León XIV obliga a renunciar a 21 obispos en 15 meses como pontífice
El finado papa Francisco luego de elevar al entonces cardenal Robert Prevost en la Plaza de San Pedro, 30 de septiembre de 2023. Detalle de la imagen de Marcin Mazur para la Iglesia Católica de Inglaterra y Gales @ www.flickr.com/photos/catholicism/53229482386/in/photostream/

Rodolfo Soriano-Núñez

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En sus últimos dos años en el cargo, Francisco forzó la salida de 36 obispos. En total, Francisco "renunció" a al menos 87 obispos, incluidas otras medidas disciplinarias similares.

En sus primeros 15 meses, León XIV superó el ritmo de renuncias anticipadas de obispos de su predecesor, un indicador para calibrar la escala del abuso sexual y otros problemas en el catolicismo.

Por Rodolfo Soriano-Núñez

La renuncia anticipada de los obispos sigue siendo uno de los pocos “síntomas” relativamente fáciles de detectar de problemas estructurales en cualquier diócesis católica, como dice el refrán: “si el río suena es que agua lleva”.

Aunque todavía ahora un obispo católico ostenta un poder casi absoluto en su diócesis, su patrimonio y su capital simbólico, antes de 1966, los nombramientos episcopales eran prácticamente vitalicios. Tras el Concilio Vaticano Segundo (1962–1965), el papa Pablo VI promulgó en 1966 un motu proprio, un documento similar a un decreto, titulado Ecclesiae Sanctae (contenido en italiano).

El documento establece normas para limitar ese mandato ilimitado al exigir que cada obispo presente su renuncia al cumplir los 75 años, entre otras reformas específicas que más tarde fueron ampliadas por el Código de Derecho Canónico de 1983 de Juan Pablo II. Si bien las renuncias anticipadas se concibieron originalmente como salida para casos relacionados con la salud, han evolucionado hasta convertirse en una herramienta comodín para gestionar diócesis con problemas.

En varias entregas, esta serie ha utilizado el “síntoma” de la renuncia anticipada para descifrar lo que ha sucedido en diócesis afectadas por el abuso sexual y algunos de sus correlatos, de manera destacada, pero no limitada, la malversación de fondos.

Ha sido una necesidad más que una preferencia, ya que la Iglesia Católica hace todo lo posible para minimizar la existencia misma de problemas, e incluso las declaraciones sobre las salidas anticipadas del cargo a menudo están marcadas por un lenguaje críptico, con poco o ningún detalle sobre la verdadera causa de esas decisiones.

A lo largo de más de cien casos que esta serie ha identificado, existe un rastro del fin repentino de la gestión de un obispo, a menudo combinado con una llamada visita apostólica, el equivalente en la Iglesia Católica a una inspección, que con frecuencia conduce también al nombramiento de un administrador apostólico, es decir, una figura distinta a un obispo residente a tiempo completo, que debe lidiar con los problemas que llevaron a la renuncia anticipada de un obispo, como lo hizo ver el texto de principios de este año enlazado tras este párrafo.

En 2025, antes de que el papa Francisco fuera admitido en el Hospital Gemelli de Roma, esta serie logró rastrear un total de 30 llamadas renuncias "anticipadas" o "forzadas" de obispos a lo largo de 2023, 2024 y las primeras semanas de 2025.

En aquel momento, lo que motivó el recuento fue la renuncia anticipada de Dominique Marie Jean Rey, miembro de la Comunidad Emmanuel, un movimiento popular en el mundo católico de habla francesa, como refirió la historia enlazada tras este párrafo hace unos meses.

Antes de eso, la serie logró rastrear un total de cien "renuncias anticipadas" que se remontan al pontificado de Pío XII, como refirió entonces la pieza enlazada tras este párrafo, de 2023.

En esta ocasión, la serie repasa lo sucedido en torno a la cuestión de las renuncias anticipadas durante los primeros 15 meses de León XIV como obispo de Roma, mientras se prepara para su visita a Francia en septiembre y, posteriormente, en noviembre para su muy anticipado viaje a Uruguay, Argentina y, sobre todo, a Perú.

Debe considerarse, sin embargo, que cuando Francisco le pidió a Robert Francis Prevost que dejara la diócesis de Chiclayo, Perú, para convertirse en prefecto del Dicasterio para los Obispos, ya le daba voz y voto para decidir cuándo era necesario retirar, antes de cumplir los 75 años, a cualquier obispo en la Iglesia Católica, así como un papel principal en determinar quién debía ser promovido a dicho cargo.

Para ser claros, una renuncia anticipada, es decir, una renuncia aceptada antes de cumplir los 75 años, no es por sí sola una señal de problemas. Hay casos en los que la renuncia es realmente la consecuencia de una enfermedad.

Sin embargo, a lo largo de muchos casos en todo el mundo católico, existen pruebas suficientes para afirmar que cuando un obispo renuncia a su cargo antes de esa edad, es porque el Vaticano ya ha detectado algún problema, aunque sólo sea una consideración real de salud, e intenta controlar la situación antes de que se escale.

Además, debe decirse que, para cuando hay rumores de una posible renuncia anticipada, se debe a que el clero de la diócesis de ese obispo se ha movilizado, aunque sea con sigilo o al menos discretamente, para destituirlo, o bien porque ya existe un escándalo en los medios civiles locales.

Lamentablemente, el Vaticano es de todo menos transparente o responsable al gestionar este tipo de situaciones. Esta serie ha repasado algunos de los ejemplos más recientes de hasta dónde llega la Iglesia Católica para pretender que nada va mal en lo que respecta a la conducta de sus propios obispos.

La opacidad, no la transparencia ni la rendición de cuentas, es la principal directiva no escrita de cómo la Iglesia Católica aborda estos casos, aun si existen algunas excepciones. Una de esas excepciones fue la forma en que la Iglesia Católica en Francia estuvo dispuesta a ofrecer algún contexto sobre la renuncia de Jean-Paul Gabriel Émile Gusching, quien fue durante más de once años el obispo de Verdún.

Fue forzado a dejar el cargo cuando se filtraron detalles sobre una relación con una mujer adulta y se convirtieron en motivo de escándalo en Francia, donde la Iglesia Católica ha estado bajo un intenso escrutinio por repetidos escándalos de abuso. A diferencia de lo que suele ocurrir en otras partes, en Francia la nunciatura apostólica emitió un comunicado sobre las razones detrás de la renuncia de Gusching.

Curiosamente, casi de forma simultánea, en el otro lado del mundo, en Perú, Ciro Quispe López fue el personaje principal de un escándalo aún más explosivo. Como refirió en su momento la historia enlazada tras este párrafo, mientras en París la Nunciatura en Francia explicaba las razones detrás de la renuncia anticipada de Gusching (a los 71 años), en Lima, la nunciatura en Perú nunca ofreció una explicación de por qué Quispe López siguió un camino similar.

Correspondió a los medios locales en Perú dar cuenta del aparentemente irrefrenable apetito sexual de Quispe López, con relaciones con al menos diez mujeres en su diócesis. Algo similar se podría decir de Emmanuel Hanna Shaleta, quien solía desplazarse desde sus oficinas en la diócesis católica caldea, una eparquía, en Jamacha Way, en San Diego, California, al Hong Kong Gentlemen’s Club y otros burdeles que operan en Tijuana, Baja California.

Sabemos lo que hizo no porque la arquidiócesis de Los Ángeles, la nunciatura en Washington, D.C., u otra entidad de la Iglesia Católica en los Estados Unidos estuvieran dispuestas a dar detalles sobre cómo Shaleta “quemaba” las limosnas de los fieles del rito católico caldeo en California en la zona roja de Tijuana.

La información disponible existe porque las autoridades de Estados Unidos ofrecieron detalles sobre una investigación profunda sobre cómo Shaleta predicaba la belleza del Evangelio en Estados Unidos, a los miembros de lo que es mayormente una comunidad religiosa migrante, mientras que en México consumía servicios sexuales.

La forma en que la Iglesia Católica aborda estos casos específicos, la opacidad aparentemente eterna, permite que Gusching, Quispe López y Shaleta se ostenten todavía ahora como “obispo emérito”. Es como si los líderes de la Iglesia Católica hicieran todo para proteger a colegas que, al menos en el caso de Shaleta, todavía están bajo investigación por parte de las autoridades.

Ni Gusching, ni Quispe López, ni Shaleta parecían tener reparos respecto a su desprecio por la supuestamente rígida moral sexual promovida por la Iglesia Católica. En el caso de Gusching, aparentemente estaba dispuesto a desafiar las restricciones impuestas por Roma, y eso motivó la declaración de la nunciatura sobre las razones reales detrás de su salida de su antigua diócesis.

Al permitirles conservar un título oficial asociado a su mandato como obispos, la jerarquía católica parece decidida a protegerlos a pesar de su historial problemático, pero también a proteger la propia imagen de la institución. Al hacerlo, como lo demuestra el caso de Gusching, la Iglesia Católica también perjudica su capacidad para aprender de sus propios errores.

Gusching pretendía regresar a su “vida normal” como si nada hubiera sucedido, sin tomar en consideración los efectos de su comportamiento en los demás y el hecho de que sus superiores ya habían fijado restricciones sobre su conducta como una sanción extremadamente leve que él estaba dispuesto a ignorar.

Esa es también una fuente principal de problemas cuando los sacerdotes con acusaciones serias de abuso intentan eludir las consecuencias de sus actos. Ello revela, en un sentido, los aspectos más sórdidos del clericalismo: la idea de que los intereses y preferencias del clero deben prevalecer, mientras que, por el otro, también muestra lo difícil que es para la Iglesia Católica que los sacerdotes acusados acaten sus sanciones.

El ejemplo más notable de ello proviene de los últimos días de la vida de Fernando Karadima. Por un lado, fue lo suficientemente arrogante como para ignorar las restricciones impuestas sobre él. Dichas restricciones le negaban la oportunidad de celebrar misas públicas y otros rituales similares, algo que estaba dispuesto a hacer en la capilla "privada" de una orden religiosa femenina en Santiago, donde presidía misas privadas sólo de nombre, pues el público podía acceder. Por el otro, sus superiores en el arzobispado de Santiago no estuvieron dispuestos a impedirle realmente el acceso a espacios sagrados para presidir tales rituales.

Los datos disponibles

Lo que sigue es el análisis de los datos disponibles derivados de las últimas renuncias forzadas por el papa Francisco en los últimos meses de su vida y a lo largo de los primeros 15 meses del papado de León XIV. Cuando el papa Bergoglio le pidió al obispo Prevost que dejara Chiclayo, le daba un papel principal en cualquier decisión futura sobre los más de cinco mil obispos católicos activos en el mundo.

En ese sentido, es casi imposible pensar en cualquiera de esas 30 renuncias “anticipadas” o “forzadas” de obispos en los últimos dos años del papado de Francisco sin el aporte y la opinión del entonces obispo Prevost y actual papa León.

En general, fue posible identificar a 41 obispos católicos o sus equivalentes en un período de unos 20 meses, desde enero de 2025 hasta agosto de 2026, pero algunos de ellos no se consideran pues hay evidencia para reconocer razones distintas a la crisis de abuso para la decisión de poner fin a sus mandatos.

Y, sin embargo, hay un cambio que ocurre bajo el papa León XIV. Para apreciarlo, hay que mirar más allá de los totales brutos y evaluar la tasa promedio de renuncias forzadas, no por edad o “anticipadas” por año en el cargo.

Aunque el papa Francisco supervisó un volumen absoluto mayor de salidas anticipadas a lo largo de sus doce años de pontificado, León XIV acepta actualmente renuncias a más del doble del ritmo anual de su predecesor y casi veinte veces la tasa de Juan Pablo II. La tabla después de este párrafo resume los datos disponibles sobre estas “renuncias anticipadas”, remontándose al pontificado de Pío XII (1939-1958).

Los datos revelan que, bajo Francisco, las salidas forzadas se dirigieron a ordinarios en funciones tras años de escándalos acumulados por malas decisiones o encubrimiento. Con León XIV, los fallos de evaluación se manifiestan antes: candidatos como Krzysztof Dukielski (Radom, Polonia), Matthew Choi Kwang-hee (Seúl, Corea) y Gerardo Fortich Saco, Jr. (Tagbilaran, Filipinas) renunciaron antes de sus consagraciones, aunque casos similares ya ocurrían durante el mandato de Francisco, como con Carlos Eugenio Irarrázaval Errázuriz, de Santiago de Chile, en 2019.

Cuando un sacerdote es nombrado obispo electo y luego renuncia o desaparece abruptamente antes de la consagración, casi siempre apunta a un descubrimiento rápido y de última hora de descalificadores canónicos graves durante el escrutinio final de antecedentes o inmediatamente después del anuncio público.

El hecho de que durante sus primeros 15 meses en el cargo León XIV ya haya gestionado tres casos de sacerdotes que no se consagraron obispos podría interpretarse de manera positiva, como algo que evitó un escándalo, pero también debe verse como un síntoma de que la selección de obispos católicos necesita mejoras, que no ocurrirán fácilmente, pues los obispos ven la promoción de sus allegados como una forma de aumentar su poder e influencia.

Hay que observar los debates actuales sobre la llamada sinodalidad en la Iglesia Católica como un indicador del tipo de resistencia que generan en esa institución los cambios en la forma en que se nombra a los obispos, con los sectores más conservadores en armas por la posible pérdida de influencia y control.

Silencio y secreto como directivas principales

A pesar de los cambios en el estilo o la zona geográfica, la transparencia se ha mantenido estancada. Tanto con Francisco como con León, más de siete de cada diez renuncias anticipadas ocurren sin que el Vaticano ofrezca una explicación pública.

El hecho de que, hasta el día de hoy, más de cuarenta años después del inicio de la crisis de abuso sexual, el único informe oficial del Vaticano disponible públicamente sea el relativo a la carrera criminal del finado Theodore McCarrick es una señal elocuente de lo difícil que es para el Vaticano y sus diócesis en todo el mundo reconocer realmente la escala de la crisis y ofrecer explicaciones sobre lo que hizo McCarrick.

El hecho de que el informe haya surgido después de que hubiera un esfuerzo por parte de Carlo Maria Viganò, el ahora excomulgado antiguo nuncio o embajador del Vaticano en Estados Unidos, es también una señal de que la transparencia para la Iglesia Católica es una respuesta de último recurso, no un procedimiento.

La Iglesia Católica alemana ha publicado a lo largo de los últimos cinco años una serie de informes diocesanos después de que el intento de publicar un informe nacional terminara en una fractura mayor en la Conferencia de Obispos Alemanes, pero incluso las diócesis católicas austriacas y suizas se abstienen de seguir el ejemplo alemán.

Mientras que las renuncias de Francisco estuvieron fuertemente concentradas en América (Estados Unidos, Argentina y Chile con más del 40 por ciento del total), las de León XIV han sido mayoritariamente europeas (42.9 por ciento) y cada vez más extendidas por el África francófona y el Este de Asia (33.3 por ciento), lo que refleja una dependencia globalizada de ese tipo de intervención administrativa.

Cualquier transparencia que exista proviene de los medios civiles locales. Los medios católicos, con la excepción del National Catholic Reporter de Estados Unidos, medios británicos como The Tablet, franceses como La Croix y Religión Digital de España, así como lo que Katholisch.de publica sobre los acontecimientos en el mundo católico de habla alemana, de forma similar a lo que es posible encontrar más recientemente en Vida Nueva Digital cuando aborda casos de España.

En su mayor parte, el resto de la cobertura de los medios católicos está fuertemente sesgada según líneas ideológicas y lingüísticas, como demostró el texto sobre lo diferente que es la cobertura sobre temas relacionados con la crisis de abuso en Vatican News según el idioma en el que se lea.

Es casi imposible pronosticar qué sucederá en lo que, según todos los indicios, será un pontificado largo, potencialmente más largo que el de Juan Pablo II pero, hasta ahora, cualquier esperanza de cambio en la forma en que la Iglesia Católica aborda el problema clave (la crisis de abuso sexual) depende de su capacidad para realizar reformas simultáneas, que van desde reformar la educación en los seminarios hasta encontrar mejores prácticas para seleccionar obispos.

Lamentablemente, la Iglesia Católica enfrenta una revuelta silenciosa liderada por sus sectores más reaccionarios. Hasta el momento, han logrado socavar el de por sí débil legado de reformas del papa Francisco.

Un año después del nombramiento de Thibault Verny como presidente de Tutela Minorum, no hay señales de un compromiso real por parte de las conferencias nacionales de obispos para, al menos, cumplir con la instrucción de Francisco de establecer al menos una comisión para prevenir el abuso sexual en cada diócesis.

Más preocupante aún, no hay señales de que la propia comisión Tutela Minorum busque la autoridad requerida que cualquier organismo de control necesita para hacer cumplir las regulaciones cuando las partes interesadas no están dispuestas a cumplir.

Los principales impulsores del cambio, hasta ahora, provienen de países europeos como Francia, Alemania y España, que enfrentan una severa crisis revelada en las encuestas y estudios sobre la práctica religiosa como una realidad cada vez más privada, que deja los bancos vacíos y convierte a las catedrales románicas, góticas y renacentistas en algo más cercano a museos que a lugares de culto reales y vivos.

En América Latina, los obispos parecen estar decididos a litigar cada caso de abuso sexual, con lo que parece ser una apuesta a que las víctimas no den un paso al frente para evitar el estéril enfrentamiento con los arcanos e inhumanos sistemas de justicia en las repúblicas latinoamericanas, los cuales aún están dispuestos a acogerse a la prescripción del delito y aceptar algunos de los muchos trucos de los abogados penalistas.

Basta con mirar el caso actual que se desarrolla en Aguascalientes, México, donde las víctimas de Juan Antonio Ávila Salas están dispuestas a seguir adelante, con cualquier medio a su alcance para desafiar a Ávila Salas y al obispo de allí, Juan Espinoza Jiménez.

En lugar de resolver los agravios reales y objetivos, tan reales como para motivar al Dicasterio para la Doctrina de la Fe a laicizar a Ávila Salas el 6 de junio, el obispo Espinoza Jiménez se queja de supuestos sesgos en la cobertura de los medios locales sobre el caso y la lenta respuesta de su propia diócesis al asunto, mientras intenta descartar la responsabilidad institucional de la diócesis en los abusos perpetrados por el ahora laicizado Ávila Salas.

En Estados Unidos, todavía existe una tendencia entre algunos miembros del clero a entregarse a un espectáculo judicial de autodestrucción, quemando pequeñas fortunas en la defensa de sacerdotes depredadores, como probó el texto publicado hace un par de semanas, enlazado tras este párrafo.

Lo que muchos obispos no parecen estar dispuestos a reconocer es cómo la crisis de abuso sexual clerical es, cuando se deja de lado el dolor y el sufrimiento de las víctimas, por encima de todo, una crisis de confianza en la capacidad de la propia Iglesia Católica para garantizar su propio futuro.

Una joven madre mexicana, feliz por la próxima celebración de la Primera Comunión de sus hijas, me contó lo triste que es para ella estar preocupada por los riesgos potenciales para ellas mientras asisten al curso obligatorio para acceder al sacramento en su parroquia.

Dado que su padre falleció recientemente, recordó cómo sus padres podían enviarla al catecismo sin preocuparse por su bienestar, una experiencia que ahora se le ha negado a ella como madre, debido al riesgo de que sus hijas se conviertan en el objetivo de un depredador.

Puede consultar el archivo Excel con los datos aquí en Scribd. Sugiero concentrarse en la hoja titulada "Updated DB English 2026". El archivo es bilingüe en inglés y español.

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Un resumen de este texto está disponible en audio después de este párrafo.

Nota de producción: El texto del resumen, así como el principal, fueron escritos y editados sólo por el autor. La grabación de la lectura del audio se hizo con una herramienta de texto-a-habla (Microsoft Word vía Web). La IA se usó sólo para generar la voz y no para la creación del contenido.

El finado papa Francisco luego de elevar al entonces cardenal Robert Prevost en la Plaza de San Pedro, 30 de septiembre de 2023. Imagen de Marcin Mazur para la Iglesia Católica de Inglaterra y Gales @ www.flickr.com/photos/catholicism/53229482386/in/photostream/
El finado papa Francisco luego de elevar al entonces cardenal Robert Prevost en la Plaza de San Pedro, 30 de septiembre de 2023. Imagen de Marcin Mazur para la Iglesia Católica de Inglaterra y Gales @ www.flickr.com/photos/catholicism/53229482386/in/photostream/

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