Tashiro Malekium Viernes, 13 de Febrero del 2026, 00:00
El episodio ocurrido en El Paso, Texas, funciona como un recordatorio de que la frontera no solo se vigila con tecnología y fuerza militar, sino también con discursos que buscan imponer agendas políticas a ambos lados del río.
Por Tashiro Malekium
Otra vez, la frontera México–Estados Unidos se convierte en el epicentro de un circo que apesta a pretextos políticos y maniobras ocultas. Esta semana, el espacio aéreo sobre El Paso, Texas, fue cerrado de golpe, dejando a miles rascándose la cabeza y preguntándose qué demonios pasaba. El gobierno de Trump no tardó en salir con su versión: drones de cárteles mexicanos invadieron su territorio y el ejército los “neutralizó” rápidamente. Pero, como de costumbre, hay versiones contradictorias circulando y ninguna huele a transparencia total. Vamos a desmenuzar esto, centrándonos en esa supuesta amenaza de drones narcos, y luego veamos cómo esto podría servir de excusa para que los norteamericanos metan más la mano en asuntos mexicanos, todo bajo el manto de “defender su soberanía”.
Primero, los hechos crudos: la FAA anunció el cierre el martes por la noche, advirtiendo que duraría 10 días —una medida drástica, casi sin precedentes en tiempos de paz—, pero lo levantaron solo horas después, el miércoles por la mañana. El secretario de Transporte, Sean Duffy, posteó en X: “La FAA y el Departamento de Defensa actuaron rápidamente para abordar una incursión de drones de cárteles. La amenaza ha sido neutralizada y no hay peligro para el viaje comercial en la región. Las restricciones se han levantado y los vuelos normales se reanudan”.
Según la administración Trump, estos drones operados por narcos cruzaron la frontera, forzando una respuesta inmediata del Pentágono. No es novedad; los cárteles han usado drones por años para vigilar a la Patrulla Fronteriza, detectar brechas o incluso transportar droga en paquetes pequeños. Expertos como Victor Manjarrez, exjefe de sector en la frontera, afirman que estos aparatos no representan un riesgo masivo para el público, pero sí podrían causar colisiones con aviones o helicópteros si se descontrolan.
Pero aquí entra el twist: no todos se tragan el cuento oficial. Fuentes anónimas revelaron a la AP, CBS y otros medios que el cierre no fue por una “invasión masiva” de drones narcos, sino por una prueba del Pentágono de un láser de alta energía diseñado precisamente para derribar drones de cárteles. Al parecer, el Departamento de Defensa prestó este láser a la Aduana y Protección Fronteriza (CBP), y durante la prueba dispararon contra lo que creían era un dron enemigo… pero resultó ser un simple globo de fiesta. La FAA se enteró tarde, preocupada por los riesgos a vuelos comerciales, y optó por cerrar todo el espacio aéreo para evitar un desastre.
Reportes de PBS, CBS y The New York Times respaldan esta versión: no fue una emergencia por cárteles, sino un pleito interno entre la FAA y el Pentágono por falta de coordinación en la prueba. Mientras, el gobierno sigue culpando a los narcos mexicanos, como si eso tapara el caos en su propio patio trasero.
¿Casualidad? Esta narrativa de “drones de cárteles” no es nueva; se ha usado para justificar más vigilancia y tecnología en la frontera. Veamos las versiones en detalle. La oficial: drones mexicanos entran, el ejército los baja, problema resuelto. La alternativa: una prueba fallida de láser antidrones que salió mal, disparando a un globo inofensivo, y el cierre fue para cubrir el desorden.
Algunos reportes indican que los cárteles han sofisticado sus drones, lo que resalta cómo el crimen organizado en México se arma hasta los dientes, en gran parte gracias al flujo de armas y municiones desde el norte mediante el mercado negro de la guerra. ¿Por qué inflar la amenaza? Porque pinta a México como un vecino caótico, con narcos sobrevolando Texas, justificando más control.
Ahora, lo más jugoso: las implicaciones políticas transfronterizas. Este incidente, sea real o exagerado, podría desencadenar una cadena que le da a Estados Unidos más argumentos para inmiscuirse en México. Si el gobierno americano alega que drones de cárteles amenazan su soberanía, ¿qué les detiene para impulsar políticas más agresivas? Trump ya ha propuesto designar a los cárteles como organizaciones terroristas, abriendo la puerta a operaciones militares directas al sur de la frontera.
Bajo el pretexto de “proteger la soberanía nacional”, podrían presionar por revisiones a tratados, más tropas en la frontera o intervenciones encubiertas en territorio mexicano para “neutralizar” amenazas. Esto no es inédito; evoca cómo EEUU ha usado excusas de seguridad para meterse en América Latina durante décadas. Si un “dron narco” basta para cerrar un aeropuerto, imaginen el poder que les da para apretar al gobierno mexicano. Podrían exigir más cooperación antidrogas, pero con ultimátum: “O lo resuelven ustedes, o lo hacemos nosotros”. En un mundo donde los cárteles usan drones para vigilancia y ataques, esto podría escalar a retaliaciones constantes. México pierde soberanía y EEUU se posiciona como el policía regional, ignorando que muchas de las armas de los cárteles provienen de su propio territorio —de guerras pasadas o ventas en negro—.
Al cierre, este episodio en El Paso apesta a maniobra. Si realmente fueron drones de cárteles, bien por neutralizarlos, pero la confusión y las versiones opuestas huelen a encubrimiento. Y si se confirma que eran narcos, las repercusiones serán fuertes, pero México debe estar alerta: como siempre, la frontera no es solo una línea; es un campo minado político donde los débiles salen perdiendo.
Fuente: substack.com