José de Jesús González Hernández OFM de Chilpancingo, la capital del estado; Dagoberto Sosa Arriaga, de Tlapa, y Joel Ocampo Gorostieta, de Ciudad Altamirano.
Una porción del estado de Guerrero, incluido el destino turístico de Ixtapa-Zihuatanejo, pertenece a la diócesis de Ciudad Lázaro Cárdenas, con sede en el estado de Michoacán.
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