
Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 23 de Junio del 2025
El saldo de la alegada tolerancia cero es que, independientemente de sus premisas, a la Legión de Cristo le sale barato incumplir pues Roma no exige.
Y no es sólo la Legión de Cristo. Patrones similares existen en otras órdenes y diócesis que apuestan por la tolerancia cero como mera propaganda.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Este año, un caso de abuso sexual por parte del clero en España y otro en México, ambos perpetrados por sacerdotes de la Legión de Cristo, ofrecen un doloroso recordatorio de lo lejos que está la Iglesia Católica de lograr sus objetivos de una política de tolerancia cero con respecto al abuso sexual por parte del clero.
Marcelino de Andrés Núñez y Antonio María Cabrera Cabrera son sacerdotes católicos españoles y ambos pertenecen a cohortes o generaciones de la orden que cursaron sus estudios en el seminario mientras Marcial Maciel Degollado era una figura clave en Roma. Su posición allí le permitió ampliar el alcance de su orden y de su organización complementaria, el Regnum Christi, donde tanto hombres como mujeres pueden unirse y donde también se han denunciado abusos, tanto sexuales como de otro tipo.
Tras la muerte de Maciel en 2008, la carrera de De Andrés se desarrolló principalmente en España, mientras que la de Cabrera se desarrolló principalmente en México. Cabrera, ordenado en 1988, es un poco mayor que De Andrés, que recibió la ordenación en 1996, pero sus carreras siguieron trayectorias similares. Sus casos emergen mientras la Legión intenta presentarse como menos desleal a Roma que sus homólogos españoles y peruanos, el Opus Dei y el suprimido Sodalicio de Vida Cristiana.
A pesar de los nuevos casos, la Legión se ha jactado de su adhesión a una política de tolerancia cero, como ocurre con muchas otras órdenes y diócesis de la Iglesia Católica desde principios de este siglo. Las acusaciones contra De Andrés y Cabrera son relevantes porque provienen de las filas más cercanas al desacreditado fundador de la Legión, y surgen después de aproximadamente 20 años de que la Legión y la Iglesia Católica en general hablaran de tolerancia cero ante el abuso sexual del clero.
En el caso de De Andrés, las acusaciones son más relevantes porque contradicen una narrativa aún dominante en los círculos católicos, que afirma que el abuso es principalmente un problema que afecta a varones menores de edad. En el caso de De Andrés, sus víctimas, las que conocemos hasta ahora, eran mujeres menores, niñas, que estudiaban en un colegio propiedad de la Legión de Cristo.
Es imposible profundizar en la historia completa de las políticas de tolerancia cero en la crisis de abuso sexual del clero. La entrega de la próxima semana de esta serie lo hará. Basta decir que, en lo que respecta a la Legión de Cristo, la adhesión a ese enfoque ha tenido más que ver con la creación de una imagen de marca y la mercadotecnia que con una verdadera reforma de esa organización, similar a una orden y, más ampliamente, de la manera en que se hacen las cosas en ciertos círculos del mundo católico hispanohablante.
Cabe recordar que, en las primeras respuestas de la Iglesia Católica a los abusos en la Legión de Cristo, durante el pontificado de Juan Pablo II, él y su círculo íntimo solían describir el abuso como un malestar derivado de la atracción hacia personas del mismo sexo, lo cual, si bien algunos afirman que influye en el caso de Cabrera, no es relevante en el de De Andrés ni en el de muchos otros depredadores heterosexuales.
También era, en su opinión, una excusa para atacar a la Iglesia Católica como institución, su misión y sus métodos, con poca o ninguna consideración por los sobrevivientes, sus familias o las consecuencias para su propia iglesia.
Un atisbo a esa mentalidad aún está disponible en internet, preservado gracias al Internet Archive, disponible aquí, donde se puede acceder a instantáneas del sitio web original de la Legión de Cristo, de principios de este siglo, que dan fe de esa actitud negacionista.
Defender al depredador
En aquel entonces, la primera versión del sitio web de la Legión de Cristo declaraba que su propósito era disipar «las recientes declaraciones falsas que un grupo de exreligiosos de la congregación de los Legionarios de Cristo ha repetido nuevamente contra nuestro fundador» según se puede ver en este comunicado del entonces vocero de la Legión, Octavio Acevedo.
Maciel y su orden vincularon las supuestas calumnias con ataques al entonces papa «y a otros miembros de la jerarquía católica», como muestra la captura de pantalla anterior a este párrafo, para taladrar la idea de que Maciel era un medio para atacar a Juan Pablo II y a la Iglesia Católica en general.
Esa página tiene un vínculo, inactivo ahora, a un texto publicado por el ahora finado editor y fundador de First Things, el sacerdote Richard John Neuhaus. Aunque nació y se formó como ministro luterano en Canadá, se convirtió al catolicismo al calor de los debates sobre el aborto en 1990.
First Things era, a principios del siglo XXI, un medio impreso, ahora un medio electrónico, que sigue siendo clave para comprender la evolución de la derecha, católica o no, en Estados Unidos.
Neuhaus era un invitado frecuente a los circuitos de la opinión pública de la derecha del mundo de habla inglesa. Ese texto hacía una defensa apasionada de Maciel en el mundo de habla inglesa en 2002. Ocho años después, uno después de la muerte de Neuhaus, First Things reconoció el error de su fundador.
First Things acertadamente tituló ese texto, una retracción en los hechos del texto de 2002 de su antiguo fundador, "The cost of Father Maciel" (abre contenido en inglés).
El título podría traducirse como "El costo del padre Maciel" o "Lo que costó el padre Maciel". El texto llama a la Santa Sede a ser más estricta con depredadores como Maciel y quienes hacen posible que abusen como lo hacen, de manera notable, se refiere de manera explícita al cardenal Angelo Sodano.
Fue tras situaciones como esa, una avalancha de acusaciones y testimonios que impidió a la Legión mantenerse firme en su postura sobre una conspiración contra Maciel, que la Legión, al igual que prácticamente el resto de la Iglesia Católica, adoptó la idea de una política de tolerancia cero.
Actualmente, en lo que respecta a la Legión de Cristo, esta política está visible permanentemente en sus sitios web en español y en inglés. También se promociona en sitios web especializados que utilizan expresamente la idea de tolerancia cero ya desde las URL, es decir las direcciones de los sitios de Internet. La versión en español está disponible aquí, mientras que su gemelo de habla inglesa está disponible aquí.
Ese uso de la noción de tolerancia cero también se basa en la idea, cuidadosamente elaborada, de un sistema integral para prevenir el abuso, elaborado por expertos en la construcción de marcas, el llamado branding. Como una combinación de gestión estratégica de imagen y estrategias de reparación de reputación, no tan centrada en los detalles ni en los resultados concretos, pero muy eficaz para disipar la idea de que la Iglesia Católica sólo habla por hablar.
En el caso de De Andrés, una entrega anterior de esta serie (enlazada después de este párrafo) ya proporcionó detalles del sistema desarrollado por Praesidium, una consultora estadounidense con una filial en Santiago de Chile, que ofrece servicios para certificar órdenes, diócesis y colegios y universidades católicos, intentando demostrar a sus fieles que realmente cumplen con lo prometido.
Praesidium debe ser un negocio bastante exitoso, ya que sus sitios web hablan de tener como clientes a verdaderos pesos completos de la Iglesia Católica, incluyendo a la Legión de Cristo y muchas otras órdenes, diócesis y colegios y universidades católicas, además de organizaciones religiosas no católicas.
En Santiago de Chile, su líder es una antigua alta funcionaria de la Conferencia Episcopal Chilena, quien sufrió en carne propia las consecuencias de la serie de escándalos relacionados con el caso Karadima y la pesadilla de relaciones públicas que resultó.
Pero incluso en ese sentido, los dos nuevos casos de la Legión de Cristo, uno de los pesos completos católicos que paga cuotas para seguir el largo y enrevesado proceso de acreditación de Praesidium, demuestran lo frágil que es la idea de cero abusos.
No es cuestión de suerte
Además, ¿Praesidium, en algún momento, tomará distancia de las prácticas de la Legión de Cristo? ¿Qué falló tanto en el Colegio Highlands de Madrid como en la Universidad Anáhuac de Ciudad de México? ¿Praesidium o la Legión de Cristo?
Una pregunta ineludible para Roma y las diócesis de España y México donde se encuentran el Colegio Highlands y la Universidad Anáhuac es cuáles serán las consecuencias canónicas para la orden tras estos nuevos brotes de esta enfermedad. Hasta donde se sabe, ninguna, en lo que respecta a la Iglesia Católica.
Aunque la Iglesia en general, y más aún la Legión de Cristo, hace frecuentes referencias a una política de tolerancia cero como principio, no existen consecuencias reales por el incumplimiento de estos objetivos y principios.
La Legión, repleta de publicistas y expertos en branding y mercadotecnia, logró hacerse con la misma URL que muestra, tanto en español como en inglés, su supuesto compromiso con una política de tolerancia cero, como demuestran los sitios web mencionados en los párrafos anteriores.
Dejando esa cuestión de lado, debería quedar claro que los casos de De Andrés y Cabrera comparten demasiados rasgos comunes como para ser meras coincidencias o, peor aún, meros caprichos de la suerte, fruto del azar. Nuevos detalles surgidos en los últimos días del caso mexicano permiten comprender mejor también el caso de Madrid.
Esto no es una novedad: al tratar con la Legión de Cristo, es inevitable destacar que existen prácticas arraigadas allí y de las que la Iglesia Católica ha estado al tanto incluso antes de la fundación de esa “orden”. En la década de 1940, Maciel obtuvo luz verde para fundar la orden, a pesar de haber sido expulsado de tres seminarios mexicanos por haber obligado a sus compañeros a mantener relaciones sexuales con él.
Cada vez que Maciel era expulsado, había un obispo desesperado dispuesto a arriesgarse con él. Y aunque los cuatro obispos dispuestos a darle a Maciel todas las oportunidades necesarias fueran sus tíos, el suyo es un caso extremo pero no único de la tolerancia excesiva de la Iglesia Católica con este tipo de comportamiento. El texto enlazado después de este párrafo, en la sección dedicada a Maciel, ofrece mayores detalles.
También es necesario recalcar que lo que sabemos hasta ahora no se debe a que la Legión de Cristo esté dispuesta a informar. Todo lo contrario. Lo sabemos porque, debido a la ira de los sobrevivientes y exalumnos de los colegios y universidades de la Legión, existe un intenso intercambio de fotos, información y, a veces, chismes sobre las carreras profesionales y pastorales de los sacerdotes de esa orden.
Lo que sabemos hasta ahora no se debe a la disposición de la Legión de Cristo a informar. Todo lo contrario. Lo sabemos porque la ira de los sobrevivientes y exalumnos en los colegios y universidades de la Legión alimenta un intenso intercambio de imágenes, información y, a veces, chismes sobre las carreras profesionales y pastorales de los sacerdotes de esa orden.
Sólo un esfuerzo dedicado a seguir las pistas permite comprender por qué estos casos siguen ocurriendo. Debido a estas emociones suscitadas por la Legión y sus líderes, fue posible tener acceso a una base de datos bastante limitada de la propia Legión de Cristo con las fechas de ordenación y el estado de sus sacerdotes hasta 2012.
A pesar de la obsolescencia, la base de datos ayuda a comprender quienes son Cabrera y de Andrés, las dos más recientes “estrellas” del salón de la fama del horror de los abusos sexuales cometidos por clérigos en esa orden.
Aliados clave en la curia
La base de datos ofrece algunas pistas sobre quiénes son y qué explica sus roles prominentes y relativamente estables en la orden fundada por Marcial Maciel. También ofrece recordatorios constantes de la inestabilidad de la membresía de esa orden, ya que una de sus columnas está dedicada a registrar a los sacerdotes que han abandonado la "orden", a los que han sido laicizados por Roma y a los que permanecen en una especie de limbo canónico.
Según esa base de datos, Antonio María Cabrera Cabrera (o Antonio Cabrera, según el país en el que trabajaba) fue ordenado sacerdote el 24 de diciembre de 1988 en Roma, en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y San Felipe de Jesús, por el cardenal Jozef Tomko.
Tomko fue un aliado clave de Maciel en la Curia Romana durante el mandato de Juan Pablo II. Desde 1985 hasta su jubilación en 2001 (a los 77), fue prefecto de la entonces Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Ocupó algunos cargos menores hasta 2007, cuando finalmente se jubiló. Murió en 2022.
De origen eslovaco, compartía con Juan Pablo II y otros cardenales de su curia la opinión derivada de su experiencia detrás de la llamada “cortina de hierro”, que cualquier crítica a la Iglesia Católica o al comportamiento de los sacerdotes y obispos era prueba de anticlericalismo o, más precisamente, de anticatolicismo.
En ese sentido, no sorprende que presidiera al menos una de las ordenaciones masivas organizadas por Maciel en Roma, México y otros lugares, como una forma de demostrar su supuesta capacidad para reclutar a un gran número de sacerdotes.
El día que Tomko ordenó a Cabrera, otros 14 miembros de la Legión de Cristo también recibieron las órdenes sagradas. Dos de ellos eran irlandeses, cinco mexicanos y los otros siete españoles.
Menos de ocho años antes de la ordenación de Cabrera, cuando Juan Pablo II asistió a una ceremonia en esa misma Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y San Felipe de Jesús, como parte de su agenda como obispo de Roma, como era su costumbre, elogió a la Legión de Cristo.
Existen traducciones al portugués y al español del mensaje original en italiano. De hecho, lo que sigue se toma de un pasaje que Juan Pablo II pronunció en español, como recuerdo de su entonces reciente viaje (1979) a México, el primero de su papado:
«Habiendo venido en visita pastoral a esta parroquia, que con su nombre evoca de modo tan vivo mi viaje de hace un año a México y mi peregrinación al santuario de la Virgen de Guadalupe, saludo cordialmente en su propia lengua al párroco y a los sacerdotes Legionarios de Cristo que se dedican con celo al bien de las almas en esta iglesia parroquial.
«Asocio en el saludo a los seminaristas de la misma congregación de los Legionarios de Cristo, deseándoles que se entreguen con alegría a una sólida preparación al sacerdocio, para ser luego buenos dispensadores de los misterios de Dios y servidores de los hombres hermanos. Que la Virgen Santísima os ayude, amados hijos, a corresponder generosamente al don de la vocación y os acompañe hasta el altar y en toda vuestra vida.
«Vuestra presencia y la de los otros miembros de la comunidad mexicana de Roma, me hacen pensar una vez más en todos vuestros compatriotas, a los que reitero el saludo dirigido en estos días mediante un mensaje especial por televisión, con motivo del primer aniversario de mi visita. Quiera el Señor y su Santísima Madre que este viaje y su recuerdo produzca renovados frutos de fe y de auténtica vida eclesial en México.»
Amo y señor
No queda claro ahora si Cabrera ya era seminarista de la Legión de Cristo, pero lo relevante es el interés de Juan Pablo II en enfatizar su relación con dicha orden. El propio Maciel, amo y señor de la orden, usaría mensajes como ese de finales de enero de 1980 como respaldo a su manejo de la Legión y, sobre todo, como excusa para pedir donativos, los llamados en la jerga mexicana, “sablazos”.
Un miembro clave de la cohorte de Cabrera fue Pedro Barrajón Muñoz, actual miembro del consejo de la Legión de Cristo y compatriota español. Forma parte de la Academia Pontificia de la Vida y de la Academia Pontificia de Teología, que honra a Tomás de Aquino. Y aunque estos organismos se dedican básicamente a temas académicos, Cabrera cuenta con un compatriota, legionario y compañero de clase, capaz de recomendarlo en las altas esferas.
En cuanto a su compatriota español Marcelino de Andrés Núñez, ahora es posible decir que recibió la ordenación en 1996. La cohorte de ese año contaba con 22 sacerdotes. Había un coreano, dos chilenos, tres estadounidenses, siete españoles, incluyendo a De Andrés, y los otros nueve eran mexicanos.
Cabe destacar que ya en 2012, de esos 22 sacerdotes, seis estaban fuera de la orden. Tres se incorporaron al clero diocesano en México (dos) y Estados Unidos (uno), dos ya estaban laicizados o secularizados. Uno era chileno y el otro mexicano, y la situación de otro mexicano era incierta. En esta base de datos se informa que está “fuera,” pero no se sabe si permaneció como sacerdote o no.
El obispo que ordenó a la mayoría de ellos fue nada menos que el cardenal Angelo Sodano, entonces secretario de Estado y el más fiel aliado de Maciel en la Curia wojtyliana de Roma.
Sodano estaba en su mejor momento entonces. Juan Pablo II lo nombró secretario de Estado dos años antes, y con dicho nombramiento se convirtió en cardenal obispo de Albano, uno de los cargos más importantes en la estructura del Colegio Cardenalicio y de la Iglesia Católica en general, ya que sólo unos pocos cardenales obtienen el título de cardenal obispo.
Tras la elección de Robert Prevost Martínez como papa León XIV en mayo, sólo quedan doce cardenales obispos, en comparación con los 205 cardenales presbíteros y 34 cardenales diáconos actuales, según se informa en esta página de Catholic Hierarchy.
La conferencia magistral sobre impunidad del último Maciel
Diez años después de la ordenación de De Andrés en Roma, él, Cabrera y otros miembros relativamente jóvenes de la orden eran parte del séquito del último Maciel. Era el Maciel que perdía horas interminables caminando por los pasillos con aire acondicionado de los elegantes centros comerciales de Florida, haciendo gala al pasearse ahí de su impunidad.
Con toda probabilidad lo hacía gracias al dinero que recibía de las élites mexicanas y estadounidenses lo suficientemente ingenuas como para creer sus narraciones fantasiosas sobre su lucha contra el comunismo o sobre haber sido un héroe de la Guerra Cristera en México (1926-9), cuando tenía menos de 10 años.
Mientras Maciel pasaba sus últimos días ahí, De Andrés, Cabrera y muchos otros en las generaciones entonces más jóvenes de la Legión de Cristo asistían a una clase magistral dictada por Maciel mismo sobre la impunidad y los aspectos más sutiles de cómo corromper la compleja maquinaria que es la Iglesia Católica.
Sabemos de esto no porque haya habido un informe creíble sobre las fechorías de Maciel ni sobre el tipo de apoyo que logró obtener en Roma, como sí lo tenemos en el caso de Theodore McCarrick (véase el texto enlazado antes de este párrafo).
Conocemos fragmentos de las interacciones del último Maciel y sus discípulos, ahora más que nunca siguiendo los pasos de su mentor, porque existe un registro de fotos de De Andrés, Cabrera y otros, compartidas a lo largo de los años en redes sociales por personas que tenían acceso al círculo íntimo de Maciel en México, España o Estados Unidos.
Incluso hay editoriales publicados en México que detallan cómo Cabrera solía viajar a Europa con sus alumnos. Lo hacía de una manera muy similar a como Fernando Karadima, el superdepredador chileno, solía hacerlo con los jóvenes feligreses menores de edad de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Santiago de Chile.
Fue en ese círculo donde los ya entonces sacerdotes, alumnos del último Maciel, aprendieron que tener a Sodano y otros cardenales como celebrantes de las ordenaciones en la Legión de Cristo eran golpes maestros de relaciones públicas. Sin embargo, Sodano sólo ordenó a 19 de ellos, ya que a tres de los nuevos sacerdotes los ordenaron obispos de Chile, España, y Estados Unidos.
Dicha práctica, la de tener a figuras clave de la jerarquía romana como ordenantes, además, evoca los vínculos de compadrazgo que explican muchas de las dinámicas de la corrupción en México y otros países en los que se reconoce la existencia de ese vínculo, que va más allá del padrinazgo.
En las universidades mexicanas, por ejemplo, todavía existen padrinos de generación, figuras públicas como diputados, senadores o gobernadores, que están presentes el día de la graduación y ofrecen alguna legitimidad adicional al acto académico de entrega de diplomas como tal.
En un contexto religioso, el uso de estas figuras es más poderoso, por la teología detrás de la idea misma de la ordenación, la del cambio ontológico y por la manera en que la presencia de estos cardenales evocaba la de los padrinos de generación del contexto académico mexicano que, a final de cuentas, era el referente principal de Maciel y la Legión.
El papel de Sodano como celebrante principal de las ordenaciones en el CES (Centro de Estudios Superiores) en Roma marcó el debut de ese lugar como recinto para la ordenación de sacerdotes de esa orden. Recientemente, el CES cambió su nombre a Colegio Internacional (abre sitio en inglés) aunque permanece en el complejo de la Legión de Cristo-Regnum Christi, cerca de la Vía Aurelia en Roma.
Las ordenaciones masivas legitimaron a Maciel y su orden como modelos a seguir. Roma y el propio Juan Pablo II hicieron todo lo posible por presentar a Maciel bajo esa luz, al tiempo que desestimaban las numerosas señales, mensajes e informes formales sobre los abusos en la Legión de Cristo que se remontan a la década de 1950.
Músculo espiritual
La idea de Maciel como ejemplo fue aceptada por otros fundadores en América Latina. En Argentina, Carlos Miguel Buela, apuntó a tal despliegue de poder y, de manera paradójica, la decisión de los obispos argentinos de declarar una especie de “huelga de ordenaciones” a los miembros del Instituto del Verbo Encarnado resultó contraproducente.
Como consecuencia de la decisión de los obispos argentinos de no ordenar a los discípulos de Buela, se produjo un retraso en las ordenaciones. Cuando Buela encontró en Sodano la mano amiga dispuesta a salvarlo de la supresión de su orden, pudo ser el anfitrión en días consecutivos de masivas ordenaciones.
Un día, el 9 de agosto de 2001, diez recibieron el orden como diáconos, y al día siguiente (10 de agosto de 2001), esos diez y otros 39 que se habían ordenado previamente fuera de Argentina, accedieron al orden de presbíteros como describe este texto de La Nación.
En los hechos, Buela tuvo una ordenación multitudinaria, lo que le dio al depredador argentino la oportunidad de seguir el ejemplo de Maciel al pie de la letra, ya que Buela se jactó de haber organizado la ordenación más grande de la historia argentina en la catedral de la arquidiócesis de La Plata.
Al igual que sucedió con la orden de Maciel en las décadas de 1950 y 1960, Buela encontró la manera de aceitar la maquinaria de la Curia Romana para evitar la supresión solicitada por todos los miembros de la Conferencia Episcopal Argentina, excepto Héctor Rubén Aguer, entonces titular, precisamente, de la arquidiócesis de La Plata.
En ambos casos, la capacidad de Maciel y Buela para atraer a decenas de candidatos al sacerdocio se sumó a su habilidad para persuadir a los principales líderes de la Iglesia Católica para que presidieran estas ceremonias colosales.
La Roma wojtyliana estaba dispuesta a autorizar y celebrar estas demostraciones de músculo espiritual, pues ofrecían la oportunidad de exhibir todo el catálogo de cantos, símbolos y vestimentas litúrgicas mientras movilizaban a grandes masas.
Estos alardes de pretendida fortaleza espiritual se llevaban a cabo a pesar de las críticas, ya generalizadas, sobre la forma en que órdenes como la Legión de Cristo y el Instituto del Verbo Encarnado entendían y practicaban el catolicismo.
Una vez más, cabe destacar que existían evidencias de los efectos negativos de esta variedad del catolicismo, como lo confirma el hecho que los obispos de Argentina se negaran a ordenar sacerdotes para el Instituto de Buela o como se reflejó en la pelea entre Maciel y su más feroz crítico mexicano, el entonces arzobispo de Monterrey, el cardenal Adolfo Suárez Rivera.
Deserciones sacerdotales
En cuanto a la Legión, también elevó la condición simbólica de la capilla donde se llevaron a cabo las ordenaciones. Al enfrentarse a las peores acusaciones contra Maciel, justo después de la muerte de Juan Pablo II en 2005, Norberto Rivera Carrera, el cardenal mexicano, acudió a la misma capilla para ordenar a 27 sacerdotes.
No es que la Legión pudiera retenerlos, pues ya en 2012, nueve de ellos habían abandonado la orden, se habían convertido en sacerdotes diocesanos, y otros dos habían abandonado el sacerdocio definitivamente.
El año anterior, 2004, el cardenal Franc Rodé ordenó a 58 legionarios en Santa María la Mayor, la basílica romana. No debería sorprender que Rodé siguiera siendo un firme defensor de Maciel y de muchos otros sacerdotes depredadores, como relata la historia enlazada después de este párrafo.
Como señala la sección “Frutos y árboles”, en 2010, Rodé decía que Maciel…
- …supo estar por encima de su tiempo. Trascendía el tiempo. Era soberano, era libre, no estaba condicionado por las corrientes momentáneas de opinión. Y por eso fue uno de los pocos capaces de evitar los errores cometidos después del Concilio (Vaticano II). Tuvo la perspicacia de ver los peligros y las trampas de la secularización, y evitarlos.
De los 58 varones que Rodé ordenó como sacerdotes, uno provenía de Brasil, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda y Venezuela. Dos provenían de Vietnam, tres más de Chile, siete de España, 15 de Estados Unidos y 26 de México.
Sin embargo, no hay que dejarse engañar por la cantidad de sacerdotes ordenados ese año, la perspectiva global de la generación o cohorte ni la capacidad de Rodé para disimular años después los abusos de Maciel. Ocho años después de aquella multitudinaria ceremonia, siete de esos 58 ya no eran sacerdotes, pues habían pasado por el proceso de secularización por razones no reveladas. Un subgrupo de 13 seguía siendo sacerdote, pero se unieron a una diócesis local (cinco en Estados Unidos y otros cuatro en México).
Otros dos miembros de la Legión se encontraban en una situación incierta, generalmente descrita en la jerga canónica como «extra domum», lo que implica que siguen siendo sacerdotes y miembros de la congregación, pero que ya no siguen las reglas de la orden.
Dejando de lado la escasa y desactualizada información disponible en la base de datos, otros detalles que surgen sobre las vidas de Cabrera y De Andrés provienen de canales informales, como grupos de redes sociales de Facebook como Legioleaks. El problema, desde luego, es que la información que se comparte en estos grupos siempre implica algún riesgo, por no ser suficientemente precisa como para comprender mejor lo sucedido en la orden.
La Legión de Cristo, en este sentido, no se ayuda a sí misma. Sí, ha publicado informes desde la última década, tanto en español como en inglés. El más reciente apareció en abril pasado.
Sin embargo, a pesar del elegante diseño de sus páginas, lo que comparten son más bien datos fragmentados. Sus informes impiden cualquier evaluación real de dónde pasaron sus sacerdotes sus períodos de servicio. Tampoco es posible evaluar, como uno de los muchos ejemplos posibles, las tasas de deserción de las cohortes o generaciones formadas durante el liderazgo de Maciel en comparación con las ordenadas tras su muerte.
Practicar la solidaridad
En las próximas semanas, a medida que evolucionen (o no) los casos en España y México, será posible acopiar más información. Lo que debería quedar claro en este momento para otros sobrevivientes de abuso es que ahora es un buen momento para dar un paso al frente y narrar sus casos.
Esto es relevante tanto para las víctimas españolas de De Andrés, en el Colegio Highlands del norte de Madrid, como para las víctimas de Cabrera en la Universidad Anáhuac, en el noroeste de la Ciudad de México.
Como se exploró en textos previos sobre la crisis en el colegio católico francés de Bétharram (véase el texto enlazado arriba), aunque no siempre existen las condiciones idóneas para acceder a la justicia, pueden surgir nuevas vías como consecuencia de la presión social y política.
La semana pasada, Camille Rio ofreció a Los Ángeles Press un relato detallado de cómo lo que ha marcado la diferencia en Francia para los sobrevivientes de abuso en Bétharram ha sido la capacidad de ellos mismos para unirse y apoyarse mutuamente, la necesidad de practicar la solidaridad entre ellos, incluso aquellos que provienen de diferentes culturas, donde el francés no es la lengua oficial y que no son reconocidos como víctimas por la Iglesia Católica francesa.
La Legión de Cristo, con sus elegantes sitios web y su mensaje en clave de branding de “cero abusos”, cuidadosamente elaborado, es un excelente ejemplo de la mercadotecnia moderna en la Iglesia Católica.
Sin embargo, como prueban dolorosamente los casos de De Andrés y Cabrera, la efectividad de estas campañas de relaciones públicas parece inversamente proporcional a las consecuencias concretas que enfrentan los sobrevivientes de abusos sexuales por parte del clero.
Donde el branding y la mercadotecnia ofrecen espacios seguros, el abuso sigue ocurriendo. Cuando la Legión predica compasión y justicia, ocurre lo contrario.
Un atisbo de rendición de cuentas
Hasta que Roma desarrolle medidas concretas para castigar el abuso, más allá de las “sanciones” a Maciel o Karadima, manazos sin consecuencia alguna y exija una verdadera rendición de cuentas, el compromiso declarado de la Iglesia Católica con la tolerancia cero no será más que palabras huecas.
En septiembre de 2024, el Sodalicio peruano montó una campaña en forma para atacar al papa Francisco. Llegaron incluso a solicitar a la Fiscalía de ese país sudamericano que investigara el trabajo que el Vaticano hacía en materia de abusos en esa orden religiosa, ahora suprimida.
Sus acciones ofrecen una idea de hasta dónde están dispuestas a llegar estas órdenes con comportamiento sectario, pero también dejan ver algunas de las facultades del pontífice para imponer sanciones económicas y consecuencias reales a las personas, órdenes y/o diócesis que permitan los abusos.
Al promulgar la inusual excomunión de Giuliana Caccia y Sebastián Blanco Eguiluz, Francisco impuso una multa equivalente a 27 mil dólares de Estados Unidos, pagaderos a Cáritas de Perú, como da cuenta el texto enlazado después.
El decreto se mantiene hasta el día de hoy como un ejemplo de cómo la Iglesia Católica puede dotarse de los necesarios “dientes” para imponer una verdadera política de tolerancia cero en materia de abuso.
Esto es más relevante, ya que es evidente que los casos de De Andrés y Cabrera no son incidentes aislados, sino dolorosos recordatorios de que la política de “tolerancia cero” de la Iglesia Católica, proclamada durante tanto tiempo, sigue siendo una promesa.
Tanto así que una base de datos que data de 2012 proporciona más información real sobre lo sucedido en la Legión que las páginas cuidadosamente diseñadas de los informes que han publicado durante los últimos seis años aproximadamente.
Incluso cuando ofrecen datos reales sobre abusos, su información es la misma que reportaron en 2019, cuando admitieron a 175 menores como víctimas de miembros de esa orden, 60 de ellos, víctimas de Maciel. En esa misma página, no se reconoce a ninguna víctima que no fuera menor de edad, lo cual es, al menos, difícil de creer.
Y no sólo en la Legión de Cristo. La semana pasada, Los Ángeles Press abordó un caso que involucraba a la orden de los escolapios, un obispo español recién nombrado y un sobreviviente mexicano cuyo abuso ocurrió en la primera década de ese siglo.
Hernán, como lo identifica ese texto, tuvo que lidiar con la manipulación psicológica derivada de la renuencia de la Iglesia Católica a aplicar sus propias políticas de protección y tolerancia cero, poniendo en riesgo a los menores.
Mientras figuras y órdenes influyentes dentro de la Iglesia Católica puedan aprovechar alianzas con las élites políticas locales e internacionales, y promuevan estrategias de relaciones públicas y mediáticas para evitar consecuencias reales, el ciclo de abuso e impunidad persistirá a menos que se produzca un cambio real.
La verdadera medida del progreso no se encontrará en alardes en sitios web ni en la supuesta adhesión a políticas bastante abstractas prescritas por consultoras como Praesidium, sino en un cambio decisivo desde Roma que garantice que los perpetradores y las instituciones negligentes enfrenten repercusiones tangibles, dando finalmente un significado real a la promesa de seguridad para los fieles.