Rodolfo Soriano-Núñez Lunes, 14 de Julio del 2025
El martes 8 de julio, la promoción en junio de un sacerdote violador en Tolosa había eclipsado la de Verny en Tutela.
En 2006, una corte de apelaciones declaró a Dominique Spina, nuevo canciller de Tolosa, culpable de violar a un niño, lo que nubló la designación de Verny en Tutela.
Por Rodolfo Soriano-Núñez
Antes de salir de vacaciones a Castel Gandolfo, el papa León XIV designó el sábado 5 de julio al nuevo responsable de Tutela Minorum, la entidad encargada de prevenir los abusos sexuales del clero en la Iglesia Católica.
Su elección fue el arzobispo de Chambéry, Francia, Thibault Verny. Él ha sido miembro de Tutela Minorum desde septiembre de 2022, cuando era obispo auxiliar de París, responsable de prevenir abuso sexual ahí y presidente del Consejo para Prevenir y Combatir la Pedofilia, una entidad de la conferencia de obispos de Francia.
Cualquier buena voluntad que había sobre la designación de Verny se esfumó cuando, el martes 8 de julio, se supo de otro nombramiento hecho el 4 de junio de 2025 por el arzobispo Guy de Kerimel de Tolosa. El texto de la lamentable designación está disponible, en francés, aquí.
El último de cuatro designados con cargos ese día, uno puede leer ahí que Dominique Spina pasó de vicecanciller a canciller y delegado episcopal para matrimonios. Es difícil que una designación así adquiera relevancia global. Esta se esparció como pólvora cuando emergieron detalles de quién es Spina en redes sociales gestionadas por los sobrevivientes de abuso sexual en Francia.
Spina no es un sacerdote común. En 2006, una corte de apelaciones ratificó un fallo de 2005 de una corte inferior que lo culpaba de violación. Y peor, la víctima de Spina, adolescente entonces, estudió algún tiempo en Bétharram, el colegio católico ahora sinónimo de abuso sexual a manos de clérigos en Francia.
Los medios franceses identifican a la víctima como Sébastian V. Quería ser sacerdote y Spina era el responsable de las vocaciones en la diócesis donde está Bétharram. Ese colegio católico del sur de Francia ha sido objeto de entregas previas de esta serie. Para conocer más se puede consultar el texto que aparece después de este párrafo sobre el papel del primer ministro francés, François Bayrou, en ese escándalo.
En 1996, el seminario diocesano aceptó a Sébastian como estudiante. En los meses siguientes, reportó situaciones de abuso a sus superiores. Ellos desestimaron las acusaciones y al final lo expulsaron a él en 1998 por “inmaduro” para seguir la vida religiosa.
Sébastian presentó una denuncia en 2002 y, luego de la ordalía que viven los sobrevivientes de abuso, revictimizados por los más leales de las diócesis católicas, indispuestos a aceptar que un sacerdote puedan ser depredador, en mayo de 2006 ganó su caso ante la corte de apelación.
Tristemente, diez años después, en 2016, Sébastian pasaba de víctima a depredador. Se le enjuició sobre su propio papel como depredador sexual de estudiantes a su cuidado en otro colegio privado en la misma región de los Pirineos Atlánticos en el sur de Francia.
Mientras tanto, en 2007, Spina obtuvo libertad condicional, mientras seguía suspendido como sacerdote. Dos años después, Robert Le Gall entonces arzobispo de Tolosa dio a Spina una oportunidad para regresar al sacerdocio.
Spina sabe que Francia no tiene buenos recuerdos de él. En 2016, el arzobispo Le Gall designó a Spina como cura en solitario de Fronton-Bouloc. Ahí, hubiera tenido que confesar, por ejemplo, a niños y adolescentes, una restricción sobre él.
Un escándalo arremetió a Tolosa y sólo entonces Le Gall entendió las preocupaciones de los padres preocupados en Fronton-Bouloc. Envió a Spina a tareas administrativas en la curia. Luego de nueve años de servicio, el actual arzobispo, De Kerimel, promovió a Spina de vice a canciller de pleno derecho.

El argumento es que ser canciller es un cargo administrativo, como demuestra que casi al mismo tiempo, la Ciudad de México nombró a su primera mujer canciller de la arquidiócesis primada ahí, un tema relevante sólo para medios mexicanos.
La clave está en que, como canciller, Spina tendrá acceso al archivo de la diócesis, incluido cualquier rastro de un reporte de abuso sexual contra alguno de los 211 sacerdotes que atienden a los 850 mil fieles de Tolosa.
Así, a pesar del positivo sobrio anuncio sabatino de Verny como presidente de Tutela Minorum a cargo de León XIV, saber el martes del nombramiento de Spina en junio como canciller, agrió la llegada de Verny a Tutela.
El interés pasó de los positivos en torno a la nominación de Verny, a la preocupación por la decisión de De Kerimel de reciclar a Spina. Al hacerlo, es inevitable plantear preguntas sobre si la Iglesia Católica en Francia y, de hecho, a escala global, ha aprendido algo útil en los últimos 40 años.
La educación de un obispo católico francés
Antes de que el canciller Spina fuera noticia, la designación de Verny era un signo de esperanza de un cambio en la manera en que la Iglesia Católica lidia con el abuso sexual a manos de clérigos.
Aunque está a punto de cumplir 60 años, Verny lleva menos de tres años como obispo a cargo de una diócesis. El papa Francisco lo promovió a obispo de Chambéry luego de siete años como auxiliar en París.
Chambéry ocupa el centro de una suerte de triángulo que forman la Ginebra, Suiza, 65 kilómetros al norte, Turín, Italia, 140 kilómetros al sureste y Lyon, Francia, 90 kilómetros al oeste.
La relativa juventud de Verny podría ser una ventaja para este exigente rol global, ayudándole a dividir su tiempo entre Tutela y su diócesis. Ver el mundo desde Chambéry podría darle la voluntad, rara en veteranos del Vaticano, para encontrar nuevas maneras de abordar un problema bastante arraigado.
Tan arraigado que socava la confianza en la Iglesia Católica y erosiona capital social crucial para la salud de la vida pública. Deja un vacío que suele alimentar soluciones populistas y simplistas a problemas de justicia y aplicación de la ley, como muestran los ataques del Make America Great Again a obispos de Estados Unidos, acusándolos de traficar menores.

Además, dado que Chambéry se ha librado, al menos hasta ahora, de los escándalos que sacuden estos días lugares en Francia como Bétharram, no tiene la presión de apagar algún fuego en su diócesis.
Esa relativa calma contrasta con la vasta y dolorosa experiencia que adquirió tras 18 años como sacerdote y obispo auxiliar en la capital. Uno supone que su tiempo ahí le enseñó algo sobre la dinámica del abuso sexual cometido por el clero.
Quizás tanto de esas dinámicas como lo que aprendió de dinámica cuando estudió para ser ingeniero, un ingeniero en física, para mayor precisión, como refiere su biografía en el sitio de la Conferencia del Episcopado Francés.
Como egresado de la prestigiada Escuela Superior de Física y Química Industriales de la Ciudad de París, que tiene a cinco premios Nobel entre sus profesores y egresados, Verny tiene algo en común con Pierre y Marie Curie, quienes en algún momento de sus vidas fueron profesores allí.
Habrá visto la dinámica de la evaporación del legado de Abbé Pierre, atomizado luego de que en 2024 surgieron detalles de los muchos abusos que perpetró quien, además de sacerdote y filántropo, era un héroe de la II Guerra Mundial.
Y más ahora que surgió nueva evidencia de los abusos de Abbé Pierre el miércoles 9 de julio, lo que eleva a 45 el número total de sus víctimas. De los doce nuevos casos documentados, siete eran menores entonces, como reportó el jueves Brut, un medio francés.
Ya en enero se supo que las víctimas de Abbé Pierre no eran sólo mujeres, pues se reportó entonces del abuso de al menos un varón menor de edad. Egae, una ONG francesa que aborda el abuso en distintos contextos y Emmaüs, la entidad creada por Abbé Pierre, publicaron lo que se creía entonces que iba a ser “una tercera y final colección de testimonios”. Un resumen en español del reporte de enero está disponible aquí.
Algo similar podría decirse del conocimiento que Verny debe tener de la situación en Bétharram o de lo que está sucediendo ahora en Saint Dominique o antes en el Stanislas, colegios católicos para las élites parisinas, y en otros colegios católicos de Francia.
Después de todo, como auxiliar en París, Verny desempeñó un papel clave en la negociación de un protocolo firmado por su entonces superior, Michel Christian Alain Aupetit, y la autoridad civil para compartir información sobre posibles casos de abuso sexual.
El protocolo fue más relevante pues, Verny seguramente supo, cuando era un joven sacerdote en la primera década de este siglo, que la colaboración de la Iglesia Católica con las autoridades no podía darse por segura.

Ello es más claro cuando uno recuerda la destemplada defensa que hizo el cardenal colombiano, Darío Castrillón Hoyos, figura clave de la curia de Juan Pablo II, del obispo francés Pierre Pican.
Castrillón Hoyos, favorito de la extrema derecha católica de América Latina, celebró en 2001 el que Pican (abre contenido en francés) haya desafiado abiertamente a las autoridades. De hecho, encubrió al sacerdote depredador René Bissey, de quien se conocen al menos once víctimas (abre contenido en francés).
Pican adujo todos los pretextos comunes, para solaz de Castrillón. El cardenal colombiano le felicitó en papel membretado de la Congregación para el Clero que él presidía, con copia a Juan Pablo II, como reveló un medio chileno en 2010.
El entonces papa, por cierto, jamás reconoció haberse equivocado en ese o, para propósitos prácticos, en ningún otro asunto. Federico Lombardi, vocero del Vaticano, penosamente confirmó el envió de la carta en 2010 (abre contenido en inglés).
A pesar de la disposición para firmar el protocolo con las autoridades francesas, la educación de Verny incluyó atestiguar en primera fila la caída prometeica, digna de una tragedia, de su superior, el arzobispo Aupetit. El entonces líder de la Iglesia Católica en París había alcanzado la cumbre del episcopado y estaba a punto de convertirse, como suele ser en esa ciudad, en cardenal. Lejos de darle el solideo escarlata, Jorge Mario Bergoglio forzó a Aupetit a renunciar en diciembre de 2021, tras un escándalo que duró semanas.
La tragedia se desplegó luego de que medios franceses informaran que Aupetit acosó a una empleada de la arquidiócesis y no logró acreditar el uso de fondos de su diócesis. Medios franceses publicaron fotos del arzobispo tratando de cortejar a la empleada diocesana en calles de París. Las imágenes hicieron ignominiosa la renuncia de Aupetit, lo que evidencia los desafíos prácticos que enfrentará Verny.

En octubre de 2021, dos meses antes de la caída de su superior, cuando Aupetit y la Iglesia Católica en general eran el hazmerreír de los medios, Verny, como auxiliar de París, reconoció las dificultades que viven los sobrevivientes de abuso al acudir al estreno de “Pardon?” en el Teatro Theo de la capital francesa. Es una obra de teatro de Laurent Martinez, quien narra su experiencia como sobreviviente de abuso a manos de un clérigo.
Además, a diferencia de otros obispos, que desdeñan pedidos de los medios para hablar sobre el tema, Verny dejó un rastro digital de su voluntad de responder. Sus intervenciones lo muestran consciente del alcance y escala de la crisis en Francia.
Marcado contraste
No vivir en Roma, tener una agenda activa fuera de esa capital, podría ser positivo. Podría obligar a Verny a ser realista, a no convertirse en el clérigo que Francisco criticó en distintos mensajes a la Curia Romana como “trepador”, obsesionado con su carrera, incluido el último mensaje, en diciembre de 2024.
Sin embargo, Chambéry carece de las estructuras de apoyo de arquidiócesis más pobladas. Con cuatro millones de fieles, Ciudad de México, tiene un cardenal y arzobispo asistido por seis auxiliares. Boston, con dos millones de fieles, tiene un arzobispo y cinco auxiliares. Verny es el único obispo para 400 mil católicos.
Esta realidad numérica evidencia la tarea que le espera: Verny no sólo debe dirigir el equivalente a un dicasterio vaticano responsable de una crisis global. Debe gestionar una diócesis local con un personal de apoyo enormemente desproporcionado para la magnitud de sus nuevas responsabilidades globales.

Y hay que tener en cuenta que, como jefe previo de Tutela, el cardenal Seán O'Malley era un viajero frecuente. Siempre tenía que ofrecer una plática a tal o cual conferencia de obispos o visitar alguna de las diócesis devastadas por la crisis de abusos sexuales del clero.
En ese sentido, por muy positivo que sea su nombramiento y por muy buena que sea la idea de mantenerlo en Chambéry, es inevitable preguntarse cuánto tiempo y esfuerzo dedicará Verny a Tutela si es el único obispo allí, sobre todo después de haber asegurado a sus fieles (texto en francés) en la vertiente francesa de los Alpes que seguirá siendo su obispo.
La otra cuestión es que no es cardenal. Aunque formalmente no debe serlo, al abordar el tema de los abusos sexuales del clero se enfrentará a obispos que no están dispuestos a acatar las normas establecidas por el papa Francisco ni la postura de Robert Prevost sobre el tema mientras era obispo de Chiclayo, Perú.
Resistencia de alto nivel
Ser cardenal será necesario, por ejemplo, si Verny tiene que lidiar con cardenales problemáticos. Entre ellos se incluyen depredadores activos como Theodore McCarrick (antes de su destitución) o cardenales que encubren a clérigos depredadores, como Bernard Law en Boston.
Hacer valer su autoridad sería necesario si Verny se viera obligado a tratar con alguien como Aupetit, su antiguo superior y emérito de París. Y cardenales como McCarrick y Law no son personajes del pasado lejano. Hay preguntas pendientes sobre Juan Luis Cipriani.
Sigue sin estar claro qué ocurrirá con Cipriani, el cardenal y emérito de Lima, Perú, y miembro del Opus Dei, quien, notablemente, desdeñó y retó al papa Francisco, quien le impuso en privado algo parecido a un castigo.
Esta resistencia de alto nivel obliga a preguntarse cuánta autoridad podría ejercer el arzobispo Verny sobre un cardenal rebelde, lo que podría requerir la intervención directa de León XIV o la participación de otros funcionarios de la Curia, como el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Víctor Manuel Fernández.
Otro tipo de resistencia que Verny enfrentará debe resultarle conocida. Como auxiliar de París a cargo de los abusos, tuvo un lugar privilegiado en los entresijos de la decisión de los obispos de Francia de contratar a Jean-Marc Sauvé, la eminencia gris de los estudios de políticas públicas en el mundo francófono.
La comisión Sauvé, de hecho, avanzó propuestas que ampliaban el alcance exhaustivo presente en el innovador John Jay Report de 2002-4 en Estados Unidos, lo que dio al reporte francés rigor intelectual.
Verny ha aprendido a golpes a defender el Reporte Sauvé luego de que la extrema derecha francesa trató de desacreditar el trabajo de Sauvé (texto en francés), y el interés de los obispos en tenerlo como investigador principal.
La crítica de la extrema derecha francesa al Reporte Sauvé siguió patrones viejos y débiles, así como acusaciones sin sustento. Así fue el “contra reporte” de la Academia Católica de Francia, que reprochó a Sauvé que calificara el abuso de “sistémico” y, según una costumbre de distintos grupos en la Iglesia Católica, jugó a ser víctima, mártir, de “prejuicios ideológicos”, como describe este texto de 2021, en francés.
Tan pronto como aparecen documentos como el Reporte Sauvé, un ala de la Iglesia Católica los descalifica. Ansían ser víctimas “del mundo” o la “desviación” ideológica de otros, como prueba este texto en francés de 2021 de Omnes, un sitio web que se dice católico.
El Reporte Sauvé, disponible aquí en inglés y francés, fue una suerte de experiencia colectiva de maduración para Francia y quizás para Verny. La Croix, el diario católico, pidió un estudio sobre el efecto del Reporte Sauvé en Francia. IFOP, uno de los mayores encuestadores en ese país, publicó los datos, disponibles aquí en francés.

De las preguntas disponibles, es útil considerar una que ofrecía siete posibles sentimientos para describir la reacción al Reporte Sauvé. Los sentimientos van del enojo a la pérdida de la fe y la encuesta muestra la división, en 2021, de la feligresía, como prueba la tabla previa a este párrafo, tomada de esa encuesta.
En esa lógica, uno espera también que Verny esté al tanto del decepcionante informe encargado por los obispos de España. Elaborado por un numerario del Opus Dei, ese estudio ofreció hallazgos deficientes desestimados por las cifras y conclusiones aún más deficientes de los propios obispos de España, según el patrón de las críticas de la derecha católica de Francia al Reporte Sauvé, como narra la sección titulada Credibilidad del texto enlazado después de este párrafo.
Tanto la extrema derecha católica francesa, como los obispos españoles, parecen más preocupados por culpar a otros de perpetrar crímenes similares que con aceptar su propia responsabilidad en ese tema. La comedida respuesta en 53 páginas del equipo detrás del Reporte Sauvé, en francés, a las críticas de la Academia Católica está disponible aquí.
Y lo mismo podría decirse de la exasperación causada por la renuencia de los vecinos de Verny al norte de Chambéry, la Iglesia Católica en Suiza a abrir sus archivos a un estudio académico sobre el abuso, o del silencio sepulcral de los obispos italianos cuando alguien habla de una versión italiana del Reporte Sauvé.
La vida en los Alpes, donde las diócesis comparten idiomas y cultura, subraya la necesidad de que Verny sea consciente de la resistencia a la transparencia y la rendición de cuentas en otros países, clave de lo que se espera de él en Tutela.
Un llamado al cambio en Francia
Sería difícil creer que el arzobispo Verny o, para tal fin, cualquier otro obispo francés, pudiera haber permanecido aislado de la embarazosa situación que protagonizó, de manera bastante cínica el primer ministro François Bayrou en la Asamblea Nacional francesa.
Distintos testimonios ante una comisión de la Asamblea Nacional acusaron a Bayrou, ministro de Educación en los noventa, de mentir al negar conocimiento de los abusos generalizados ocurridos bajo su gestión como ministro en instituciones como Bétharram, el colegio católico ahora sinónimo de abuso sistémico.
Lo hizo mientras un expolicía, un exjuez local y una exprofesora de Bétharram ofrecían dolorosos detalles a la misma comisión del Congreso sobre cómo y cuándo hablaron con Bayrou en diferentes momentos sobre la magnitud de la violencia y los abusos que ocurrían en Bétharram.
Dado su cargo en el episcopado francés y su nuevo puesto, es de esperar que Verny esté al tanto de las principales conclusiones de esa comisión parlamentaria, cuyo informe se publicó el 2 de julio de 2025 (disponible aquí en francés), días antes del anuncio de León XIV.
El informe insta a urgentes reformas en la legislación y las instituciones francesas, que sin duda influirán en otros países. Entre las más notables se encuentran:
Un cambio drástico en el plazo de prescripción, ampliándolo para permitir procesos judiciales sin importar cuando ocurrieron los abusos. Esto resolvería la impunidad legal que ha permitido que crímenes en lugares como Bétharram permanezcan impunes, que oscila del «mucho ruido y pocas nueces» legal a una continua «erosión» moral e institucional de la credibilidad de la Iglesia Católica.
Inspecciones más regulares y sin previo aviso en todos los centros educativos, en particular en los internados (por ejemplo, anualmente en primaria, cada tres años en secundaria y bachillerato), para prevenir el tipo de violencia común en Bétharram y otros centros educativos, católicos o no.

La creación de un organismo independiente de denuncia (ahora llamado «Signal Éduc») para gestionar las denuncias de abusos y establecer sólidas protecciones para los denunciantes en las instituciones educativas.
Un fondo nacional de compensación para las víctimas, que reconozca la responsabilidad del Estado por la insuficiencia de los controles.
Se pide establecer límites al secreto profesional en casos de abuso de menores de 15 años, incluso en el contexto de la confesión religiosa. Esta propuesta impacta directamente la postura de la Iglesia sobre la inviolabilidad del secreto confesional, un tema recurrente en el mundo angloparlante.
Actualmente, la Iglesia Católica no cede ni un ápice en estos casos, aunque esta postura perjudique aún más su credibilidad para gestionar el asunto por sí sola, y sus posibles implicaciones no se limitan a Francia ni a la Unión Europea.
Además, el caso de Saint Dominique, con su mayor probabilidad de judicializarse, junto con las presiones legislativas y las constantes peticiones de reforma judicial tras casos de gran repercusión como el de Giselle Pelicot, subrayan los desafíos legales inmediatos y complejos que enfrenta Verny.
¿Hasta dónde llegará?
Si no fueran suficientes estos problemas provenientes de Francia y sus vecinos europeos, también se espera que Verny sea consciente de la apremiante necesidad de abordar el papel del clero y las órdenes y otras organizaciones religiosas católicas francesas en los abusos sexuales fuera de Francia, como señala el texto de Camille Río que aparece después de este párrafo.
A pesar de la buena respuesta de los obispos franceses a las víctimas francesas de abusos sexuales por parte del clero, aún hay margen de mejora. La más obvia, dada la situación actual en Bétharram, es que la orden religiosa responsable de ese colegio gestiona otros similares en América Latina y sus sacerdotes dividen su tiempo entre Francia y otros países.
Pero Bétharram no es el único caso. El mismo Camille Rio publicó en Los Ángeles Press otro texto, en diciembre de 2024, sobre las Misiones Extranjeras, una organización religiosa nacida en Francia, parecida a una orden, activa en África y Asia, pero con una sólida presencia en la arquidiócesis francesa de Estrasburgo.
Ahí, cerca de la frontera con Alemania, Gilles Lucien Paul Reithinger renunció como obispo auxiliar a los 51 años. Lo hizo en medio de un escándalo que afectó a esa diócesis y a la de La Rochelle, donde el obispo Georges Colomb también es miembro de Misiones Extranjeras.
La orden reconoció la necesidad de investigar su propia conducta, pero como suele ocurrir cuando las órdenes o diócesis se investigan a sí mismas, el resultado fue decepcionante, como prueba el texto de Camille Rio enlazado después de este párrafo.
Y no se trata sólo de esa especie de “orden”. En Colombia, México, Canadá, Estados Unidos y muchos otros países existen órdenes similares con problemas semejantes de abuso sexual por parte del clero en sus “territorios de misión”.
Por ello, es inevitable preguntarse hasta dónde estará dispuesto o podrá llegar Verny al tratar con estas órdenes religiosas. ¿Las presionará para que realicen al menos “estudios” similares a los de las Misiones Extranjeras?
El asunto es más relevante porque, aunque todas las críticas hechas por Rio son válidas y útiles, el reporte de las Misiones Extranjeras reconoció la “nueva” tendencia de la crisis de abuso sexual: hay más mujeres que varones víctimas, como prueba el texto enlazado después de este párrafo.
Legado y lealtad
Menos de 36 horas antes del nombramiento de Verny, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández acaparó titulares en los medios católicos tras declarar lo obvio: Fiducia Supplicans, el documento aprobado por el papa Francisco el 18 de diciembre de 2023 sobre la atención pastoral de las llamadas parejas “irregulares”, heterosexuales o del mismo sexo, sigue vigente.
La declaración era, de algún modo, necesaria, pues el campo católico conservador, sus medios tradicionales y redes sociales, busca que León XIV sea el Bruto que apuñale a Francisco y traicione su legado.
La declaración de Fernández es relevante porque otro aspecto de Verny como obispo es que el nuevo responsable de Tutela se alinea con Francisco en temas de moral sexual, a diferencia de quienes llegan a insinuar herejía en Fiducia, el documento de Francisco y Fernández.
Una prueba de esa sintonía sobre textos como Fiducia y uno previo, Amoris Laetitia, de 2016, es que Verny nombró a una pareja de católicos divorciados y ahora unidos por la vía civil, para un cargo.
Verny nombró a Elisabeth y Rémy Picq responsables de la atención pastoral de familias en circunstancias similares a la suya en Chambéry. En marzo de 2025, un mes antes de la muerte de Francisco, los Picq y la universidad jesuita francesa, Facultés Loyola París, anunciaron un seminario que irá de noviembre de 2025 a marzo de 2026, sobre los desafíos que plantean y la manera de atender las necesidades pastorales de familias, como los Picq.
Un resumen de ocho páginas con el contenido del seminario, los ponentes y algunas de las lecturas principales está disponible en formato PDF en francés aquí.
En este sentido, cabría esperar que con Verny en Tutela Minorum, la Iglesia Católica no recurra a una de sus explicaciones favoritas pero sin fundamento de la crisis de abusos sexuales del clero: son los gays infiltrados en la Iglesia.
Un problema clave es que desde la designación de Verny, cuentas de redes sociales en español, inglés y francés presentan a los Picq y los nombramientos de Verny y de León XIV del propio Verny, como una traición a la doctrina católica.
Son cuentas vinculadas a los sitios católicos más tradicionalistas, que promueven abundantes teorías de conspiración, ligadas a gloriatv.net, un sitio que publica mensajes en distintos idiomas, que repiten una y otra vez la misma mentira. La imagen después de este párrafo es una captura de pantalla del primer párrafo de los mensajes en italiano, francés, alemán y ruso.

La imagen luego de este otro párrafo es la versión en inglés del mismo mensaje.

La imagen después de este otro párrafo viene de un mensaje en español publicado en Facebook. El mensaje es el mismo. Lo único que cambia es el idioma usado para atacar a los Picq, a Verny, a los jesuitas de Loyola París y poner en duda el pontificado de León XIV.

Pesadillas parisinas
Por esas razones, cabría esperar que Verny sea consciente de lo peligroso que es para la Iglesia Católica regresar al estribillo de culpar a los gays de todos los males. Como seminarista en los noventa, cuando Tony Anatrella controlaba a la Iglesia Católica francesa, es posible que sepa cuántas víctimas dejó al ofrecer a muy crédulos obispos “curar” la atracción entre personas del mismo sexo.
Quizás leyó los debates entre teólogos, como el sacerdote dominico francés Phillippe Lefebvre profesor de la Universidad de Friburgo, Suiza (abre contenido en francés).
A Lefebvre, quien alertaba de los errores de Anatrella desde 2005 y lo declaró a Le Point en 2018 (en francés), lo citó así el National Catholic Reporter en 2021 al informar, en inglés, del “castigo” impuesto por Roma a Anatrella.
La crítica de Lefebvre va más allá de la teología errónea de Anatrella o el abuso que perpetraba contra seminaristas forzados a seguir una “terapia de conversión”. Cuando Lefebvre describe la relación de Anatrella con la jerarquía francesa en los noventa y la primera década de este siglo, habla de una “omertá organizada”.

Dicha omertá permitió lo que los obispos franceses decían desconocer: la cura de Anatrella consistía en abusar sexualmente de seminaristas enviados a él por sus obispos. Fue una pesadilla mediática, con varias víctimas que denunciaron, lo que tumbó a Anatrella de su pedestal como gurú del catolicismo global.
El apoyo de los obispos franceses a Anatrella, su incesante elogio de su conocimiento y métodos, lo convirtieron en una figura global, con libros en francés, español e inglés en librerías católicas desde Montreal a Buenos Aires.
Una pesadilla al menos tan perjudicial para la credibilidad de la Iglesia Católica francesa como el escándalo que obligó a Luigi Ventura, el antiguo nuncio en Francia, a dimitir del cargo y a recibir una sentencia civil en los tribunales franceses.
Con Verny ya como obispo auxiliar en París, sede de la nunciatura vaticana en el elegante octavo distrito, un varón francés, empleado del municipio de París, acusó a Ventura de agresión sexual.
Las infinitas complejidades del abuso sexual
A pesar de su condición de diplomático, el papa Francisco obligó a Ventura a asumir las consecuencias. La sentencia fue bastante leve, ocho meses de libertad condicional, suspendida de inmediato por la autoridad, pero marcó el fin de una era, pues otros funcionarios del Vaticano acusados de delitos similares deberán afrontar las consecuencias de su comportamiento.
Ventura no fue el primer nuncio acusado de abuso sexual. Antes que él, estuvo el diplomático vaticano de origen polaco Józef Wesołowski, quien enfrentó cargos similares en la República Dominicana en 2013, aunque sus víctimas eran varones menores de edad.

Sin embargo, cuando el caso Wesołowski se conoció, Roma lo destituyó de inmediato. Menos de un año después, Francisco lo había laicizado y murió mientras esperaba en una cárcel vaticana un juicio que nunca se celebró.
A diferencia de Wesołowski, quien casi aceptó en silencio su culpa, Ventura hizo todo lo posible por fingir ser víctima de una incriminación, una especie de conspiración. Su intento de demostrar su inocencia fracasó y forzó a Francisco a sentar un precedente: levantar la inmunidad diplomática de los nuncios, pues al final del escándalo las víctimas ya eran cinco, con incidentes en 2018 y 2019.
Ventura fue uno de los 30 obispos considerados en el artículo enlazado antes de este párrafo. Además de la condena condicional de ocho meses, Ventura se vio obligado a pagar poco más de 22 mil euros en honorarios legales e indemnización a las víctimas de su comportamiento.
Ya obispo, aún en París, Verny atestiguó la caída de otro alto clérigo en 2020. El 6 de marzo, Roma aceptó la renuncia del cardenal Phillippe Barbarin, arzobispo de Lyon luego de un dilatado escándalo y un proceso del que salió libre gracias a que el caso del depredador Bernard Preynat había prescrito. Como hizo luego Aupetit en París, Barbarin buscó convencer al papa de quedarse pero, al evaluar el alcance del daño, Francisco forzó la renuncia.
Por lo tanto, ya debería ser claro que Verny recibió una formación intensiva en su país natal sobre las diversas variedades de abuso sexual del clero. El uso que le dará a ese conocimiento aún es una incógnita.
Responsabilidades compartidas
La solución no depende exclusivamente de Verny. Si conferencias episcopales como las de México o Brasil siguen reacias a cumplir ni siquiera con los mínimos exigidos por Roma, como lo han hecho hasta ahora, es evidente que la culpa no fue sólo de Francisco ni del cardenal O'Malley ni lo será de León XIV y Verny.
Parte de la responsabilidad recae, sin duda, en el ya fallecido papa Francisco y en su amigo franciscano de Boston, quien estuvo dispuesto a confrontarlo con la necesidad de cambiar de tono tras el desastroso viaje a Chile en 2018.
Pero otra parte es de obispos de lugares como Ciudad Juárez, México, Galápagos, Ecuador o Coari, Brasil, quienes apuestan a resolver el problema manipulando a los sobrevivientes y sus familias en cortes eclesiásticas y civiles. También hay responsabilidad de obispos como De Kerimel en Tolosa, que apuestan a la amnesia de los sobrevivientes al reciclar a sacerdotes como Spina.
Juntos, Francisco y O'Malley desafiaron al Sodalicio, y aunque aún existen dudas sobre si se permitirá que la “orden” peruana permanezca, con otro nombre, como asociación diocesana de fieles en lugares como Denver o Filadelfia, la decisión de Francisco respecto a esta organización depredadora parece mantenerse.
Uno de los aspectos más graves de la crisis de abusos sexuales del clero, como lo demuestra lo sucedido con François Bayrou en Francia, es cómo erosiona la confianza en instituciones como la Iglesia Católica, la educación en general, pero también en los sistemas de justicia de los países afectados por esta lacra.
Incluso el país que, al menos hasta la presidencia de Joe Biden, había ofrecido medidas de justicia concretas a los sobrevivientes, Estados Unidos, sufre los efectos la crisis. Basta seguir el caso de Jeffrey Epstein para darse cuenta.
A pesar de la decepcionante “solución” de Trump al caso Epstein, en el sexto mes de su presidencia, el movimiento Make America Great Again sigue atacando a los obispos de Estados Unidos que apoyan a migrantes, acusándolos de tráfico de menores. Los ataques comenzaron horas antes de que Trump tomara posesión, como probó el texto enlazado antes de este párrafo y siguen presentes en las redes sociales de extrema derecha en inglés y español.
La erosión de la confianza afecta trágicamente incluso a prelados que abordan la crisis de abusos, como Mark Seitz de El Paso, quien, a pesar de sus esfuerzos, enfrenta acusaciones infundadas de tráfico de menores por fanáticos de MAGA.
La pregunta ahora es qué tanto cuidado pondrá León XIV y Verny en que haya consecuencias para quienes incumplan con sus peticiones o instrucciones, de modo que lo hecho por la Iglesia Católica sea una política real y aplicable, y no el actual parloteo canónico que es hoy la gestión de la crisis de abusos sexuales.
En otras palabras, deben decidir ¿pondrán vino nuevo en odres viejos?
Una versión previa de este texto tenía Spinna en lugar de Spina.