
Al tiempo que se deslindaba de la decisión de Zambada, López Obrador atacó a medios de comunicación para defender a Manuel Bartlett Díaz.
Aunque AMLO defendió a Bartlett de lo publicado por Proceso de haberse enriquecido gracias a las obras del Tren Maya en la península de Yucatán insistió en celebrar la entrevista de ese medio con Zambada en 2010.
Los Ángeles Press
La actividad de este martes 6 de agosto en Palacio Nacional estuvo dedicada por Andrés Manuel López Obrador a dos temas. Por una parte, insistir hasta la saciedad en que él no tuvo que ver con el arresto de Ismael Zambada, el líder de la organización criminal conocida como el Cartel de Sinaloa.
Hacia el final de la actividad de este martes, la secretaria de Seguridad Rosa Icela Rodríguez incluso calificó lo ocurrido a Zambada como fruto de un acuerdo entre él y otros líderes de la organización criminal que él creó a finales de los ochenta. Así se puede confirmar en el vídeo que aparece hacia el final de este texto.
En otro sentido, también la dedicó a defender tanto como le fue posible a Manuel Bartlett Díaz. Si ayer López Obrador sólo lo había aludido por su función como director de la Comisión Federal de Electricidad, al dispensar todo tipo de elogios a quien fuera secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid Hurtado de 1982 a 1988, hoy López Obrador fue a la guerra para defender a Bartlett.
Para defenderlo atacó con todo el arsenal de ironías, verdades a medias y francas mentiras con las que ataca a cualquier medio de comunicación que no se alinee con la visión de que la supuesta “cuarta transformación” es lo mejor que le pudo pasar a México.
En ese sentido, descalificó a la revista mensual Proceso cuya portada sostuvo durante algunos minutos en la pantalla del Salón Tesorería de Palacio Nacional, al tiempo que López Obrador la calificaba de “pasquín inmundo”, aunque prodigaba elogios a quien fuera el director y fundador de esa revista, Julio Scherer García, de quien recordó, entre otras cosas, la entrevista que le hizo en 2010 al ya referido Ismael Zambada y que, en su momento, provocó la ira del gobierno de México, cuando era presidente Felipe Calderón Hinojosa.
Para defender a Bartlett Díaz, López Obrador usó uno de sus recursos favoritos: la falsa equivalencia. Presentó al ahora director de la CFE como víctima de una campaña de Proceso.
Según el todavía presidente, la gobernadora electa de Veracruz, Rocío Nahle, también fue víctima de una campaña, aunque en ese caso quienes la habrían atacado fueron directivos de Televisa que, según dijo López Obrador, le exigieron 200 millones de pesos a cambio de su silencio.
Lo dicho por López Obrador acerca de Televisa, por ahí del cuarto para las nueve de la mañana, debería ser suficiente para que las autoridades procedieran a investigar o para que la empresa aludida buscara esclarecer las cosas.
En el juego de las falsas equivalencias, López Obrador usó a la misma Rocío Nahle para atacar a El Universal de la Ciudad de México, medio que recientemente publicó información acerca de la fortuna inmobiliaria de la futura gobernadora de Veracruz y que le sirvió a López Obrador para defenderla a ella, a Bartlett Díaz y a sí mismo.
Según el presidente, El Universal habría sido “muy bien atendido” por los “políticos corruptos de Veracruz”, aunque no dejó en claro quiénes serían los “políticos corruptos de Veracruz” ni en qué consistió la "atención" que según el presidente habría sido dispensada al diario de la Ciudad de México.
En esa misma lógica, poco antes de las nueve de la mañana, López Obrador se había presentado a sí mismo como víctima de ProPublica y de Tim Golden, un blanco frecuente de los ataques del presidente de México, por el texto publicado en enero de este año que aparece vinculado inmediatamente después de este párrafo.
López Obrador lanza esas acusaciones en lugar de iniciar procesos judiciales o administrativos para establecer si hubo o no pagos irregulares a medios de comunicación a cambio de publicidad y/o de su silencio.
Ello es así, porque de esa manera resulta más fácil diluir, como hizo hoy, cualquier posible responsabilidad administrativa o penal de Bartlett Díaz como resultado de la construcción del así llamado Tren Maya y que en Los Ángeles Press se señaló desde hace varios años como un foco activo de corrupción en el sureste de México, como se puede confirmar en el texto de finales de 2022 que aparece enlazado después de este párrafo.
En todo caso, lo más probable es que lo dicho hoy por López Obrador acerca de Televisa y de El Universal haya sido sólo un recurso para defender a su subordinado en la CFE, Manuel Bartlett Díaz de lo publicado por Proceso y para insistir en la narrativa de que él y sus allegados son víctimas de una campaña de fuerzas oscuras a las que, sin embargo, no se atreve a desenmascarar.
Aunque ya desde la primera parte de la actividad de este martes había quedado claro que López Obrador y sus allegados se deslindaban tanto como fuera posible del arresto de Ismael Zambada, poco después de las diez, López Obrador llamó a la secretaria de Seguridad Rosa Icela Rodríguez a insistir en ello desde el atril de Palacio Nacional
Fue en ese momento que Rodríguez dijo lo que se puede ver y escuchar en el vídeo que aparece después de este párrafo y que, resumido, es una suerte de declaración jurada de que el gobierno de México no intervino en el arresto de Ismael Zambada.
Fragmento de la actividad en Palacio Nacional, martes 6 de agosto de 2024.
No está claro por qué López Obrador y Rosa Icela Rodríguez tienen tanto interés en establecer su no responsabilidad en lo ocurrido a Zambada. Cualquiera que haya seguido los hechos debe tener claro, desde el primer día de este episodio, que nada de la información ofrecida en Palacio Nacional ha sido útil para comprender los hechos.
Basta considerar la manera en que la propia señora Rodríguez ofreció lo que parecía ser un reporte muy detallado del viaje de Ismael Zambada, que luego sería refutado por el piloto al que ella acusó de haber llevado al líder del Cartel de Sinaloa a Santa Teresa, Nuevo México, para tener en claro que el gobierno de México no tiene idea de qué pasó.
Sin embargo, insisten en ello. Lo hicieron al mismo tiempo en que López Obrador insistía en reivindicar su modelo de seguridad pública, el de “abrazos, no balazos”, que él calificó poco después de las 8:40 AM como una “política distinta, que nos ha dado muy buenos resultados”.
No es claro cuáles podrían ser esos buenos resultados cuando se considera que, como lo demuestra la gráfica que aparece después de este párrafo, tomada de TResearch International de México, López Obrador acumula más homicidios que cualquier otro presidente en los últimos cuarenta años en México.
Si da “muy buenos resultados” como López Obrador asegura, debe ser a partir de algún criterio que sólo él y sus más cercanos son capaces de identificar pues, como se puede ver en la gráfica previa a este párrafo, López Obrador acumula más de 90 mil homicidios más que los registrados durante el sexenio de su némesis, Felipe Calderón, y 60 mil más que los acumulados durante la gestión de Enrique Peña Nieto.